viernes, julio 1, 2022
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La Margarita y la gloria

La belicosa reacción de la doctora Margarita Cedeño, ex vicepresidente y aspirante a la nominación presidencial por el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), a propósito de una solicitud de auditoría de gestión (desde 2012 hasta nuestros días) formulada por la actual directora del programa “Supérate”, licenciada Gloria Reyes, ha dejado estupefacto a más de un dominicano.

Por supuesto, no es ésta la primera vez que la prominente líder peledeísta responde a cuestionamientos reales o potenciales sobre su administración en los programas sociales del gobierno (ya lo había hecho a principios de año ante denuncias de “nóminas irregulares” por parte del licenciado José Rijo, según consta en el Listín Diario del 6 de enero), y desde luego es un derecho que nadie le puede ni le debe discutir.

Gloria Reyes,
Gloria Reyes

En realidad, lo que ha sorprendido, ante todo, es que la veterana vicemandataria, cuya precandidatura presidencial se ha estado aireando como representativa de nuevos estilos y valores en la política dominicana, se reinserte en el debate público de manera tan poco feliz y promisoria: en abierto talante de petulancia frente a una joven mujer que trabaja en la misma dirección de reivindicación humana que ella dice defender, y recurriendo al manido argumento de que está en marcha una conspiración gubernamental en su contra.

Y es que, ciertamente, no otra cosa -valga la precisión- puede significar o entrañar el hecho de que la prestante dama del peledeísmo ahora opositor haya respondido en tono presuntuoso y peyorativo (con la pendenciera y desagradable conseja de “águila no caza moscas”) a la antedicha solicitud investigación y, por añadidura y casi al desgaire, acusara al presidente Luis Abinader de patrocinar “una trama desde el Palacio Nacional alegadamente debido a que ya a ella la “han elegido como contrincante” y los “números” le favorecen (Hoy, 6 de abril de 2022) .

(Igualmente pasmoso ha resultado que la antigua funcionaria palaciega, a quien tampoco nadie le puede disputar su capacidad de razonamiento ni su dilatada experiencia en la alta política vernácula, se haya dado por aludida con un sencillo anuncio de escrutinio de una parte de su gestión en el Estado, y lo haya manifestado casi condenando esa posibilidad y sintiéndose ofendida o amenazada por la intención a través de unas declaraciones que proyectan brusquedad, inmodestia, presteza para la jarana palabrera e intolerancia frente a discrepancias de opinión o a iniciativas de esclarecimiento institucional).

Luis Decamps
Luis Decamps

El autor de estas líneas confiesa que no tiene el honor de conocer personalmente ni a la doctora Cedeño ni a la licenciada Reyes, y que por lo tanto su percepción sobre ellas se limita apenas a lo divulgado en los medios convencionales y digitales respecto de sus credenciales y calidades como profesionales y dirigentes políticas, y desde luego a lo patente en sus respectivas vidas públicas, muestrario que siempre tiene la virtud, más allá de las poses y la propaganda, de revelar formas de pensar y accionar cuyas huellas no pueden borrarse.

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La doctora Fernández, y no se hace esta afirmación para denostar sino en abono a la verdad, ha hecho carrera pública como sub consultora jurídica del Poder Ejecutivo (1996-2000), primera dama (2004-2012) y vicepresidenta de la república (2012-2020), es decir, ha desarrollado una longeva labor profesional y social desde y al amparo del poder y teniendo a su disposición los cuantiosos recursos financieros y logísticos del gobierno. Subsecuentemente, es lógico que a ella le sea endosable un cierto nivel de responsabilidad tanto en los aciertos como en los desmanes atribuidos al PLD durante sus veinte años de gestión gubernamental.

