SANTO DOMINGO, RD.- República Dominicana es un país lleno de gente alegre; a la mayoría le gusta hablar alto, reír, bailar, jugar, tomar tragos, cantar, de ahí que tenemos centros de diversiones por doquier, hasta en los colmados.
La discoteca Jet Set, con alrededor de 50 años funcionando, era uno de los más atractivo y solicitado; su tradicional “Lunes del Jet Set”, con música de merengue en vivo, fue un hogar para los merengueros. Nunca lo visité, pero era frecuentado por todas las clases sociales; dicen que era el mejor ambiente para todos los gustos, edades, exigencias; llevaban orquestas y cantantes locales e internacionales, que encendían de alegría el escenario. El pasado 8 de abril, estaba un reconocido cantante, su orquesta y alrededor de 500 personas; en plena fiesta el techo se desplomó y los arropó a todos; muchos fallecieron, otros resultaron heridos.
- ¿Qué pasó? Lo están investigando.
Lo sucedido en esta discoteca debe ser cuidadosamente analizado, ponderado con objetividad, cautela, prudencia, con criterios normativos, no personales. A veces, la envidia, ambición, la politiquería, los negociantes inescrupulosos buscan destacarse y obtener ventajas económicas hasta en las desgracias, poniendo en segundo plano, la pérdida de seres queridos; se concentran en lo material, olvidan lo espiritual y que Dios observa y da pellizcos para probarnos.
Es posible, que esta tragedia sucediera por fallas materiales, del edificio, pero hay un llamado espiritual; debemos buscar las lecciones que se desprenden de ella; es fácil señalar culpables, ¿y las razones? Recordemos que los visitantes llegaron voluntariamente a disfrutar y los dueños y familiares eran fijos en el lugar; pidamos a Dios luces, para juzgar.
Todo parece indicar, que la misión del Jet Set era que la gente se divirtiera, en un ambiente familiar; muchos lo hacían desde décadas y en ese escenario conocieron grandes artistas, celebraban aniversarios de bodas, cumpleaños, etc. Los dueños querían que los clientes se sintieran cómodos, seguros, felices; el derrumbe del techo los sorprendió, así como a empleados y asistentes; jamás pensaron que eso ocurriría, lo hubiesen evitado, de ninguna forma le convenía; tampoco lo pensaron los visitantes, algunos fallecidos y heridos ni sus familiares y amigos.
El pueblo está muy triste; la tragedia dejó sin vida a 232 seres humanos, cientos de heridos, huérfanos, desempleados, enfermos mentales. No me explico como en pleno duelo, en medio de lágrimas y dolor, algunos familiares de las víctimas buscaron abogados y entraron con prisa, reclamando “indemnización económica”, como si con ella, se le devolviera la vida a los que partieron; aunque quizás les alivia la pena, procede mantener la calma, todo a su debido tiempo; en estos días, es más relajante recordar que sucedió mientras se divertían, orar y entender la señal divina.
De este evento tan penoso, se desprenden múltiples lecciones, dentro de ellas, que no importa el lujo, riqueza o poder que tenga, ni que sea pobre, las tragedias llegan, inesperadamente y la muerte, nadie sabe cuál es el día pero “todos para el mismo hoyo” sin llevar nada, de ahí la importancia de estar espiritualmente preparados ; “no todo lo que brilla es oro” ; los gobiernos para proteger la población deben exigir que las infraestructuras de las edificaciones de uso colectivo, pública o privada, sean revisadas cada determinado tiempo; procede una Ley para fiscalizarla; debemos proteger la estabilidad familiar ; ¡nunca olvidar a Dios! .
Indiscutiblemente, esta tragedia es para que reflexionemos; la discoteca Jet Set fue un centro de catarsis, de energía positiva, de diversión, para los asistentes; el uso futuro de este espacio debe ser bien ponderado, traerá lluvia de variados recuerdos, pues si bien es cierto que terminó en una tragedia que lleno de luto muchas familias y la nación, no es menos cierto que pasó décadas llenando de vida, de alegría, la población ; por tanto, para que podamos vivir tranquilos y los difuntos descansen en paz, ayudemos la justicia y las familias , con objetividad.
Por Venecia Joaquín



