NUEVA YORK.- En la República Dominicana, las redes sociales se han convertido en un escenario donde se manifiestan diversas identidades y narrativas, especialmente en el contexto de la era de la posverdad. Este fenómeno, caracterizado por la distorsión de la realidad y la prevalencia de emociones sobre hechos objetivos, ha llevado a muchos usuarios a adoptar «disfraces» digitales que no siempre reflejan su auténtica personalidad o creencias.
Uno de los aspectos más destacados de este fenómeno es la manera en que las personas presentan versiones idealizadas de sí mismas. En plataformas como Instagram y Facebook, el cambio de contenido se ha vuelto esencial, llevando a los usuarios a compartir solo aquellos momentos que consideran más atractivos o exitosos. Este comportamiento no solo afecta la percepción que otros tienen de ellos, sino que también influye en su propia autoestima y bienestar emocional.
Además, la propagación de información falsa es otro «disfraz» que se ha vuelto común en esta era. La facilidad con la que se comparten noticias y opiniones ha permitido que la desinformación se propague rápidamente, creando una realidad alterna que puede afectar la opinión pública y el comportamiento social. Los usuarios, al compartir contenido sin verificar su veracidad, contribuyen a la confusión y polarización de la sociedad.
En este contexto, es crucial que los dominicanos desarrollen un sentido crítico hacia la información que consumen y comparten. Fomentar la alfabetización mediática puede ser una herramienta poderosa para contrarrestar los efectos negativos de la posverdad. Al aprender a discernir entre la realidad y la manipulación, los usuarios podrán despojarse de los disfraces digitales y presentar una versión más auténtica de sí mismos.
La era de la posverdad en la República Dominicana ha transformado la manera en que interactuamos en las redes sociales. Los diferentes disfraces que adoptamos reflejan no solo nuestras inseguridades y deseos de aceptación, sino también un entorno donde la verdad se vuelve cada vez más subjetiva. Es fundamental que, como sociedad, trabajemos hacia una comunicación más transparente y auténtica, promoviendo un diálogo abierto y honesto que contribuya al bienestar colectivo.
Por Nelson Rojas



