El periodo de tiempo que abarcó el colonialismo en América, de acuerdo con los historiadores, se inicia en el año 1493 y termina en el 1898. El colonialismo fue un sistema político, fundamentado en el poder militar, ya que con esa herramienta, los pueblos sometidos, tenían que soportar las manipulaciones de la metrópoli. En términos numéricos, ese periodo duro unos cuatrocientos años, en el cual se desarrollaron nuevas argucias y sutilezas de mayor crecimiento en el manejo de acciones corruptas, mismas que, se arrastran hasta nuestros días. De ese intervalo de tiempo, los pueblos americanos pudieron experimentar las habilidades de unos pocos, para adueñarse del esfuerzo muscular e intelectual de muchos.
De hecho, mientras en colonialismo en América servía como proveedor de materias primas en renglones agrícolas, minerales ferrosos y metales preciosos, los países europeos beneficiados de ese sistema político, económico y militar se apoyaron en el desarrollo de sus dotes culturales, para innovar productos tendentes a elevar el nivel de confort y longevidad de las clases dominantes. Esa forma de utilizar los recursos naturales, profundizo con más énfasis la línea entre ricos y pobres. No hay mayor acto corrupto, cuando la riqueza resultante del esfuerzo mancomunado, no se distribuye de manera equitativa, entre los participantes.
El gran despliegue en las artes y las investigaciones científicas, generaron el auge en la medicina, el transporte, construcción de obras civiles, etc. Pero, paradójicamente, la industria de mayor crecimiento fue la armamentista. El juego de la guerra era el pasatiempo preferido de los grupos gobernantes. Lo que no contemplaron los colonizadores, es que, los pueblos colonizados, usarían esas armas para obtener su emancipación del yugo colonial. La segunda mitad del Siglo XVIII, fue testigo del inicio de los movimientos bélicos, de la mayoría de los pueblos americanos, para lograr su independencia de las potencias colonialistas europeas.
La importancia que adquirieron las industrias armamentista y medicinal (esta última, debido a las infecciones de los heridos y la generación de nuevas bacterias y virus), genero un nuevo flagelo corrupto: el robo de fórmulas y patentes, el contrabando de armas de fuego, el soborno, la compra de secretos profesionales y el espionaje.
En el pasado Siglo XX y el presente Siglo XXI, la humanidad podría llamarlos, los siglos de las luces y las sombras, debido a la secuela de acontecimientos positivos y negativos. Los grandes inventos en el transporte de cargas y pasajeros (aéreo, marítimo y terrestre), las investigaciones científicas en la medicina dieron origen a la creación de vacunas y antídotos para combatir enfermedades incurables hasta esos momentos. A nivel educativo y cultural se establecieron métodos y procedimientos más racionales para elevar el nivel de conocimiento de la población interesadas en aprender.
Las sombras, fueron sufridas por una población contabilizada en más de cientos de millones de muertos, como consecuencia de dos guerras mundiales y, varias esporádicas o sectoriales, con repercusión internacional. A esos conflictos armados, se añaden las pandemias de la gripe española y el coronavirus.
No se pueden negar los avances de la humanidad al cierre del siglo pasado y del presente, donde las innovaciones tecnológicas impulsaron las TIC`s (tecnologías de la información y la comunicación). Esas herramientas técnicas, convirtieron al mundo en una aldea global, debido a las conexiones entre los pueblos, mediante aplicaciones vía el Internet. Pero, las bondades de los progresos tecnológicos se han visto opacados, en muchas ocasiones, por la presencia de nuevos piratas cibernéticos, como son los “hackers”, ladrones de datos y suplantadores de identidades. Muchos de ellos, actúan por cuenta propia y, a veces, como sicarios en las redes sociales.
No creemos que las actividades corruptas desaparezcan de la faz de la tierra. Si, podría menguar, siempre y cuando los responsables de su persecución, estén un paso más adelante de sus actividades ilícitas. Desde luego, que se puede evitar, cuando se neutralice su mejor aliada, la impunidad.
Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense



