El ajedrez y la política son dos “juegos”, cuyas acciones y movimientos de “fichas”, requieren estrategias y posicionamientos que, impliquen demostrar poder y capacidad defensiva, ante el adversario o el jugador de la oposición. La diferencia existente, es que, en el ajedrez todas las piezas en el tablero son valiosas; en cambio, en la política, esas piezas adquieren valor, en base a las circunstancias y el desarrollo de las ejecuciones de los planes que sirvieron de plataforma en el plan de gobierno, en campañas electorales.
Los mandatos gubernamentales medidos por cuatrienios son “partidas”, en las cuales, se realizan “jugadas”, a favor o en contra de las “piezas” que, a su vez, representan los intereses de un conglomerado, quienes al final de la “mano”, decidirán prolongar o no, cuatro años más.
Quienes están en el tablero político, en su calidad de ejecutores de los plane y estrategias, no pueden confiarse aun obtengan la mayoría de la piezas. Lo que importa es, la importancia de sus movimientos entre los oponentes, ya que, tanto en la política como en el ajedrez, un “Peón”, puede detener el avance de un “Alfil” y, hasta “comerse” a una “Reina”, para darle jaque al “Rey”.
Si comparamos el tiempo que dura, una partida de ajedrez con un cuatrienio, el hecho de haber ganado una “mano”, e ir en busca de otra, no debe el jugador, pensar que seguirá esa ruta de conquista, si no pone atención, en la debida colocación de las piezas y, definir el objetivo fundamental de su posicionamiento en el tablero político.
A veces, no es conveniente realizar el juego de los intercambios de piezas, como suele suceder entre jugadores recién entrenados en el tablero, cuando se establece una estrategia fuera de contexto, como son: “Peón por Peón, Caballo por Caballo, Alfil por Alfil”, etc. Lo mismo sucede en las designaciones de cargos: “Malpica por Quevedo, Quevedo por Malpica”. En ambas manifestaciones, se deja entrever que el ajedrecista no cuenta con las estrategias necesarias para enfrentar a su oponente. Igual sucedería en política, que se manda un mensaje, cuando quitan de aquí para poner allí.
La salida “Peón 4, Rey”, no define, a priori, si un jugador es experto o no. Depende de la reacción que asuma, después de la jugada del oponente. A partir de ese momento, se puede advertir, si hay estrategia y sabiduría en sus movimientos. Un político, siempre ha reclamado a la ciudadanía que un periodo o un cuatrienio, no es suficiente para desarrollar los objetivos incluidos en su plan de gobierno.
En el caso del ajedrecista, ya de antemano, debe saber que cada vez que termina una partida, debe cambiar de color de las fichas. En esta jugada te tocan las negras y en la otra, las blancas. En el caso de un político, es diferente, en cada partida, se inclina en jugar con el mismo color de las fichas. Quizás, se puede interpretar como una buena defensa; pero, también habría que considerarlo como un gambito.
Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense



