SANTO DOMINGO, RD.- Adolfo Hitler, en sus desmedidos y quiméricos deseos de dominar el mundo, invade la Unión Soviética con la idea de capturarla en tres meses y el objetivo de humillar a Joseph Stalin, como lo hizo con los franceses, sueño que se convirtió en una de sus peores pesadillas que lo torturarían y atormentarían por el resto de sus días. Había subestimado al pueblo soviético y a su capacidad para hacerle frente al mayor ejército del mundo en aquel entonces, puesto para él los rusos eran una raza inferior que debería ser exterminada, corolario que formaba parte principal de sus macabros sueños. Rusia se convertiría en la mayor tumba donde quedó sepultado a gran escala el nazismo, a costa de sacrificios enormes e increíbles hazañas realizadas en defensa de su patria, poniendo en evidencia, una vez más, la firme determinación de un pueblo marchando bajo el estandarte del valor y de una férrea unidad homogénea para salir victorioso sin importar los obstáculos a los cuales debe enfrentarse.
Los nazis iniciaron una gran ofensiva para tomar bajo su control Stalingrado en el ocaso del verano del año 1942, con la intención de arrasarla por completo, cometer sus acostumbrados genocidios y concomitantemente, apropiarse de las reservas de petróleo existentes en el Cáucaso. En esta sangrienta operación fueron derrotados en febrero de 1943, significando éste gran revés alemán y de sus aliados, el punto de quiebre que marcó el resultado de la Segunda Guerra Mundial, donde el ejército nazi jamás retomaría su arrolladora fortaleza, ni lograría después de este evento catastrófico ninguna victoria en el Frente Oriental contra el ejército Rojo. Aquí se detuvo el nazismo y el principio del ocaso de las fuerzas de Hitler y su Tercer Reich.
Después de esta derrota sufrida en Stalingrado, Adolfo Hitler imagina como revertiría la desmoronada moral de su ejército y aliados para que sigan combatiendo, así como mermar las capacidades soviéticas, con la férrea convicción de obtener una gran victoria debida al poder de sus nuevas y modernas armas. Bajo estas premisas, invade la ciudad rusa de Kursk con una gran ofensiva, logrando, con mucho sacrificio y grandes pérdidas de vidas y equipos militares, posicionarse en una franja que no superaba los doce (12) kilómetros por un lado ni los treinta y cinco (35) kilómetros por el otro extremo, durante la primera semana de combates.
Otra vez se puso a prueba la entereza y determinación de los rusos, quienes lanzaron una contraofensiva, agotando y diezmando al ejército alemán, frenando su avance y derrotándolo final y definitivamente en el lapso de los cincuenta días que duró la incursión nazi en Kursk hasta el 23 de agosto de 1943.
En este mes de agosto del 2024, la historia se repite con nuevos actores, con similitudes y con objetivos idénticos a los perseguidos con la invasión a Kursk de 1943.
Debido al gran revés del ejército ucraniano y aliados en los frentes de batalla, es necesario hacer unas maniobras militares que puedan ser vendidas como exitosas en los medios de propaganda, alentar a la movilización, levantar la moral para el combate, cumplir con lo pactado con los patrocinadores, tratar de infligirle alguna derrota a Rusia y disminuir sus capacidades bélicas, controlar los primeros días una extensión superficial de treinta (30) kilómetros de territorio ruso, contando con las armas suministradas por occidente y su autorización expresa de sus usos, inteligencia y asesoría de la OTAN, así como de contar con combatientes suministrados por esta.
En esta ocasión la incursión en Kursk ha dejado al desnudo las mismas acciones perpetradas por los nazis al disparar, cual presas de caza, contra su población civil, ambulancias, sanitarios y periodistas, premisas que al ser vistas desde la óptica del Derecho Internacional y Humanitario, contienen los elementos constitutivos del terrorismo y crímenes de guerra; mientras, se vende todo lo contrario en los medios de propaganda y los mecanismos de tutela y control creados para juzgarlos y condenarlos, siguen como Shakira: “ciegos, sordos y mudos” y eso no es buen indicativo.
Según el desarrollo de los acontecimientos en Kursk, los objetivos perseguidos han sido infructuosos, no logrando avanzar hasta los treinta (30) previstos ni llegar hasta las centrales nucleares y aquí nos preguntamos: ¿Por qué no se han pronunciado los organismos que deben velar por el castigo de actos de ataques con misiles contra las dos centrales nucleares instaladas en Kursk y la de Zaporiyia? ¿Qué pasará si algún misil o dron impacta sobre una de estas centrales y se provoca un catastrófico accidente? ¿Eso es los que están esperando ocurra para tirar el dado cargado al otro? ¿Cuál será la respuesta de la Federación de Rusa si esto ocurriera? ¿Será el fin que persiguen para empezar una guerra nuclear o quitarse de una vez el peso que Ucrania representa en sus hombros a costa se su sufrimiento? Honestamente, esto preocupa y debe preocupar a todo el mundo, amén de sus creencias políticas, étnicas, religiosas o de cualquier otra índole.
En aquella ocasión después de la derrota nazi y aliados en Kursk, por parte de la Unión Soviética vino como consecuencia de la misma el ajuste de cuentas con el avance hacia los pueblos ocupados por los alemanes. Aquí en esta ocasión, por acción y reacción, pasará lo mismo y le han dado a Rusia una herramienta legítima para que amplie su zona sanitaria o de amortiguamiento para ocupar los territorios ucranianos limítrofes con sus fronteras y a los de la Península de Crimea: Odesa, desde donde se han perpetrado varios ataques a las poblaciones civiles rusas.
El campo de batalla en Kursk ha puesto otra vez más a prueba la unidad y determinación de los rusos. Con la matanza de civiles y periodistas a mansalva han sacado a flote elementos que ejecutarán contra los perpetradores por sus acciones, más allá de las normas del derecho internacional y humanitario, lo cual es entendible, si usted se pone en sus zapatos.
En Alemania han expresado “el orgullo de ver nuevamente los tanques alemanes incursionando en Kursk”. Desde Rusia se escucha “será un placer ver nuevamente arder hasta sus cimientos los tanques nazis y derrotarlos con la misma determinación y valentía que como los hicieron nuestros antepasados”.
Si Stalingrado representó el mayor revés nazi y Kursk los puso al borde del precipicio, los hechos actuales en esos mismos escenarios bélicos, poniéndolos en contexto, evidenciarían: las derrotas en el frente de batalla de los ucranianos y aliados, representan el vislumbramiento de su inminente derrota; el desenlace en Kursk y otras acciones paralelas que pongan en práctica, se podrán constituir, por sus consecuencias, en su jaque mate en el ajedrez del teatro de operaciones hasta poner en peligro su posible existencia como Estado, o en su defecto, contra todo pronóstico, poner a Rusia una camisa de fuerza que será determinante en la mesa de negociaciones, si ocurrieren; de lo contrario, operaría en su contra.
La Tercera Ley de Newton nos dice, que: “cada acción trae como consecuencia una reacción de la misma intensidad; pero, en sentido contrario”.
Esperamos en Dios que nada se salga de control, siempre tomando en consideración las circunstancias imperantes en los escenarios políticos-militares preexistentes y consecuentes, con sus posibles y probables variables.
Por Jorge Abreu

