Los especuladores son oportunistas que aprovechan situaciones adversas en una comunidad, país o región, sin importar las causas que originaron las incongruencias entre las variables de oferta y demanda.
En la República Dominicana, los consumidores hemos experimentado las embestidas de personas y grupos que, aprovechándose de los efectos de la pandemia del COVID-19, se dedicaron a la acumulación de bienes, con el propósito de manipular la comercialización de productos a su conveniencia.
El efecto de la inflación repercute en el nivel general de precios, generando una disminución del poder adquisitivo del peso dominicano. Cuando el nivel general de precios aumenta, el consumidor está obligado a adquirir menos bienes y servicios. Según la causa de la inflación, este fenómeno económico, a veces, no se distribuye uniformemente en la economía, cuando la misma es auto construida, ya que, por motivo de la pandemia, se preveía el acaparamiento de los productos para consumo humano.
Para que el brote de la inflación se derrame por todo el espectro de la economía de un país, debe estar manipulada por una red de especuladores. Estos agentes nocivos de las curvas de oferta y demanda, nunca reconocerán sus artimañas, buscarán las causas en el desabastecimiento, problemas en el transporte o factores exógenos, como el aumento del precio del petróleo, el desencaje de la paridad de la divisa, etc., etc. Pero nunca se mostrarán como los culpables del entorno inflacionista, generado por el aumento escalonado de los precios.
Durante el periodo de pandemia, los especuladores han sabido muy bien preparar el entramado, puesto que, el aumento de los precios de bienes y servicios, no ha tenido una tendencia estacional, ya que los efectos inflacionarios se han manifestado por espacio de casi dos años. En algunos casos, el aumento de los precios se efectúa soslayadamente, en otros, los especuladores, imponen los aumentos sin descaro.
Ante esta situación, las autoridades gubernamentales, responsables de mantener la estabilidad de los precios, argumentan que no existe desabastecimiento, puesto que, los renglones agrícolas se han mantenido en una producción constante; los importadores consideran que el flujo de mercancía ha sido normal; el Banco Central de la República Dominicana, considera que el peso dominicano, mantiene su apreciación con respecto a las demás divisas internacionales, por lo que, no hay motivos para que el índice general de precios sufra cambios impactantes.
Avalando los pronunciamientos de las autoridades dominicanas con respecto a los vestigios inflacionarios y la ola especulativa actual, los comerciantes, organizados en una entidad denominada Grupo Detallistas Unidos de la República Dominicana (GDURD), denunció que, “ese sector padece los efectos de una profunda crisis de desabastecimiento de productos industrializados e importados, que en medio de la pandemia del COVID 19 ha generado ganancias superiores a los 50 mil millones a favor de especuladores”.
Esa cantidad de dinero que alegan los comerciantes, obtenido por los especuladores, es calculado en los primeros diez meses del presente año, motivado por las artimañas de controlar los pedidos, para provocar y justificar el aumento de los precios de los comestibles, artículos de limpieza, materiales de construcción, transporte y acarreo. Ante esta situación, les corresponde a las autoridades desplegar esfuerzos para frenar la ola especulativa de personas y grupos con poder adquisitivo, cuyo objetivo es transferir los efectos inflacionarios a los sectores más vulnerables de la sociedad.
Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense



