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El PRM: su moral en calzoncillos y pantis según les convenga

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El PRM: su moral en calzoncillos y pantis según les convenga

NUEVA YORK.- En la República Dominicana, el discurso de la ética política ha sido muchas veces un recurso decorativo, más que una convicción firme. Hoy, ese discurso vuelve a tambalearse, y el escenario es el Partido Revolucionario Moderno (PRM), una organización que llegó al poder prometiendo un nuevo orden institucional, respeto a las normas y transparencia. Sin embargo, lo que estamos presenciando en estos momentos se aleja de esa promesa.

La moralidad del PRM parece vestirse según la ocasión, a veces en panti y otras en pantaloncillo, según a quién le convenga. Es una moralidad selectiva, que se ajusta, se estira y se encoge a conveniencia. Lo más reciente y evidente es la participación activa de la actual secretaria general del partido en una campaña presidencial, a pesar de que los estatutos del propio PRM lo prohíben claramente.

Los estatutos del partido son inequívocos: el presidente y el secretario general no pueden aspirar a la candidatura presidencial mientras ostenten esas funciones. Este principio existe por razones obvias: evitar ventajas desleales, el uso de recursos partidarios en beneficio personal y garantizar una competencia justa. No obstante, la secretaria general ha decidido lanzarse al ruedo electoral sin renunciar a su posición, en franca violación de las reglas internas y del espíritu democrático que el partido pregona.

Esta situación no solo viola los estatutos del PRM, sino que también pone en entredicho el respeto a las leyes y la institucionalidad que tanto dice defender. ¿Con qué calidad moral podrá el partido reclamar orden, disciplina y transparencia cuando no es capaz de aplicarlas en su propia casa?

El doble discurso es cada vez más evidente. Se exige moral y cumplimiento desde la oposición, pero cuando se trata de los suyos, se hace la vista gorda. El pueblo no es tonto; observa y evalúa. Y aunque muchos actores políticos subestiman la memoria ciudadana, esta suele activarse en momentos claves.

La democracia dominicana no se construye con discursos bonitos ni promesas vacías. Se construye con coherencia, con el ejemplo y con el respeto absoluto a las normas, empezando por las propias. Lo que hoy vemos en el PRM es, lamentablemente, una muestra más de que cuando se trata de poder, la moral puede quedarse en ropa interior.

Es tiempo de que el PRM decida si quiere seguir siendo un partido diferente o simplemente convertirse en una versión renovada de lo que criticó en el pasado. Porque si continúa practicando esta “moralidad en panti y pantaloncillo”, será difícil convencer a la ciudadanía de que representan el cambio que alguna vez prometieron.

Por Radames Garcia

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