La licenciada Reyes, por su parte, es una casi tierna dirigente política de presencia pública reciente que emergió de las entrañas de una de nuestras comunidades más hacendosas, y cuya dedicada y fértil militancia (iniciada en el terreno juvenil y basada en un trabajo social en el que se destacan el talento, la honestidad y la solidaridad sin vinculación con el poder) la condujo en su momento a obtener una diputación por votación popular directa (2016-2020) y, en el último año y medio, a ser seleccionada para el puesto administrativo que actualmente ocupa. Consecuentemente, a ella no puede atribuírsele responsabilidad con nada del pasado y, debido a ello, habrá que evaluarla a la luz de sus ejecutorias de hoy y del porvenir.

El breve paralelismo que precede se presenta con la única intención de destacar que las distinguidas damas en mención, al margen de sus contrastes generacionales y de estilos personales, representan dos formas distintas de militancia política y dos concepciones opuestas del trabajo social: las primeras son las de quienes alcanzan principalía partidista y desarrollan sus trabajos de solidaridad comunitaria desde arriba y sin mucho esfuerzo previo, y las segundas las de quienes se inician desde abajo y avanzan trabajosa y escalonadamente hasta alcanzar determinados pináculos.

(Y que conste: todo el que conoce a quien escribe sabe que si bien sus principales afanes existenciales ha estado centrados en la militancia por el bien común, el cultivo del conocimiento y la actividad docente o formativa -por lo cual ha estado vinculado casi de manera permanente a labores de promoción de la juventud-, no ha sido precisamente un defensor incondicional o acrítico de las nuevas generaciones, pues muchas de las ideas, conductas y proyectos de algunos de sus integrantes más sonoros o descollantes en el arte, la política, la economía o la gestión estatal no son compatibles con su forma de pensar o actuar).

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Partidos políticos y dinero público

La verdad es que no parece fácil entender cómo la aspirante presidencial peledeísta puede afirmar que representa “el nuevo liderazgo político transformador e innovador que demanda la República Dominicana en la actual coyuntura” (El Nacional, 11 de noviembre de 2021) si no es capaz de participar en el debate político con una postura de respeto por sus presentes o eventuales cuestionadores y contradictores, responder con ecuanimidad a una simple solicitud de investigación sobre su ejercicio de funcionaria, y asimilar ésta no como una conspiración en su contra sino como una cuestión rutinaria, normal y de regla en la democracia.

Además, es preocupante y contradictorio que alguien que está prometiendo pulcritud en su proyecto de conducción gubernamental y se define como defensora de la transparencia (“La buena política y la transparencia se ejercen con vocación de servicio para la colectividad”, Listín Diario, 19 de enero de 2022) intente zaherir, denigrar o empequeñecer a una servidora pública cuya imagen y gestión son precisamente cónsonas con esas apuestas y, al mismo tiempo, trate de desacreditar una investigación ordinaria de gerencia atribuyéndole fines politiqueros y usando un lenguaje de proselitismo electoral extemporáneo.

Luce también contraproducente que la doctora Cedeño arremeta de modo tan pugnaz y focal contra una funcionaria de edad juvenil luego haber proclamado su empatía y su compromiso con las nuevas generaciones en fecha bastante reciente afirmando que “su candidatura asume las expectativas y aspiraciones de la juventud dominicana” y que “La juventud no es el futuro, es nuestro presente y junto a ustedes estamos dando pasos firmes hacia el mejor presente que se ha escrito para los jóvenes dominicanos” (El Día, 17 de marzo de 2022).

Y es que la flamante precandidata peledeísta, siendo la licenciada Reyes una congénere suya (e integrante del más nuevo y refrescante liderazgo político criollo) que está demostrando pasión, eficiencia y esmero en su trabajo como funcionaria, en lugar de hacerla objeto de agresiones verbales debería estar estimulándola para que persista en esa senda de plausible servicio público, en el entendido de que esto es lo que se necesita para que el Estado disponga para siempre de una conducción verdaderamente decente, productiva y solidaria.

Es penoso el mensaje: parece que la regia Margarita prefiere deshojarse esgrimiendo espinas y no acercándose a la lozana Gloria.

Por Luis Decamps

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