NEW YORK.- 7 años después, la muerte del supuesto «héroe nacional» y mayor general vitalicio: Antonio Imbert Barrera.
Esta efeméride pasa sin pena ni gloria., he aquí lo que escribí el martes 31 de mayo 2016:
Ayer lo pensé varias veces, pero no me motivé a escribir sobre la efeméride correspondiente al asesinato, que aquí los ingenuos y muchos que fingen serlo, le llaman «tiranicidio», pero la muerte del General Antonio Imbert Barrera me sorprendió como noticia, al enterarme de su partida hacia la tumba fría donde él junto a otros inconsecuente, enviaron al a Rafael Leónidas Trujillo Molina en 1961, exactamente un martes, hace 55 años y de igual manera asesinó la democracia el miércoles 25 de septiembre 1963 hace ya 53 años.
Este general reconocido y condecorado como “Héroe Nacional”, poseedor de la condecoración de la Orden al Mérito de Duarte, Sánchez y Mella, fue parte de los que, por intereses y venganza personales y ambiciones, decidieron asesinar a su «benefactor» que los había enriquecido con favores, propiedades, funciones gubernamentales, contratos y poder amparados bajo su sombra «todopoderosa».
Entiendo que los hombres tienen el derecho y la oportunidad de corregir su derrotero o cambiar el curso de sus metas, sentimientos y aspiraciones, pero este no es el caso de los actores del 30 mayo, siempre debemos tomar en cuenta los motivos y el Estado resultante de esos giros o cambios que producen sus supuestos actos de «convicción».
Los Estados Unidos después de haberse comprometido mediante el grupo, llamado el político, para entregar armas a los complotados, solo entregaron 3 Carabinas M-1 semiautomática calibre 30 a pesar que de los conspiradores habían solicitado Granadas y Ametralladoras Thompson.
La negativa fue fruto de la incoherencia de los complotados, que solo tenían una sed de venganza que solo sería saciada con el cuerpo acribillado de Trujillo, sin importarles lo que después ocurría con el país, el Estado y la nación que no eran ni fueron sus objetivos e intereses.
- A este respecto, en un cable entre la CIA y la Embajada en Ciudad Trujillo se destaca lo siguiente:
“La mera desaparición de Trujillo traería más problemas que soluciones”.
En otro párrafo indicaba la misma Agencia lo siguiente:
“debemos evitar cualquier acción precipitada de los disidentes…hasta que el grupo…se encuentre en mejores condiciones para…el asesinato…estamos preparados para entregar ametralladoras y municiones cuando los disidentes desarrollen la capacidad necesaria”.
- Los términos de este cable solo indican dos cosas:
A) Se trataba de un cambio en la política de Los estados Unidos respecto a la conveniencia de salir de Trujillo.
B) La identificación clara de que las motivaciones de los complotados eran personales y la carencia de un plan orientado a un golpe de Estado para preservar la estabilidad y sostenibilidad del país y el Estado, después de Trujillo a través de un régimen democrático.
Pero el lunes 17 de abril de 1961, los intereses de Los Estados Unidos cambiaron rápidamente, al resultar un fracaso la invasión de Bahía de Cochinos en playa Girón cuba, la CIA pretendía con esta acción en paralelo con la muerte de Trujillo un “dos por uno”, pero los resultados fueron adversos y los planes para matar al dictador no solo perdieron interés, sino también que fue desestimado.
Aludiendo a esta ausencia del apoyo estadounidense es que se quiere enarbolar la «valentía» y el «coraje» de los traidores, que se lanzaron a la ejecución «con el pecho y la lengua». sin embargo, esto solo demostró que sus apetencias eran personales y sus motivaciones individuales, no patrióticas y mucho menos de nacionalistas, lo cual los hizo incapaces de pensar en el futuro inmediato de la nación, se trató de un grupo de hombres de bragueta, cojonudos, pato macho, que solo deseaban la eliminación del macho dominante, el macho alfa en la manada, por cachorros que anhelaban su poder, bienes y privilegios.
Descanse en paz General, no hay nada que agradecer a usted y sus compañeros, que mataron a Trujillo para luego seguir viviendo del Trujillato, acción que han repetido todos los que se han alternado en el poder desde aquella fatídica noche, no por el muerto y los heridos, sino por toda la sangre que dio como resultado ese asesinato, que en vez de establecer la democracia y la libertad resultó ser una feria de sangre y muerte entre el 30 de mayo de 1961 y 16 agosto de 1978, una como nunca hemos visto en nuestra sociedad, por carecer «los héroes» de una mínima partícula de patriotismo, porque asesinaron al dictador, no a la dictadura.
¿Héroes de qué? Si como luego preguntara el más beneficiado de la muerte de Trujillo Joaquín Antonio Balaguer Ricardo:
“¿Se ha perdido acaso la memoria…de las adulaciones que…prodigo…al amo…los mismos siervos que hoy quieren presentarse ante la República como si fueran prohombres?”
“Si fue para continuar en los mismo ¿para qué lo mataron?
Por Tomás Hernández

