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Un país en el crepúsculo

Julio Gutiérrez Heredia

La defensa y el gambito en el ajedrez político

SANTO DOMINGO, RD.- Los pueblos a través de su historia experimentan transformaciones para ajustarse a los cambios climáticos, políticos y sociales. Comunidades que se formaron como grupos nómadas, dejaron de movilizarse, para asentarse en lugares que ofrecían más oportunidades para sus habitantes, experimentando cambios que, en muchas ocasiones, produjeron efectos positivos.

Hasta el descubrimiento del Continente Americano, el párrafo anterior tenía validez. Después de la llegada de los españoles, seguidos por otros pioneros europeos, se inicia una mezcolanza de razas que, exigió trazar nuevas pautas para enfrentar, soportar y coordinar, los efectos ambientales y socioculturales que produjo el encaste entre aborígenes y europeos, esclavos negros con indios y blancos, etc.

Las grandes potencias colonialistas del Viejo Mundo, vieron las nuevas tierras descubiertas como un botín, en el cual, podrían repartirse a su antojo. Las características claves para identificar quien se lucro más del reparto, se pueden apreciar en el idioma, la fisonomía de los pueblos, debido al cruce de razas y las tradiciones heredadas. Por tal razón, se podía encontrar a personas con facciones mestizas, mulatos y zambos.

Pero en Haití, esos cruces no proliferaron, debido al coloniaje francés y su férrea manifestación del dominio y vasallaje de los esclavos negros traídos de algunas zonas del Continente Africano. Esta manera de controlar a la población, generó uno de los movimientos más sangrientos de la historia americana, por la emancipación de un pueblo subyugado. El resultado convirtió al pueblo haitiano en un país libre, habitado por personas de color negro, cuyo sentido nacionalista, no permitía la gobernanza a otros seres de color diferente al negro. Concepto que, para su ejecutoria, se estableció en la Constitución de ese país.

Debido a las confrontaciones con los franceses para obtener su libertad, la mayoría de sus habitantes, entendían que cualquier diferencia, para resolverlo, tenía que ser mediante el uso de la fuerza. Cuando un gobernante no satisfacía los anhelos de una clase privilegiada, acuñada desde antes del 1804, fecha de la proclamación de la independencia del pueblo haitiano, del yugo francés, la vida de ese gobernante, corría peligro.

Desde su independencia, la forma vida del pueblo haitiano ha sido muy agitada, con escaramuzas y guerras entre sí. Ese país, con una extensión territorial de 27,000 kilómetros cuadrados, se dio el lujo de tener dos reinos y un emperador. Además, ha tenido gobiernos de fuerzas y dictadores. Resulta curioso, que los periodos de cierta “tranquilidad”, se han vivido bajo el esquema de gobiernos de fuerza y de dictaduras.

Cómo ha sido posible que un pueblo considerado en tiempos del descubrimiento, como la colonia más rica de América. Ahora, es el país más pobre del Continente. Pero no todo el tiempo, ha mostrado esa situación calamitosa que, todos lamentamos. En la década de los cincuenta, Haití poseía una estructura turística, cuando en la República Dominicana, ni siquiera se pensaba en explotar ese renglón.

Con la caída del régimen de los Duvalier´s y la desaparición de los “tontón macute”, la clase pudientes encontraron la forma de colocar en el gobierno a personas identificadas con sus intereses. Lo hacían con representantes en el Congreso y la Presidencia. Estas maniobras fueron debilitando la estructura del Estado haitiano, hasta convertirlo, en estos momentos, en un país en el crepúsculo, con tendencia a perder su nacionalidad, si se convierte en una realidad los aprestos de invadir su territorio, para frenar el avance de unas pandillas, cuyo objetivo es mantener el caos como modo vivendis.

Una advertencia, a los que se inclinan por una invasión de fuerzas internacionales en Haití, si no cuentan con el apoyo o aprobación de “Papá Bocó”, no tendrán éxito.

Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense

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