Icono del sitio Labazuca.com

Provocaciones al extremo hacia el infierno nuclear: ¿Hasta dónde resistirá Putin y el pueblo de Rusia?

La guerra nuclear, un fantasma que vuelve de la mano de Putin

Provocaciones al extremo hacia el infierno nuclear: ¿Hasta dónde resistirá Putin y el pueblo de Rusia?

Nada hay oculto bajo el sol. Todo lo racionalmente obvio, demostrable, sin sesgos, inclinaciones o distorsiones, se convierte, en una verdad irrefutable, que no puede ser controvertida con argumentos retóricos de ninguna especie, por más satanización que quieran imprimirle para tratar de disuadir, engañar o convencer.

Jorge A. Abreu

Es importante, destacar, parte de la cadena de eventos provocativos, obviando los acontecimientos anteriores al año 2014: Instalación y funcionamiento de más de noventa laboratorios para guerra bacteriológica en Ucrania, entrada Ucrania a la OTAN, instalación de bases y misiles nucleares en Ucrania; exterminio étnico de la población rusa en Donetsk, Dombass y Luhansk, prohibiendo uso de su idioma, libros, religión, costumbres, cultura, negocios, plantas televisivas, símbolos patrios, festividades y un sinfín de imposiciones neonazis; financiamiento, entrenamiento y equipamiento militar por parte de la OTAN, incluyendo personal militar, legiones y mercenarios para combatir al ejército ruso; entrega de armas, baterías de misiles y su manejo por personal OTAN; Destrucción del Nord Stream 2 y buques por parte de occidente; asedio constante espacio aéreo y aguas territoriales rusas, con aviones espías, de combate y bombarderos estratégicos; servicios de inteligencia de occidente dando información constante y sensible de Rusia a Ucrania; permisos para que Ucrania use armamento occidental de largo alcance contra territorios originarios de la Federación de Rusia, máxime objetivos civiles; participación activa de occidente en el terrorismo contra la población rusa, con el objetivo de socavar la unidad del pueblo ruso y minar la popularidad de Putin; además, de poner a circular, quizás ya un plan orquestado de falsa bandera, en medios occidentales, la idea de que si Rusia gana la guerra o le imponen la paz a Ucrania, esta última llevará a cabo actos de terrorismo a gran escala contra la población civil rusa, amén de todos los perpetrados, que incluirá como objetivos escuelas y otras infraestructuras, lo cual se ha reforzado con la bendición de los Estados Unidos para que Ucrania use las armas suministradas por este y otras naciones occidentales para atacar el pueblo ruso.

La constante retórica del occidente colectivo, de alzada de tonos beligerantes contra Rusia, de manera constante e incitando la provocación hacia una mayor escalada del conflicto y de una frontal y catastrófica guerra nuclear entre la OTAN y Rusia, en vez de abocarse a lograr una paz verdadera y no usarla para socavar la existencia del pueblo ucraniano, solo por sus intereses económicos, producto de la venta de armamentos y los empréstitos, así como pretender desgastar a Rusia para darle jaque mate; “Estados Unidos armará al batallón neonazi Azov de Ucrania para un golpe a Vladimir Putin”, ¿No fueron oficiales israelíes y la OTAN que los armó, asesoró, les dotó de pasaportes y entrenó?; Derribo de aeronaves rusas con operación y armamento occidental. ¿Quién sería capaz de resistir estas provocaciones sin reaccionar asimétricamente? Hasta ahora, Vladimir Putin ha demostrado ser un verdadero ajedrecista en la partida contra la OTAN, sin cometer ningún error que implique una escalada o dar una respuesta asimétrica; pero, ¿hasta cuándo? Imagino, hasta que no vea un peligro para la seguridad de la Federación de Rusia; puesto, su población, exige mayor contundencia en sus respuestas bélicas y se contrasta, motivado por el alto y explosivo nivel beligerante exhibido en las declaraciones de los dirigentes de la OTAN y de otros países, así como su participación activa en el conflicto en favor de Ucrania, que las cosas vayan teniendo un matiz de un color diferente; quizás más tétrico, considerando, que las directrices, doctrinas y principios del uso de las armas nucleares por parte de la Federación de Rusia, por tales provocaciones, la estaría llevando a ponerse listos para la ofensiva y no para la defensiva, como era en principio, sino, adaptarla a las circunstancias para defender su integridad existencial.

