martes, febrero 7, 2023
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“La Era del vacío”: Lipovetsky y la “segunda revolución individualista”

1. Características generales del texto

La era del vacío (Ensayos sobre el individualismo contemporáneo)” es un texto del pensador francés Gilles Lipovetsky, originalmente publicado en su lengua nativa en 1983, y traducida al español por primera vez en 1986.

El texto está compuesto por seis ensayos, a saber: 1. Seducción continua; 2. La indiferencia pura; 3. Narciso o la estrategia del vacío; 4. Modernismo y posmodernismo; 5. La sociedad humorística; y 6. Violencias salvajes, violencias modernas.

El propio autor sostiene que el único nexo que esos ensayos tienen entre ellos es el de que plantean, “aunque a niveles diferentes, el mismo problema general: la conmoción de la sociedad, de las costumbres, del individuo contemporáneo de la era del consumo masificado, la emergencia de un modo de socialización y de individualización inédito, que rompe con el instituido desde los siglos XVII y XVIII”.

Las reflexiones del autor parten de una interpretación de la realidad francesa de principios de los años ochenta del siglo XX, pero se extienden hacia todo el hemisferio y la sociedad occidentales, poniendo el acento sobre todo en los países de mayor nivel de desarrollo económico.

En muchos sentidos, estas reflexiones intentan graficar las transformaciones que se han operado y avanzan en la cultura, la política, la economía, la psicología y el individuo de la sociedad capitalista de la posmodernidad.

En otras palabras, se trata de un texto que aborda el tema de los cambios radicales que se han estado produciendo en el mundo en lo que tiene que ver con las costumbres y la individualidad en sentido general, unos cambios que implican un modo de socialización o de relación entre las personas que supone una quiebra de los valores y de la forma de actuar y pensar que hasta este momento caracterizaba a la sociedad.

1. El autor

Gilles Lipovetsky es un escritor, conferencista, filósofo y sociólogo francés, nacido en París, en 1941.

Es profesor de filosofía en la Universidad de Grenoble y miembro del Consejo de Análisis de la Sociedad. Es un analista y crítico de la sociedad posmoderna.

Ha abordado en sus obras temas trascendentales en la era actual: el narcisismo apático de la posmodernidad, el consumismo, el hiperindividualismo psicologista, la deserción de los valores tradicionales, la hipermodernidad, la cultura de masas y su indiferencia, la abolición de lo trágico, el hedonismo instanteneista, la pérdida de la conciencia histórica y el descrédito del futuro, la moda y lo efímero, los mass media, el culto al ocio, la cultura como mercancía, y el ecologismo como disfraz y pose social.

Algunas de sus obras más conocidas son: «La era del vacío: ensayos sobre el individualismo contemporáneo» (1983), «El imperio de lo efímero: La moda y su destino en las sociedades modernas» (1984), y «La felicidad paradójica: Ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo» (1989).

2. Contenido del texto

El libro es una reflexión sobre lo que el autor denomina “una nueva fase en la historia del individualismo occidental”, caracterizada por la personalización de todos los ámbitos de la vida humana, desde lo doméstico hasta lo político.

Conforme a Lipovetsky, la sociedad posmoderna, que es abierta y plural, rompe con la disciplina o la rigidez, y seduce con sus ofertas de todo tipo, provocando una personalización social que se expresa en un culto generalizado a lo individual. Por eso, sostiene, “vivimos una segunda revolución individualista”.

Ese proceso de personalización social implica “la línea directriz, el sentido de lo nuevo, el tipo de organización y de control social que nos arranca del orden disciplinario-revolucionario-convencional” que conocimos en el pasado reciente.

Así, ese proceso rompe con “la socialización disciplinaria”, y tiende a la creación de una sociedad flexible cimentada en la información y en la promoción de las necesidades, el sexo y la asunción de los “factores humanos”, así como en el culto a lo natural, a la cordialidad y al sentido del humor.

