FLORIDA.- La opinión generalizada entre los analistas más respetados de la cuestión política y social de Venezuela es que los días de Nicolás Maduro en el poder están contados. Hay muchos que se aventuran a pronosticar que no llegará a terminar lo que queda del 2024 para que se produzca el quiebre rotundo, total y definitivo de ese gobierno. Incluso la famosa astróloga o vidente conocida como Mhoni ha comunicado que no pasará de noviembre de este año sin que se produzca una salida del actual régimen que controla al país.
Personalmente no soy de los que se inclinan a darle crédito a los pronosticadores de la fortuna que se basan en consultar los planetas, las cartas u otros medios no convencionales, aunque tengo que admitir que algunas veces se cumplen sus vaticinios por la razón que sea. En realidad, no se necesita ser un mentalista ni espiritista para darse cuenta de que la situación que rodea al grupo gobernante de Venezuela es insostenible. Los resultados comprobables de las elecciones del 28 de julio que le otorgan una amplia ventaja al candidato de la oposición son más que evidentes en ese sentido.
Nunca como ahora ha habido un consenso tan sólido entre los gobernantes de las naciones del planeta y las organizaciones que los aglutinan. La OEA, la ONU, la Unión Europea (UE), entre otros han exigido de manera enfática que se muestren los resultados de las elecciones a través de las actas oficiales de votación, antes de reconocer al presidente electo por los votantes venezolanos. Incluso, gobernantes que ideológicamente se ubican dentro de la corriente socialista, como es el caso de Gustavo Petro de Colombia y Lula da Silva de Brasil, se han abstenido de darle a Maduro el reconocimiento oficial como ganador de las elecciones.
Otro factor que nos puede ayudar a pronosticar la salida a corto plazo de la presente crisis venezolana es el estado de desesperación en que han caído los miembros del grupo de apoyo del gobierno de Venezuela, especialmente Nicolás Maduro. Ya no se limita a las metidas de pata o déficit de inteligencia a que nos tenía acostumbrados, sino que se hace evidente un estado de pánico y desesperación en sus declaraciones a través de los medios. Después de las elecciones ya no se muestra tan confiado en sus fuerzas. Ahora entra en un nivel de debate y contradicciones que dan pena o vergüenza. Se le ve desmejorado, pujilateado y contradictorio.
Ha expresado opiniones muy adversas y ofensivas contra personas reconocidas como Musk, Bukele, Miley, Boric, Abinader, El Puma, Lula, Petro, sin contar la forma abusiva e irrespetuosa conque ha tratado a miembros del clero, al candidato opositor Edmundo y a la líder indiscutible de la oposición María Corina Machado. Es como si quisiera ganarse a todo el mundo de enemigo. Al mismo tiempo al parecer se está produciendo un quiebre significativo en las fuerzas armadas venezolanas, la cual le había servido de base de sustentación durante los años que ha estado en el poder desde que Chávez lo señaló como su sucesor.
Ya no cuenta con los grupos que antes eran seguidores incondicionales de Chávez (chavistas) y muchos de los que lo rodean parecen estar dudando al darse cuenta de que ya no se da lo que se daba. Los que antes estaban habituados a recibir su porción de beneficio al parecer ahora no ven tan claro el beneficio que le reportaría seguir apoyando a una persona que muestra tan alto grado de inseguridad y contradicción.
Lo que muchos no se atreven a vaticinar es lo que yo personalmente estoy viendo muy claro. La onda socialista o “marea roja”, como solía llamarle Chávez, la cual avanzó con tanto ímpetu en América Latina desde principio de siglo, Está llegando a su fin. Numerosos factores nos sirven como indicadores de esta brutal caída:
Ya no se cuenta con la figura emblemática y, para muchos inspiradora, de Fidel. Por otro lado, ha sido más que evidente la incapacidad de respuesta de los gobernantes socialistas a la problemática de los pueblos; como ejemplos innegables podemos citar fracasos como Rafael Correa en Ecuador, Pedro Sánchez en Perú, Evo Morales en Bolivia, Díaz Canel en Cuba, Daniel Ortega en Nicaragua, Alberto Fernández en Argentina y muchos otros. Hay un consenso generalizado de que estas formas de gobierno traen miserias y empobrecen a los pueblos en vez de ayudarlos a avanzar. El Foro de Sao Paulo ha perdido vigencia, la internacional socialista es un fantasma sin rostro, sin pelos y sin señas.
No me cabe la menor duda de que la inminente caída de Maduro en Venezuela ha de desencadenar un efecto de dominó que se llevará por delante a la mayoría si no a todos los actuales representantes de la corriente socialista en América Latina y en otras partes del mundo. Los que de ellos puedan sobrevivir a esta corriente transformadora, lo harán gracias a un cambio inteligentes en su forma de gobierno y en su postura frente a las necesidades y demandas de los pueblos. Esas señales de sobrevivencia las podemos vislumbrar, aunque de manera aún muy tímida, en el presidente de Brasil Luis Ignacio Lula da Silva.
En poco veremos surgir una camada de gobernantes jóvenes, moderados, sin extremismos de izquierda ni de derecha. Lideres de nuevo cuño con una alta sensibilidad y conciencia de las necesidades integrales de la humanidad. Personas con un nuevo corazón y una nueva mentalidad.
POR HUGO R. GIL




Muy buen artículo. Gracias por brindar esa esperanza!!! Saludos desde Orlando Florida