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Cuidado con la fusión

Julio Gutiérrez Heredia

La defensa y el gambito en el ajedrez político

Por más que grupos alojados en países con intenciones de mantener sus hegemonías en la determinación de los pueblos del “Tercer Mundo” o “en vías de desarrollo”, siempre encontrarán el inconveniente de un factor difícil de desarraigar en esos países, que es, el concepto de nación y el sentido de libertad. Dos percepciones que no son fáciles de erradicar en el ser humano.

Después que un país ha probado ser independiente, haber aprobado una Carta Magna y una enseña tricolor, no podrán imponerse con discursos demagógicos, en escenarios multitudinarios, ni en foros internacionales, aquellos propulsores del establecimiento del “nuevo orden mundial”.

Las grandes potencias mundiales y sus dirigentes, cada vez que planean hacer una reconversión del sistema geopolítico del globo terráqueo, no han podido lograrlo a su antojo. Las experiencias están cercanas en el tiempo, pues lo intentaron la primera y segunda guerra mundiales. Lo intentaron con las escaramuzas de las dos Coreas, con Vietnam, en Afganistán, en Irán e Irak, por último, en los países de África meridional.

En América Latina, las cosas se mantienen bajo el criterio de los planes del Departamento de Estado. Además, desde la implementación de la política del “big stick”, los países latinoamericanos son considerados el almacén de las materias primas de las grandes industrias del norte.

Para preservar el suministro de esos insumos, es necesario que nuestros países mantengan un control interno de sus actividades, lejos de disturbios y asonadas populares. En el caribe insular, las veces que “el coloso del norte” ha incursionado en los asuntos internos de estos países, es con el fin de imponer “ley y orden”. Varios países de Centroamérica y El Caribe, por esa política de “buen vecino”, fueron y fuimos intervenidos militarmente, en más de una ocasión.

De todos los países de la región del Caribe, Haití es el único país que ha continuado una estela de desafueros políticos, manteniéndose por décadas en un caos generalizado. E varias ocasiones los mandatarios dominicanos, incluyendo al actual, se han manifestado en un reordenamiento de las instituciones de ese país, con el propósito de que, el sistema democrático se fortalezca.

Es extraño observar con la indiferencia que los Estados Unidos, Canadá y Francia, toman el problema haitiano. Lo mas preocupante acontece que, cuando voces dominicanas se pronuncian sobre una solución de los problemas de Haití, el eco que se recibe es la unificación de la Isla. Unificación, en este caso, significa fusión.

Una fusión simple, ni pensarlo, pues sería crear un país nuevo, con nombre y apellido, desapareciendo el dominicano y el haitiano. Igual sucedería con una fusión por absorción, lo que significaría que un país se engulle a otro, eliminando todo rastro institucional del absorbido. La realidad de ambos pueblos no soporta una idea tan descalabrada como esa.

No creo que la clase gobernante actual haitiana, mantenga la forma de pensar parecida a la de sus ancestros del Siglo XIX, que es, la de querer llevar a la practica el famoso artículo de su Constitución, donde se establece la unificación de la Isla. En el lado dominicano, entiendo que quizás en la “Era del Jefe”, se pensaría hacer algo similar, a pesar de que tenía todos los medios a su alcance, pero esa idea nunca se materializó.

La crisis en Haití es permanente. Los últimos acontecimientos presentan un ambiente de horror. Es una situación no apta para vivirla seres humanos. Por actos vandálicos como lo sucedidos en los últimos días y horas, ya la comunidad internacional hubiera tomado carta en el asunto. Pero, lo preocupante es, el silencio manifestado por las grandes potencias. Quizás, se debe a que en el territorio haitiano no hay nada que buscar. Por lo tanto, prefieren la fusión en cualquiera de sus vertientes.

Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense

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