Hay diferencias fundamentales entre la política y el comercio. Los políticos suelen ganar las elecciones desacreditando a sus oponentes, mientras los comerciantes aumentan sus ventas promoviendo sus productos, no desacreditando a la competencia.
Cuando el presidente Luis Abinader ordenó militarizar y cerrar la frontera alegando su desacuerdo con algo que hacían los haitianos en Haití, tenía dos objetivos bien claros.
Primero, ordeñaba políticamente el anti-haitianismo, segundo, eliminaría a los pequeños y medianos comerciantes del comercio fronterizo, para entregarle ese mercado a las grandes corporaciones.
Los millones de dominicanos y haitianos que viven del comercio fronterizo son víctimas de estos planes de Abinader.
Si Abinader, un empresario enganchado a la política, impide que pequeños y medianos comerciantes dominicanos y haitianos ejerzan el lícito comercio, esto no es casualidad, está planeado.
Con la unificación de grandes capitales dominico-haitianos, debemos descartar un disparate político, aquí el presidente planea un golpe de estado corporativo, los grandes desplazarán a los pequeños.
Abinader usa los poderes del Estado, incluidas las Fuerzas Armadas, para desplazar a pequeños y medianos productores favoreciendo los grandes capitales corporativos, esto es obsceno, bochornoso, repugnante.
Los pequeños y medianos productores deben acudir al contrabando y otros métodos ilícitos para ejercer el “lícito comercio”, como parte de una agenda de expansión corporativa.
Funciona igual en otros niveles.
Un “constructor” le quitó millones de dólares a dominicanos del extranjero para entregarles unos apartamentos que nunca entregó. El presidente ofrece como solución “acudan a empresas establecidas”, los pequeños estafadores nunca caerán presos porque sirven para obligar a que los consumidores acudan al gran capital. Los pequeños y medianos constructores honestos perderán mercado, porque el presidente nos dice que acudamos a los grandes.
Los pequeños estafadores disfrutan de impunidad, es absolutamente innegable, ellos trabajan directamente al servicio de la expansión del capital corporativo.
Si reelegimos a Abinader, los medianos empresarios lo lamentarán.
El “ministerio público independiente” solo funciona contra los adversarios políticos de Abinader, quienes estafan la gente trabajadora disfrutan de impunidad, por suerte tenemos un presidente “absolutamente honesto”.
Por J.C. Malone

