domingo, enero 29, 2023
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26 muertos y un millón de vivos

Reclaman la renuncia de los congresistas del Perú. En pleno, sin tardanza y sin condiciones. Exigen lo imposible; que se suiciden y naturalmente, los congresistas no tienen el menor deseo ni tampoco intención de hacerlo. Habrá que obligarlos. Y ¿quien podrá acreditarse semejante logro?

Es una situación muy singular. Hay países donde el ejecutivo disuelve el congreso y otros donde el congreso destituye al ejecutivo o donde los militares destituyen a ambos y asumen el control.

En el Perú, los congresistas destituyeron al Presidente constitucional Pedro Castillo luego de haberlo intentado dos veces anteriormente. Sabiéndose perdido en el tercer intento o acaso hastiado, cercado, agotado y abrumado por el acoso incesante, Castillo intentó torpe e infructuosamente disolver el congreso y por eso guarda ahora prisión preventiva pautada a 18 meses por un juez. No así los congresistas. La paradoja es que, los golpistas peruanos logran encarcelar al presidente constitucional y acusarlo y encarcelarlo acusado de intentar cometer el mismo delito en la practica ya cometido por ellos. Así lo habían querido, soñado y acariciado desde el primer día.

Genial.

Pero no tanto.

No contaban con la magnitud, extensión ni vigor de las protestas. Pero ¿que protestan los peruanos? Pedro Castillo no tuvo tiempo, destrezas ni oportunidad de hacer nada por lo que su pueblo pudiera salir ahora a defenderlo.

  • ¿Por qué pues salen a las calles dispuestos a morir por la defensa de un presidente que en términos reales no les dejó nada?

Porque recién ahora se dieron cuenta de que era uno de ellos.

Es asunto de identidad. Los peruanos saben, sin necesidad de doctorados ni especialistas que la elite limeña, la oligarquía, los blanquitos del Perú nunca quisieron a Pedro Castillo y se avergonzaban de que fuera su presidente. Siempre quisieron deshacerse de el. Desde el primer día.

Los peruanos han caído en la cuenta y salen ahora con una factura igualmente paradójica. Durante los 18 meses que fue Presidente los que votaron por él no dieron señales de vida; sus signos vitales estaban adormecidos. Dejaron que Pedro Castillo sucumbiera a las maniobras y manipulaciones del congreso.

El conflicto peruano es, ya lo dije, singular. Los congresistas han de votar su propia disolución.

¿siiiii?

¿De veras?

Las puertas del infierno están abiertas en el Perú.

Por Melvin Mañón

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