Los símbolos de poder del país vecino están a merced de bandas de delincuentes y, del desgaste de las fuerzas regulares haitianas, debido al acoso sistemático de las pandillas, interesadas en tomar el palacio de gobierno, como la hazaña mas importante de su cadena de atracos y tropelías.
Grupos de facinerosos que, desde ante del asesinato del presidente Juvenal Moise, ya estaban dedicados al asalto de personas, establecimientos comerciales y, secuestros a grupos, exigiendo rescate en pecuniario, con el propósito de satisfacer bajas pasiones y empoderarse de territorios, con la idea de adquirir armamentos de alto calibre, que defina su poderío bélico.
La presencia de pandilleros organizados fue creciendo como la yerba mala. Su objetivo era y es adueñarse de territorios claves, con el propósito de darle la connotación de feudos y sus lideres convertirse en señores del bajo mundo.
La ausencia de poder en Haiti, se manifestó en su máxima expresión, cuando grupos armados impidieron el regreso del primer ministro interino Ariel Henry. Con esa actitud, los bandoleros, adquieren espacio para sentirse con las fuerzas suficientes para mostrarse ante la opinión publica internacional, como los varones responsables de la crisis haitiana y, que, con ellos ha que dialogar.
Ya la presencia de los lideres más connotados de las bandas, no muestran timidez ante las cámaras y las entrevistas periodísticas.
Los otrora gorros de mascara, que servían para ocultar su rostro, han desaparecido de algunos pandilleros. Aparentemente, esos “jefes” de pandillas se consideran elementos a tomar en cuenta, en la suerte que la comunidad internacional decidiere, en cualquier decisión, sobre el destino de Haití.
Las tentativas de tomar el Palacio Presidencial, es una muestra de que, no solo, los lideres de pandillas, quieren el pastel del poder económico, sino el poder político. Esa actitud es preocupante; pues, en Latinoamérica y el Caribe la historia nos ha demostrado que, cualquier aventurero, puede sentarse en la “silla aquella”.
Si alguien o la elite que tradicionalmente ha movido las cuerdas del poder en Haití, consideraba que podía mantener bajo su mando a grupos de bandoleros, suministrándole armas y creando las condiciones para que realicen sus desafueros, los últimos acontecimientos, demuestran que ese plan no salió como fue diseñado.
El poder y control de las bandas haitianas se consolidó, con el ultimátum dado a los miembros del consejo presidencial de transición, que elegirá al nuevo mandatario, para que no pongan un pie en territorio haitiano sino quieren poner en riesgo sus vidas.
Desde el 29 de febrero del presente año, bandas armadas quemaron estaciones policiales, incendiaron parte de las instalaciones del principal aeropuerto internacional de Haití, que sigue cerrado y, para culminar con sus tropelías, entraron a las dos prisiones más grandes, liberando a más de 4.000 reclusos.
Si esos acontecimientos y la impunidad de sus acciones no dan a entender que, el poder en Haití, se ha ido trasladando de las manos de una elite rancia, a grupos de pandillas con ansias de controlar todo el estamento gubernamental; entonces, la comunidad internacional, será la responsable de los resultados en esa Nación. Pues, ya las pandillas no miran el Palacio Presidencial haitiano como un monumento estatal, sino como la próxima víctima, para su consolidación como fuerza con poder económico, bélico y hasta político.
Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense

