SANTO DOMINGO, RD.- Hay historias de vida que merecen ser escuchadas, algunas despiertan sonrisas y satisfacción por la capacidad de los seres humanos de superar pruebas tan duras, que romperían por dentro a la mayoría de nosotros, son situaciones que llevan al límite a ese espíritu indomable que nos distingue como corona de la creación.
Otras en cambio, sacan a la luz la maldad que llevamos dentro, la capacidad que tenemos de hacer daño a nuestros semejantes, esa mezcla de diablos y dioses que nos hacen ser esta especie capaz de los mayores sacrificios por los demás, y también de las maldades más increíbles.
Una mezcla de esas características es la increíble historia de Affe Gutiérrez y Sarah Pepen, el primero de profesión piloto y la segunda figura de la televisión nacional, que parece fueron juzgados y condenados en ausencia, por un grupo de personas que, empujados por un hombre despechado, se convirtieron en sus verdugos, por haber cometido el único delito del que nadie se puede escapar, enamorarse.
Para que tengamos una idea del pantano de estiércol en qué se puede convertir el sistema de justicia de la República Dominicana, usado complacer los deseos de una persona ensoberbecida de poder, solo habría que escuchar el calvario a que fue sometido Affe Gutiérrez; un carnaval de acusaciones por un hecho que no cometió, más 27 meses metidos él y su padre, en ese cementerio de hombres vivos que llaman cárcel de la Victoria.
Hablamos de abusos en «justicia» que iniciaron por el despecho de quien se siente protegido por la posesión de medios de comunicación masiva a los que, aparentemente y por varias décadas, diferentes gobiernos se han sometido al chantaje para ocultar sus pecados.
Parece que el señor Gómez Díaz es tan poderoso, que fue capaz de convencer a varios procuradores de la República, a tres presidentes y a un montón de jueces y fiscales, para que se persiga hasta el día de hoy, a una pareja de jóvenes, cuyo único delito fue enamorarse, y quiso vengar su despecho usando una fuerza de persuasión que solo puede ser explicada por la posesión de secretos vinculados al poder.
Para especular sobre los porqués, a los que conocemos a los actores de este drama vergonzoso, para nada es un secreto de porque el entonces procurador general de la República Radhames Jiménez trasladó la acusación del DN a SDE, es que el fiscal de esa jurisdicción, Perfecto Acosta, ha sido siempre uno de sus protegidos y suponemos no se resistiría a cumplir una de sus órdenes directas.
El calvario a que fueron sometidos Affe y Sarah, es lo más parecido a un increíble abuso de poder que aún hoy en día se quiere prolongar, de sentencia en sentencia, lo condenaron, usando jueces venales, dos veces a 30 años de prisión, para al final, y nos imaginamos con vergüenza y asco frente a tanto abuso, obtener una sentencia firme de absolución de parte de la Suprema Corte de Justicia.
Y ahora, cuando consiguen una sentencia SIMBOLICA de unos miserables 10 millones de pesos, que es la condena al ESTADO DOMINICANO por un daño IRREPARABLE a sus nombres y vidas (¿Quien les devuelve todo el tiempo que han perdido) se intenta revictimizarlos alargando más el suplicio y usando chicanas jurídicas de parte de la procuraduría general de la República.
¿Pero y cuanto es que vale el despecho de un hombre que, aparentemente se cree muy macho, pero se despertó con que una mujer lo botó y lo cambió por otro?
Eso deberían responderlo los expresidentes Leonel Fernández y Danilo Medina; el hoy presidente Luis Abinader; los ex procuradores Radhames Jiménez, Francisco Domínguez Brito, Jean Alain Rodríguez y Miriam Germán; el ex fiscal Perfecto Acosta y todos los jueces y fiscales usados para perpetrar este abuso de poder contra esa pareja de jóvenes dominicanos, que nunca debieron pasar por el infierno a que fueron sometidos.
Ni que este país se llamara Sicilia, dónde los hombres son dueños de las mujeres.
Por Humberto Salazar