¿Creeremos, o nos harán creer, que en una eventual e hipotética contienda nuclear entre la OTAN y Rusia, no saldrán afectados los Estados Unidos y las naciones de Europa que más han incitado y patrocinado la guerra?

¿Qué la humanidad entera no sufrirá sus mortíferas consecuencias?

Las potencias mundiales saben bien a qué están jugando y de las manifestaciones que a diario se suscitan en cada una de sus naciones en contra de la guerra y contra la participación de esos países en la misma, las cuales no aparecen en los medios occidentales; y si aparecen, son distorsionadas o minimizadas a su más mínima expresión; Para sus dirigentes políticos es bien sabido a qué se enfrentarán y que a Rusia no se le va a ganar con la jugada del pastorcito. ¿Es posible que ante un escenario como este el sur global y otras naciones se queden de brazos cruzados y no entren al conflicto en favor de Rusia? Todo es posible y probable, aunque deseamos exista una verdadera reflexión basada en las actuales circunstancias geopolíticas, dejando a un lado el creerse ser el hegemónico y que tiene el derecho divino de propiciar la guerra según le convenga aplicando las reglas a conveniencia sin aplicárseles a él, para así poder llegar a un acuerdo de paz no solo en Ucrania, que todo propenda al equilibrio global en un mundo multipolar con oportunidades para todos los países, con nuevas y verdaderas reglas de juego basadas en la equidad y la justicia, supervisadas con nuevas instituciones de carácter internacional, eliminando las existentes que nada han hecho en favor de la paz; Con verdadero respeto a la soberanía de los Estados y a la autodeterminación de los pueblos.

¿Habrá vencidos o vencedores?

Solo, un apocalipsis nuclear.

Aunque los Estados Unidos detonaron sus bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, a sabiendas que no eran necesarias lanzarlas porque los japoneses prácticamente estaban derrotados en el Pacífico, Manchuria y en todos los frentes, el objetivo era demostrar su poderío militar hegemónico y mandar un metamensaje a la Unión Soviética, principalmente; no obstante, pese a este genocidio, el presidente Harry Truman fue declarado “El hombre del año” por la revista Time en diciembre de 1945, resaltando el evento como: “El más grande de todos los grandes acontecimientos de 1945 fue la bomba atómica”; pero, al margen de estos acontecimientos, los japoneses, lo tenían bien merecido por los ataques de Pearl Harbor y los crímenes de lesa humanidad más atroces que cometieron contra la población civil en Nanking, Shanghái y toda ciudad China que cayó bajo su dominio, así como por los perpetrados en Manchuria, los indochinos, coreanos, indonesios, filipinos y en otras islas del pacífico.

Es menester señalar, que, todos los firmantes, conscientes, inconscientes o coercionados, detrás del telón de la película recién estrenada en Suiza, serán los responsables de cualquier desgracia y de la posterior reacción que pueda dar la Federación de Rusia frente a un ataque o sabotaje que desencadene, en primer lugar para los europeos, una tragedia nuclear en la planta de Zaporozhie y sus consecuencias de la reacción rusa frente a tal evento que traiga como consecuencia el uso de las bombas nucleares tácticas y su posible o inminente escalada del conflicto bélico a nivel infernal y que ponga en peligro, no solo a Europa, sino la misma existencia de la humanidad sobre la faz de la tierra. La OTAN, conociéndose, su fehaciente y demostrado modus operandi, tanto en el aspecto del belicismo como en la guerra cognitiva, puede bien estar gestando con alguna probabilidad o posibilidad de llevar a cabo tales acciones, desligarse y argumentar que ese fue producto de lo firmado en Suiza, al otorgarle a Ucrania “la potestad de tener bajo su absoluto control esa planta nuclear” y que tiene el derecho por esos motivos de atacarla o sabotearla sin consecuencia alguna. Estaríamos bajo la premisa de que la paciencia rusa llegaría quizás al límite de lo razonablemente posible y actuar con todo su legítimo derecho en consecuencia en la medida y proporción que entienda, lo cual implicaría que por parte del occidente colectivo satanizar más a Putin, aplicar más sanciones, presentarlo como un monstruo peor que el diablo, que busca destruir al mundo y que es un peligro para la paz mundial, entre tantas otras diabluras mediáticas habidas y por haber que puedan inventar.

