SANTO DOMINGO, RD.- Un auditor, sea este, interno o externo, tiene métodos y procedimientos que debe aplicar según las circunstancias. Ante una simple evaluación, se podría interpretar que, en el fondo, ambas funciones persiguen lo mismo: detectar debilidades en los controles internos. Pero, si se analiza con detenimiento el alcance de su revisión, cada quien debe circunscribirse en sus responsabilidades. Mientras el auditor interno procura la mejora del desempeño de los colaboradores de una entidad y el aseguramiento correcto de las actividades realizadas. En cambio, el auditor externo debe realizar un examen critico de las transacciones y los resultados obtenidos por una institución, durante un periodo determinado.
- El auditor interno al elaborar sus informes periódicos, debe reflejar que, las actividades realizadas por la entidad, se ajustan a disposiciones legales, estatutarias, reglamentarias y normativas. Por su parte, el auditor externo, al expresar y dar a conocer los resultados de su gestión, debe hacerlo mediante la figura procedimental del dictamen. En ese documento, fundamenta su opinión, dando relevancia a las salvedades.
Con frecuencia se quiere enjuiciar al auditor como una persona apática, que todo el tiempo está detrás de los errores de los demás. Esa concepción no se ajusta a la personalidad del auditor, ya que, el auditor debe estar acompañado, tanto en su gestión como en su vida particular, de valores tales como: profesionalidad, alto nivel académico, integridad, independencia, imparcialidad, confidencialidad.
El auditor no es un ejecutor de las decisiones administrativas de cualquier institución; tampoco, puede ser juez o fiscal para penalizar a los infractores de las leyes. Los resultados de su investigación, se definen con dos frases: “con salvedades” o “sin salvedades”. Esto significa que, los datos obtenidos de su fiscalización, en base a los hallazgos comprometedores o no, deben ser tomados en consideración para su ejecución, de parte de los auditados.
A pesar de que existen textos, talleres, seminarios, conferencias, materias desplegadas en el Pensum de una carrera de Contabilidad y Auditoría, un auditor no se forma desde el punto de vista teórico, es imprescindible dos cualidades: poseer la mente acuciosa del investigador y tener un enfoque basado en evidencias.
Para ejercer la profesión de auditor se exige tener una base metodológica, apoyada en la adquisición de altos niveles de conocimiento, poseer una licenciatura, haber realizado estudios complementarios y contar con los valores antes indicados. No basta con pretender ocupar un cargo donde el producto principal, es la elaboración de informes de auditoría. Sin tener en cuenta que, para lograr un dictamen, se necesita pensar como un auditor, diseñar un programa, planificar la recolección de datos, examinar documentos vinculados con la experticia, detectar los hallazgos y procesarlos para determinar su veracidad.
Recordar que, un informe de auditoría, para su elaboración, debe cumplir con las fases de evaluación, ejecución, discusión del borrador (con el auditado) para determinar las salvedades y, luego se procede a la fase del dictamen con o sin salvedades.
Para ejercer la profesión de auditor hay que combinar conocimiento, experiencia, dedicación y estar impregnado de valores éticos y morales. Los improvisados, no rendirán los frutos que se espera de su actuación, por carecer de las cualidades detalladas en este artículo. El auditor no ejecuta. Detecta situaciones anómalas y dictamina responsabilidades a las unidades ejecutoras auditadas y a los organismos responsables de aplicar sanciones, en los casos de infracciones, si las hubiere.
Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense
