miércoles, junio 29, 2022
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¿Todo bajo control?

SANTO DOMINGO, RD.- Ya son numerosos los intelectuales que han sido capaces de identificar los males de esta época empero, ninguno, ni siquiera Baumann recientemente fallecido tiene una propuesta de tratamiento creíble. Hemos sido capaces de diagnosticar las enfermedades, pero nadie sabe qué hacer y no existe ningún equipo, prueba ni tratamiento.

  • ¿Que viene después?

Nunca hemos vivido una época como esta. No sabemos donde conduce y esa incertidumbre que sobrevuela la humanidad de hoy enloquece a muchos de los que quedaban sanos mientras paraliza a los otros en la inacción. Ya nadie puede hacer planes de largo plazo ni personales, familiares ni corporativos. Los viejos decidían la profesión que querían para sus hijos. Hoy nadie puede prever ni tampoco prevenir que los hijos hagan o deshagan.

Gente, gobiernos y países enteros han ido acostumbrándose a vivir el presente; ese mismo presente ha ido reduciéndose a vivir el día y este ya se ha contraído al momento, a lo inmediato. Pero el futuro acecha aunque pretenda uno mirar para otro lado; el futuro, cuya noción rehuimos, lo abarca todo.

El futuro no es el próximo gobierno, ni el próximo presidente, ni ministro ni medida ni ley ni decreto. El futuro es Haití, Ucrania, el cambio climático, la inflación y la escasez, la violencia despiadada de adolescentes, las viejas tanto como las nuevas enfermedades. La gente trata de conjurar todas estas incertidumbres con la mas piadosa y absurda salutación: ¿y qué?

  • ¿Todo bajo control? Suelo responder con enojo: No coño. No hay nada bajo control.

Nadie tiene idea de hacia dónde vamos y a veces ni siquiera de hacia donde deberíamos ir y es que, nunca hemos transitado estos caminos.

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Nunca hemos sido expuestos a estos procesos, a estas realidades nuevas y aunque especulamos y aunque muchos quisieran creer que el futuro será una continuación de este presente, al final del día, todos sabemos que este día no tiene final y por eso preferimos creer en que nada va a pasar porque así pesa menos la congoja de no saber que hacer, ni estar preparados.

Que sea lo que Dios quiera. ¿Para que preocuparse? Dicen.

Por Melvin Mañón

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