¿Un posible caramelo envenenado para esos firmantes como artilugio subrepticio de la OTAN?

¿Suiza está jugando el mismo rol que hizo para ayudar a construir el tercer Reich?

A pesar de los ataques a la central nuclear de Zaporozhie, Rusia no ha atacado ninguna central nuclear; solo, centrales térmicas e hidroeléctricas.

¿No es un crimen de guerra atacar una central nuclear como lo hace Ucrania con el apoyo, armas, instrucciones e inteligencia de occidente?

Es propicio para la ocasión, la esencia mensajística del tema musical “Algo Personal”, de Joan Manuel Serrat.

Finalmente, entendemos justo citar a Álvaro Zapata SJ, en su artículo Gambito de la Dama: “Hemos visto cómo nuestros representantes fintaban, golpeaban y celebraban el dejar fuera de juego al adversario. No ha habido nada de reflexión, de estrategia, de respeto al oponente y de buscar la victoria mediante la inteligencia, en lugar de mediante la fuerza. Ojalá nuestra política se pareciera más al ajedrez, en el que la victoria está del lado del que es capaz de dar soluciones creativas y honorables, rápidamente pero no impulsivamente. La reflexión tiene que estar por encima de la visceralidad para ganar la partida. Y al otro lado del tablero toca reconocer la derrota sin aspavientos, sin lanzar el tablero por los aires, sabiendo que las piezas se vuelven a colocar y la partida vuelve a empezar”. Si se hubieran aplicado estas reflexiones, la cosa fuera diferente: si no se hubieran obviados y torpedeados los acuerdos de Minsk I y II, Estambul I y II, engañado y coger de mojiganga a Rusia en diversas ocasiones; además, de minimizarle como parte, querer imponerle condiciones sobre su seguridad y la seguridad de Europa, el conflicto nunca habría llegado hasta donde está y hacia donde puede conducir si se sigue tratando de acorralar la paciencia y capacidad de la Federación de Rusia y sus dirigentes, que es capaz de enfrentar lo que venga con sus medios disponibles para salvaguardar su integridad existencial a costa de lo que sea. Rusia no es la Irak que invadieron con mentiras disfrazadas, ni Putin es Saddam Hussein. Es el máximo líder de la Federación de Rusia de talla mundial. De esto se es consciente, por más envalentonamientos y posturas mediáticas que se lancen. Humildad y razonamiento es lo ideal, si en verdad se aprecia nuestro mundo y a quienes lo habitamos. Tan dulce que es vivir en paz y armonía, en un mundo con reglas de respetos y oportunidades mutuas; pero, eso no se puede esperar del hegemonismo.

El que mucho abarca, poco aprieta y muchas veces, el saco se rompe. Tratar de llevar más carga de la indicada, te revienta. Querer disfrutar exclusivamente de primero en el banquete y engullir todo el menú vorazmente para dejarle las sobras a los demás, es un evento que está cambiando en los escenarios geopolíticos de manera constante, vertiginosa, radical y exponencialmente, hacia la sólida construcción del multipolarismo.

Las firmas de los tratados de asistencia recíproca entre la Federación de Rusia y Corea del Norte, marcan un hito en la actual realidad bélica-geopolítica, constituyéndose en un primer precedente; en un ante y un después; delineando, de manera clara, un cuadro público con serias señales de apoyos a respuestas militares, no sólo en caso de agresión a una de ellas, sino cooperación mutua continua de alta relevancia e inusitada trascendencia en el ajedrez geopolítico. Oficialmente, ya la OTAN, puede estar a punto de abrir las puertas para la hecatombe nuclear con sus desmedidas actuaciones intervencionistas en la guerra de Ucrania promovida por ellos, del cual sus naciones no se salvarán y poniendo en riesgo la existencia de la humanidad.

Por Jorge A. Abreu Eusebio

Salir de la versión móvil