En ese mismo sentido, la personalización promueve el libre despliegue de la personalidad íntima y de la búsqueda del placer, y se encamina hacia una creciente adaptación de las instituciones a las aspiraciones de los individuos.

De ese modo, el individualismo hedonista, personalizado, se ha legitimado a la luz de las nuevas realidades, virtualmente inaugurando una era en la que revolución social, el escándalo contra el pudor y la esperanza en un porvenir mejor se consideran elementos de una época superada.

Asimismo, la sociedad posindustrial ha devenido no una sociedad de servicios sino de auto-servicio, y en muchos sentidos las relaciones de producción han sido reemplazadas por las relaciones de seducción.

“El autoservicio, la existencia a la carta, designan el modelo general de la vida en las sociedades contemporáneas que ven proliferar de forma vertiginosa las fuentes de información, la gama de productos expuestos en los centros comerciales e hipermercados tentaculares, en los almacenes o restaurantes especializados”.

La sociedad posmoderna, caracterizada por una tendencia global a reducir las relaciones de autoridad y a acrecentar las opciones privadas, remodela el mundo según un proceso sistemático de personalización que multiplica y diversifica la oferta, sustituye la sujeción uniforme por la libre elección, la homogeneidad por la pluralidad, y la austeridad por la realización de los deseos.

Por otra parte, el autor del libro también reflexiona sobre la desmovilización de las masas, la desaparición de las ideologías y el retroceso en las creencias religiosas, como bases para la aparición de una sociedad en la que el individuo es indiferente ante el medio que lo rodea y sus congéneres.

El espíritu de la época, que ya no asume la angustia y la nostalgia del sentido que eran propias del existencialismo o del teatro del absurdo, es la indiferencia, aunque no la desidia: es una indiferencia ante el sentido, una ausencia ineluctable, una estética fría de la exterioridad y la distancia, pero de ningún modo de la distanciación.

En esta época se ha abandonado el gusto por el saber, el sentido crítico y la tendencia al rechazo de la injusticia, y en la política ha aumentado la abstención y se ha puesto de moda lo intrascendente o lo simplemente espectacular.

La indiferencia actual es una deserción de las viejas causas, un “desasimiento” social, y designa una nueva conciencia, si bien en calidad dispersión. Pero esta indiferencia no significa pasividad, resignación o mistificación. El hombre “cool” no es ni el decadente pesimista de Nietzsche ni el trabajador oprimido de Marx. Es más parecido al telespectador probando por curiosidad uno tras otro los programas de la noche, al consumidor llenando su carrito, al que está de vacaciones dudoso entre unos días en las playas o hacer camping.

Como el hombre indiferente no se aferra a nada, no tiene certezas absolutas, nada le sorprende, y sus opiniones son susceptibles de modificaciones rápidas, en la era posmoderna no hay planes ni programas, sólo frases tipo cohete que se imponen en las conversaciones, en los centros de diversión, en las organizaciones sindicales, en los centros educativos, en los partidos y hasta en las iglesias.

Increíblemente, la libertad, como la guerra, ha promovido la extrañeza absoluta ante el otro. Pero no contento con producir el aislamiento, el sistema estimula la individualidad para que cada quien, solo, “aprenda” a ser feliz, en el entendido de que sólo a cada quien le interesa su vida.

De otro lado, el autor se refiere al “nuevo tipo de narcisismo” que aparece en la sociedad posmoderna: no sólo amar la figura que refleja el espejo, sino también amar lo que se siente ser y representar.

Ese narcisismo es un “nuevo estadio del individualismo”, que prefigura “un perfil inédito del individuo en sus relaciones con él mismo y su cuerpo, con los demás, el mundo y el tiempo”, y surge precisamente cuando “el capitalismo autoritario cede el paso a un capitalismo hedonista y permisivo”.

El nuevo individualismo es puro, carente de valores sociales y morales, y provoca que hasta la vida privada cambie de sentido y se proyecte hasta la intimidad.

