sábado, diciembre 3, 2022
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El papel del Estado, el comercio y la sociedad en tiempos de crisis

Julio Gutiérrez

El mundo nunca será igual después del Coronavirus (COVID-19). Después que rebasemos los efectos desastrosos de esa pandemia, las palabras claves serán: agilidad, en lugar de velocidad; solidaridad social, en vez de populismo. Los planes serán más específicos, donde los objetivos, metas y políticas, se apoyarán en planteamientos consensuados por los diferentes sectores de la vida nacional. No puede ser posible que el Estado, el comercio y la sociedad, experimenten las tribulaciones, como las que el país ha tenido que enfrentar y enfrentará en lo que falta del resto de este año y en los próximos 12 meses del 2021 sin una convención de los planes inmediatos que requiere la Nación.

Entendemos que la crisis de salud y sanitaria generada por el Coronavirus, no es una situación exclusiva de la República Dominicana, ya que al convertirse en pandemia, sus efectos repercuten a nivel mundial. También, consideramos que las medidas tomadas de aislamiento social, las cuarentenas y los toques de queda, repercuten negativamente en la economía internacional y por supuesto en nuestro país.

El paisaje desolado de las grandes ciudades, como Nueva York, Los Ángeles, Madrid, Paris, y otras, es una prueba fiel de que las pérdidas materiales originadas no podrán ser resarcidas en meses. La parálisis del comercio, en grandes tiendas y pequeños negocios, marcan un antes y después del COVID-19. Ese panorama lo estamos viviendo en nuestro país; quizás, no con la misma intensidad que el resto del mundo; pero, si más desbastador, debido a la composición de nuestra plataforma de unidades de negocios, constituidas en gran parte por micros y pequeñas empresas. Esto significa que muchas mipymes tendrán que subsistir, por un tiempo considerable, con un “respiradero artificial”, llamado financiamiento.

En nuestro país, el Estado tendrá la responsabilidad de ajustarse a los principios presupuestarios para la elaboración del Presupuesto Nacional; donde el principio de “discusión”, deberá recopilar las exigencias de todos los sectores que participan en las actividades productivas. De este modo, la tendencia de aprobar un presupuesto con una diferencia abismal entre los Gastos Corrientes (más de un 80 % del total de Gastos) y los Gastos de Capital (con menos de un 20 % de lo presupuestado). Con una recomposición porcentual del Gasto Público, la calidad del mismo, mejorará.

Debido a las disposiciones gubernamentales, la cuarentena estableció el cierre provisional de aquellas empresas y negocios que no expenden productos y servicios de primera necesidad, de acuerdo a la situación creada por el Coronavirus. En este sentido, el comercio que ha permanecido ofertando bienes a la población, subrepticiamente y de soslayo, han acaparado y especulado a la vez, con las existencias y los precios. Todo esto se produce con la tímida participación de los organismos gubernamentales, reguladores de la calidad y los precios de las mercancías. Como consecuencia de la actitud muchos comerciantes (grandes, medianos y hasta pequeños) han “hecho su agosto”, desde que se iniciaron las medidas restrictivas. Si hay acaparamiento y especulación? esa sensación se puede determinar, comprobando los precios de los productos básicos al primero de marzo del presente año y los ofertados en la actualidad.

Los estilos de vida, antes y después del COVID-19, sufrirán grandes cambios en las pautas de comportamiento de la población a nivel mundial y desde luego la dominicana. Deberá pasar largo tiempo para “nivelar la curva” de nuestras costumbres, de pueblo caribeño, expresiones físicas y corpóreas, qué son las manera de ser de nuestro pueblo. A esa manera de ser, es que se ha hecho difícil que la gente use mascarilla y guantes para protegerse contra el contagio. Como se ha hecho difícil, la recomendación de mantener una cierta distancia entre una persona y otra, después de vivir todo el tiempo con tanto contacto físico.

En tiempos de crisis, la sociedad debe asumir el rol de fiscalizador y contralor de las gestiones gubernamentales y las actividades comerciales, de manera que se eviten las indelicadezas y los excesos en las demandas populares. Para aquellos con pretensiones de darle valor agregado a sus actividades, es bueno recordarle que la innovación deberá ser una palabra de aliento y puesta en marcha, de solidaridad, no de especulación. Es a la sociedad que le corresponde vigilar que los más de los 700 mil empleados suspendidos se reincorporen sin traumas socio-económicos.

Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense

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