SANTO DOMINGO, RD.- Recientemente, se celebraron unos intercambios de prisioneros entre la Federación de Rusia y los Estados Unidos de Norteamérica, elemento que debe ser visto como un hecho altamente positivo en el escenario geopolítico, propendiendo, de una u otra forma, a distensionar la atmósfera excesivamente cargada, que vislumbra la ocurrencia de una gran escalada hacia el inicio de la tercera guerra mundial, con catastróficas consecuencias y con el riesgo de propiciar la extinción de la humanidad, por más búnkeres que existan en la geografía planetaria para salvar muchas vidas, si tomamos en consideración la nefasta alteración que sufrirían todos las reservas de combustibles existentes en la superficie y subsuelo terrestre, en los ecosistemas, la atmósfera y los cataclismos que se generan en los mares, ríos y océanos, afectándolos como reacción en cadena por los efectos mortíferos de las bombas nucleares, de sus ondas expansivas y radiación en gran escala a nivel global.
Con respecto a estos intercambios, llevados a cabo por la interrelación existente entre las diversas agencias de inteligencias y los servicios de seguridad de Rusia, Estados Unidos y de otros países de la Unión Europea, donde para nadie es un secreto por más propaganda en demasía que se hagan a través de los medios de comunicación para decir lo contrario, taparlos o lavarse las manos, cada quien vela por los propios intereses de sus respectivos países en la medida que entiendan deben hacerlos y mediante los métodos más idóneos y eficaces que sugieran las circunstancias en aplicar para lograr sus objetivos sin en el menor riesgo posible para los ejecutores y de la manera más encubierta posible e inimaginable.
Aunque sea su legítimo derecho y en función de sus intereses, que no hace mucho bien a la causa y por el contrario le echa un poco más de leña al fuego que se ha tratado de extinguir, cual pasta de jabón en el sancocho, las declaraciones de la presidenta de la Unión Europea, al catalogar como personas sanas de corazón, de buen vivir y de bien, refiriéndose a los prisioneros que entregó Rusia y por el contrario, señalando, que los recibidos por la Federación de Rusia, entregados por occidente, eran terroristas, personas de mal y del mal vivir. Los rusos para ella, demonios del eje del mal y los occidentales son santos y del eje del bien. Unos provenientes del infierno bajo la tutela de satanás para esparcir el mal y los otros enviados desde el paraíso por Dios para practicar el bien. Al margen de todo esto, en ambos lados, mansos, cimarrones y/o cumpliendo con su deber. Cada quien juega como entienda, pues la “vida es la ruleta en que apostamos todos”.
Independientemente de cualquier apreciación e inclinación política en la manera de ver las cosas, los hechos son los determinantes y tratar de restarle importancia, aunque sea una postura mediática, es algo que traspasa los límites de la razón, la lógica y el sentido común, en un mundo altamente provisto de herramientas tecnológicas e informativas, alternativos o tradicionales, en los cuales los acontecimientos son presentados, en contraste analítico, para que cada quien pueda discernir sobre los mismos y formarse su propia idea de manera particular y convincente en su psiquis, siempre y cuando no se esté idiotizado, obnubilado, narcotizado o parcializado por paga o por convicción, para ver las cosas “según el cristal con que se mire”.
¿Qué calificación jurídica tiene en el derecho interno y en derecho público internacional y humanitario al constatarse las actuaciones de un combatiente que ha cometido crímenes de guerra y de barbarie contra la población civil, o que haya sido capaz de poner en una explanada tendidos en el suelo a civiles y soldados contrarios cautivos y pasarle por encima de sus cabezas con un camión?
¿Qué pena se les impondrían partiendo de las evidencias y los elementos constitutivos?
¿Serán de lesa humanidad o la visa hacia el paraíso o al infierno?
“Por sus frutos os conoceréis”.
Desde otra arista en la unión de las piezas del rompecabezas de las tensiones globales, es de vital importancia las comunicaciones que se llevan a cabo entre los entres críticos de la Federación de Rusia y Estados Unidos de Norteamérica, sobre aspectos medulares, principalmente, de los escenarios bélicos ucranianos, sobre aspectos del envío de armas y su uso contra civiles, los vuelos de aviones de diversas categorías sobre naciones y mares que bordean Rusia, los F-16 y sus bases de operaciones fuera de Ucrania, en el entendido, que se convierte en objetivo legítimo todo territorio que albergue y desde las cuales despeguen esas aeronaves para atacar La Federación, así como de otros temas que son necesarios para mantener distante una conflagración entre Rusia y los Estados Unidos-OTAN, a menos que sean solo posturas mediáticas y en el trasfondo se pretenda activar una entrada frontal en el conflicto, aunque lo veo muy lejos, por ser una medida descabellada donde no habrá vencidos ni vencedores. Ojalá nunca ocurra, la sangre no llegue al río y se eche mucha agua al vino.
De igual manera, esas últimas y constantes reuniones que se están produciendo y se producen entre los Estados Unidos, Rusia, Arabia Saudita, Egipto, Jordania, Irán y otras naciones, para tratar de aliviar las tensiones beligerantes en Medio Oriente, son de un alto valor incalculable para también evitar una guerra que involucre a grandes potencias nucleares, aunque de una u otra forma lo estén, directa o indirectamente.
Irán, con su legítimo derecho para responder a Israel al amparo del derecho internacional y por más énfasis que se le imprima a la venganza y sus efectos, será una acción que no conllevará los resultados que podrían causar, por diversas razones que se pueden analizar desde los ángulos militares, estratégicos y políticos, no pretendiendo, por más que se desee, un nivel de alzada critica de cualquier nota belicista que altere el pentagrama geopolítico desequilibrando la melodía que hasta ahora se entona. El país persa posee enormes capacidades; pero saben lo que hacen y deben hacer, en función de sus intereses, más allá de verse arrastrado en un evento que lo amerite.
Por Jorge A. Abreu Eusebio



