martes, febrero 7, 2023
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Alianzas y entuertos

En la República Dominicanas no hay mística de alianzas políticas, más bien lo que florece por aquí son los chanchullos de aposento o de oficinas familiares. La unidad para la acción no llega al sentimiento y las visiones de los dirigentes partidistas.

Sin embargo, a pesar de las trapisondas y la búsqueda de beneficios personales con los amarres, el país necesita una gran alianza donde lo ideal sería que nadie piense en salvarse él y que se hunda el barco, ni en dar golpes bajos. Los problemas económicos y sociales no se solucionan en solitario.

Para cristalizar toda alianza primero hay que ir de buena fe y tener bien claro cuáles son los objetivos que se persiguen. Faltando casi año y medio para las elecciones presidenciales, es cuesta arriba y oportunismo barato hablar de alianzas en estos momentos.

Si se pueden ir dibujando acuerdos para las futuras elecciones a nivel municipal, donde tendrán los partidos políticos que demostrar músculo para luego ir de lleno a las nacionales. Los gobernadores provinciales son designados por decreto, por lo que el único termómetro político municipal son las elecciones para síndicos y regidores.

Ninguna alianza se puede dar bajo la penumbra de una oficina familiar, sus estertores internos tienen que ser dados a conocer a la opinión pública. Sin tener apoyo popular, nadie puede forzar bloques unitarios. Cualquier alianza se puede dar, pero habría que esperar resultados finales, sin caretas ni antifaz..

En el tapete político-partidista dominicano hay dos variantes: modificar la Constitución para que se pueda ganar la presidencia con un 40 o 45 por ciento, y lograr que haya borrón y cuenta nueva en la persecución contra la corrupción. Solo el tiempo dirá hacia dónde va este ventarrón, que es preludio de lo dramático que serán las elecciones.

Por lo pronto, la Constitución de la República no debe ser reformada. No hay condiciones para que se convoque a la Asamblea Nacional revisora. La Constitución hay que fortalecerla, no hacerle nuevamente reformas tiradas a la carrera por conveniencias inmediatas.

Pero tampoco es aceptable cambiar la impunidad por un puñado de votos. La lucha contra la corrupción debe continuar hasta sus últimas consecuencias. Perseguir a los corruptos de ayer, a los de hoy, y dejar una línea bien clara de consecuencias para los de mañana. El pueblo es partidario de las alianzas, pero no de los chanchullos de aposentos u oficinas familiares. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández

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