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Niñez Abandonada

La lucha por la protección de la infancia está coja. Es un programa que no tiene principio ni fin, no sabe para donde tomar, ni como buscar a los culpables.

El resultado final del abandono de la niñez, es la prostitución y la delincuencia. Entonces, buscar en los bares a ver si hay menores, trabajando o divirtiéndose, no pasa de ser parte de los titulares de prensa.

Puede ser una buena intención, pero con inicios y resultados a medias. No va solucionar el problema. Los adolescentes desamparados seguirán con el cuchillo en la mano atracando, y las chicas, vendiéndose al mejor postor.

La acción judicial es necesaria, pero sola no va a ningún lado. Cuando se va a sacar menores de una discoteca, se tendría que pensar en el abandono en que vive la niñez dominicana, en las miserias que la hieren, en la división social que se eterniza. Hay que tener a mano la gran cantidad de niñas embarazadas que acuden a la maternidad Nuestra Señora de la Altagracia.

Hay que ir a la raíz del problema. Hay que tratar de prevenir desde el nacimiento del niño. Hay que ir donde las madres solteras y los niños abandonados.

El grave problema de muchas instituciones dominicanas es que les gusta verse en los titulares de los medios informativos, pero no trabajar donde nace el problema, para encontrarle soluciones.

Si se toman medidas que podrían ser correctivas, pero que se quedan a medio camino, entonces no se estará dando un paso de avance. Se cerrará un bar, y se abrirá otro. Las muchachas irán a trabajar a otro lugar, o se venderán en las esquinas.

La exclusión social tiene que ser eliminada, esa marginalidad que oprime, y que es una verduga de la sociedad dominicana. El futuro es incierto, si se piensa en la gran cantidad de niños de la calle, embarazadas de quince años y madres abandonadas o solteras que hay en este país.

Si una mujer quiere ser madre soltera por principios políticos o ideológicos, tiene su derecho a serlo, pero se constituye en un grave problema social cuando la mujer pobre no tiene compañero para poder criar a sus hijos.

Esa pobre mujer es la trabajadora doméstica de las clases pudientes, por ente ella deja solos a sus hijos, abandonados a todos los peligros, para ser responsable del cuido del que le paga.Solo una acción de Estado puede tratar de evitar que se siga extendiendo la miseria extrema, que conduzca a que las niñas sean fáciles presas de la prostitución, o que la punta de lanza del crimen sean los menores.

Acciones que podrían ser buenas, pero que no van a la raíz del problema, solo alimentarán los titulares de la sección policial de la prensa diaria.

Por Manuel Hernández Villeta

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