El clientelismo político es una práctica que ha dejado una huella profunda en muchas democracias alrededor del mundo. Se trata de un sistema en el que los políticos ofrecen bienes, servicios o favores a cambio de su apoyo electoral. Aunque es una estrategia efectiva a corto plazo para ganar elecciones, sus consecuencias a largo plazo son perjudiciales para la calidad de la democracia y el desarrollo socioeconómico. Aquí hay que decir que el clientelismo crea una relación de dependencia entre los votantes y los políticos.
Los ciudadanos, a menudo de bajos ingresos, se ven obligados a votar por un candidato no por sus propuestas o su capacidad de legislar o gobernar, sino porque reciben algo a cambio. Este intercambio distorsiona el proceso democrático y perpetúa la desigualdad. Los recursos públicos son utilizados para beneficio personal y electoral en lugar de ser invertidos en políticas públicas que beneficien a toda la sociedad. Además, debemos agregar que el clientelismo fomenta la corrupción y la ineficiencia. Los políticos que dependen de esta práctica tienen poco incentivo para implementar políticas a largo plazo o para mejorar la transparencia y la rendición de cuentas. En lugar de ello, se concentran en mantener el sistema de intercambio de favores que les garantiza el poder.
Una posible solución para erradicar este mal hábito del sistema electoral dominicano, y que ha ganado tracción en varios países es la implementación del voto obligatorio. Sabemos que ejercer el sufragio es un derecho y un deber consagrado en nuestra Constitución, y como deber los ciudadanos y las ciudadanas están obligados a ejercer ese derecho.
La tendencia en el aumento de la abstención que se viene experimentando en los últimos procesos electorales en nuestro País, pone al bordo de un abismo la partidocracia y, por ende, a la democracia en términos de representación, participación y legitimidad. Por eso, considero que el voto obligatorio es una herramienta que fortalecerá la democracia en esos pilares que son los cimientos sobre los cuales descasa. Por lo que el voto obligatorio es una política en la que los ciudadanos están legalmente obligados a votar en las elecciones y para ello, se hace necesario modificar el artículo 208 de la Constitución. Esta medida puede ser vista como una forma de asegurar una participación electoral alta y representativa. Pero ¿cómo puede el voto obligatorio combatir el clientelismo político?
1) Aumento de la participación electoral: El voto obligatorio garantiza una mayor participación de todos los sectores de la sociedad, no solo de aquellos que son susceptibles al clientelismo. Con una base electoral más amplia y diversa, es más difícil para los políticos depender únicamente de prácticas clientelistas para asegurar su elección.
2) Reduce la dependencia en el intercambio de favores: Si todos los ciudadanos están obligados a votar, los políticos tienen que apelar a una audiencia más amplia. Esto significa que deben enfocarse más en políticas públicas y propuestas que beneficien a la mayoría, en lugar de depender de favores individuales.
3) Se fomenta la educación cívica: El voto obligatorio puede llevar a una mayor concienciación y educación cívica. Los ciudadanos, al saber que deben votar, podrían estar más motivados para informarse sobre las propuestas y candidatos, aumentando la calidad del debate público y la rendición de cuenta.
4) Refuerza la legitimidad democrática: Una alta participación electoral, garantizada por el voto obligatorio, fortalece la legitimidad del sistema democrático. Los gobiernos elegidos con un amplio apoyo popular tienen una base más sólida para implementar políticas inclusivas y equitativas.
Sin embargo, implementar el voto obligatorio no está exento de desafíos. Es crucial que las elecciones sean libres y justas, y que la obligatoriedad no se convierta en una herramienta de coerción política. Además, garantizar que todos los ciudadanos tengan acceso a la información necesaria para la toma de decisiones informadas. Sabemos que en las pasadas elecciones se estableció el voto auxiliar para facilitar el voto a los discapacitados, pero hay que asegurarse de que los funcionarios auxiliares sean los suficientemente imparciales para que esta iniciativa cumpla con su cometido de manera eficiente y justa.
- En conclusión
El clientelismo político es una práctica corrosiva que socava la democracia y perpetúa la desigualdad. El voto obligatorio puede ser una herramienta poderosa para combatir este hábito al aumenta la participación electoral, reducir el intercambio de favores, fomentar la educación cívica y reforzar la legitimidad democrática. Aunque la implementación del voto obligatorio presenta desafíos, sus beneficios potenciales para la salud de la democracia y el bienestar de la sociedad son significativos. Las sociedades no son estáticas; y como consecuencia las constituciones que las rigen, tampoco. Es hora de considerar seriamente esta medida como un paso hacia la consolidación de una democracia más fuerte y equitativa.
Por José Minaya Peña