En la posmodernidad lo público está desprestigiado, las grandes cuestiones filosóficas, económicas o políticas no importan a nadie, y la sociedad se va neutralizando y banalizando. Pero la esfera privada sobrevive: la gente cuida su salud, se desinhibe, vive para esperar las vacaciones, no cree en ninguna idea.

El neonarcisismo, en muchos sentidos, nace de la deserción de lo político. Como si dijéramos: estamos en el fin del “homo politicus” y en el nacimiento del “homo psicologicus”, al que sólo le interesa su ser y su bienestar. Por eso, quiere vivir en el presente, sólo en el presente, y no le interesa el pasado ni el futuro, pues preocuparse por estos es perder el tiempo.

La secuela más importante de esa transformación es la erosión del sentimiento de pertenencia a una “sucesión de generaciones enraizadas en el pasado y que se prolonga en el futuro”. Esta erosión “caracteriza y engendra la sociedad narcisista”: como hoy “vivimos para nosotros mismos, sin preocuparnos por nuestras tradiciones y nuestra alteridad, el sentido histórico ha sido olvidado de la misma manera que los valores y las instituciones sociales”.

No olvidemos, empero, que el narcisismo surge de la deserción generalizada de los valores y finalidades sociales, provocada por el proceso de personalización, y que por ello mismo tiende a crear vacuidad espiritual y hedonismo social. Por ello, el nuevo narcisismo es una personalización del cuerpo.

Finalmente, el texto contiene una reflexión sobre el significado y los efectos de la transición del mundo desde la época moderna o a la llamada época posmoderna.

La noción de lo posmoderno, para el autor, no es clara, pues “remite a niveles y esferas de análisis difíciles de hacer coincidir”, y por ello se pregunta si significa “¿Agotamiento de una cultura hedonista y vanguardista o surgimiento de una nueva fuerza renovadora? ¿Decadencia de una época sin tradición o revitalización del presente por una rehabilitación del pasado? ¿Continuidad renovada de la trama modernista o discontinuidad? ¿Peripecia en la historia del arte o destino global de las sociedades democráticas?”

El libro procura examinar el posmodernismo como “una hipótesis global que describe el paso lento y complejo a un nuevo tipo de sociedad, de cultura y de individuo que nace del propio seno y en la prolongación de la era moderna”, así como “establecer el contenido del modernismo, su árbol genealógico y sus funciones históricas principales, aprehender el cambio de rumbo del pensamiento que poco a poco se ha producido en el curso del siglo XX en beneficio de una preeminencia cada vez más acusada de los sistemas flexibles y abiertos”.

La sociedad moderna no es homogénea: es la articulación de tres órdenes distintos: el tecno-económico, el régimen político y la cultura. Cada uno de estos órdenes obedece a un principio axial diferente, incluso contradictorio con los restantes. “Las discordancias entre esas esferas son las responsables de las diversas contradicciones de la sociedad”.

Por eso, el autor plantea que no se debe “considerar el capitalismo moderno como un todo unificado, a la manera de los análisis sociológicos dominantes: desde hace más de un siglo el divorcio entre las esferas aumenta, y crece, en particular, la disyunción entre la estructura social y la “cultura antinómica” de la expansión de la libertad del yo”.

Mientras el capitalismo se desarrolló con el empuje y bajo la dirección de la ética protestante, el orden tecno-económico y la cultura formaban un conjunto favorable a la acumulación del capital, al progreso, al orden social, pero en la medida en que el hedonismo se va imponiendo como valor último y legitimación del capitalismo, éste va perdiendo su carácter de totalidad orgánica, su consenso, su voluntad. “La crisis de las sociedades modernas es ante todo cultural o espiritual”.

El modernismo ha sido considerado como uno de los aspectos del proceso secular que ha desembocado en las sociedades democráticas basadas en la soberanía del individuo y del pueblo, y liberadas de la sumisión a los dioses, de las jerarquías hereditarias y del poder de la tradición. De este modo, bien puede afirmarse que es una prolongación cultural del proceso que se manifestó en el orden político y jurídico a fines del siglo XVI como la culminación de la empresa revolucionaria y democrática que constituyó una sociedad sin fundamento divino, pura expresión de la voluntad de los hombres que se reconocen iguales.

En consecuencia, el modernismo no contradice el orden y la igualdad, sino que es la continuación por otros medios de la revolución democrática.

La cultura posmoderna implica que la vanguardia ya no suscita indignación, que las búsquedas innovadoras son legítimas, y que el placer y el estímulo de los sentidos se convierten en los valores dominantes de la vida corriente. Así, pues, el posmodernismo puede considerase como la democratización del hedonismo, la consagración generalizada de lo nuevo, el triunfo de la antimoral y del antiinstitucionalismo.

“En el curso de los años sesenta el posmodernismo revela sus características más importantes con su radicalismo cultural y político, su hedonismo exacerbado: revuelta estudiantil, contracultura, moda de la marihuana y del L. S. D., liberación sexual, pero también películas y publicaciones pornopop, aumento de violencia y de crueldad en los espectáculos, la cultura cotidiana incorpora la liberación, el placer y el sexo”.

La era posmoderna no es propiamente una ruptura con la modernidad: es la prolongación y la generalización de una de sus tendencias constitutivas, el proceso de personalización. De ahí que el presente no se pueda pensar como un momento absolutamente inédito en la historia.

La información y el hedonismo, postulando la necesidad de “igualdad de condiciones”, elevan el nivel de consumo y “culturizan” a las masas en términos de lo ligero, estimulan la “liberación” femenina, defienden las minorías sexuales, deifican la juventud como estadio humano, folclorizan la originalidad, y le dan un mismo valor a un best-seller y a un premio Nobel.

En el posmodernismo “la edad heroica del hedonismo” ha pasado: “ni las páginas de oferta y demanda erótica multiservicio, ni la importancia del número de lectores de las revistas sexológicas, ni la abierta publicidad de que gozan la mayoría de las “perversiones” bastan”.

El autor asimila el hedonismo como “la contradicción cultural del capitalismo: «Por una parte la corporación de los negocios exige que el individuo trabaje enormemente, acepte diferir recompensas y satisfacciones, en una palabra, que sea un engranaje de la organización. Por otra parte, la corporación anima al placer, al relajamiento, la despreocupación. Debemos ser concienzudos de día y juerguistas de noche”.

En otro sentido, el texto habla de que la contradicción en las sociedades de hoy no es únicamente la distancia entre cultura y economía, sino también de proceso de personalización. “La era del consumo engendra una desocialización general y polimorfa, invisible y miniaturizada; la anomia pierde sus referencias, la exclusión a medida se ha apartado también del orden disciplinario”.

3. Conclusiones

En esta obra, el autor de devela como uno de los pensadores más certeros del posmodernismo, pues hace una crítica profunda y rigurosa de sus caracteres esenciales: el individualismo, la indiferencia, el narcisismo, la espectacularidad, la chercha y la generalización de la violencia.

Aquí se examina la sociedad posmoderna que, según él, se caracteriza por una separación de la esfera pública de la privada, y una cultura abierta que moldea las relaciones humanas (tolerancia, hedonismo, personalización de los procesos de socialización, educación permisiva, liberación sexual, humor).

El pensamiento de Lipovetsky es una interpretación de la evolución y el desarrollo del individualismo de hoy. La postmodernidad ya no sirve para definir el momento actual de las sociedades liberales. En esta época hay una ausencia de modelos alternativos, y el mercado se ha convertido en dominante en todas las esferas de la vida social y privada.

Lipovetsky presenta un concepto de cultura basado en lo cotidiano, en el acceso a las redes sociales de modo inmediato. La nueva cultura es hermana melliza de la industria comercial, y se propone llegar a todos los ámbitos del orbe.

Esa cultura, empero, está basada en el individualismo y en el consumo, y por eso mismo conduce necesariamente a la banalización de la vida (social, política, etcétera) y la conversión de la sociedad en una antro de superstición y violencia.

Por Luis R. Decamps R.

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