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El Presidente “visita” la Suprema Corte

La Suprema Corte de Justicia se estableció en 1789 y en esos 237 años, esta es la primera vez que un presidente en ejercicio pleno asiste a sus debates, ¿Qué lo habrá movido a hacerlo?

NUEVA YORK.- Puede que alguien piense que todo ha sido una casualidad, pero bien sabemos que Donald Trump -que siempre luce espontáneo, aunque algo planificado- nunca deja cabos sueltos; y los que ha dejado, es porque el mismo los evidencia con esa locuacidad de la que casi no se puede desprender.

Él necesita hablar permanentemente y desde luego, “el que mucho habla, mucho miente o cuando menos mucho yerra, pero también dice muchas verdades”. De modo que su incontinencia verbal le genera situaciones controversiales, pero no es que no las haya pensado, es que se le escapan del libreto mental.

Antes de visitar la Corte Suprema, ya les había mandado un adelanto de lo molesto que se sentía, porque gente a quienes él distinguió nombrándolos en uno de los más importantes cargos del sistema de justicia nacional, de pronto, quieren “jugar a ser independientes”……, y eso él no lo admite, ni tampoco lo entiende.

Mi abuelo Jacinto Heredia decía que, “hasta para ser bruto hay que estudiar”, pero hay cosas que se saben hasta sin saber leer. A eso le llaman “sentido común”; que no es más que la capacidad de los seres humanos para usar el cerebro que Dios nos dio, al momento de pensar y actuar; diferenciando el bien del mal, lo correcto de lo impropio, la lógica de la casualidad.

El discurso de vuelta al poder y sus inconsecuencias
ROLANDO ROBLES

Parece que mi presidente -y compañero de partido- no alcanza a comprender que cuando se nombra una persona en un cargo vitalicio, es lo mismo que comprarle un “seguro contra incendio”; esa persona “ya no es suya, usted ya no la controla”, y separarla del cargo le puede resultar muy difícil, y a veces hasta imposible.

El caso más representativo de este rollo que les cuento, es el del honorable juez Brett Michael Kavanaugh. El presidente Trump lo propuso en el año 2003 para la Corte de Apelaciones del Circuito del Distrito de Columbia, pero su confirmación resultó muy polémica y no fue hasta el año 2006 cuando el Senado lo confirmó.

Posteriormente, el 9 de julio de 2018, Trump lo propuso para la Corte Suprema y fue confirmado en el Senado el 6 de octubre. Esta vez también fue muy debatida su confirmación, porque se le acusó -al parecer falsamente- de abuso sexual contra algunas jóvenes estudiantes, supuestamente ocurridos unos 30 años atrás.

Sabrá Dios cuanto hubo de maniobrar el Presidente para que su pupilo fuera al fin confirmado, en ambas oportunidades. Recuerden que Kavanaugh, además, jugó un papel relevante -cuando fue ayudante del honorable juez Kenneth Starr- en el famoso affaire del presidente Clinton con la becaria Mónica Lewinsky, donde el polémico juez buscaba la destitución del mandatario por su comportamiento en el caso que envolvió a la señorita Lewinsky.

Es oportuno recordar también el papel jugado por Kavanaugh en el reconteo de los votos electorales de Florida en las elecciones del año 2000, cuando formó parte del equipo que “trabajó en los tribunales” la derrota de Al Gore, candidato demócrata y vicepresidente de Bill Clinton, al concederle el triunfo al candidato republicano George Bush hijo.

Estos dos eventos en los que participó Kavanaugh, lo convirtieron en objeto de ataque por parte los demócratas y Donald Trump, sin dudas, hubo de actuar para ayudarlo a salir de tales dificultades. Pero toda la solidaridad mostrada por Trump no es suficiente para que suponga que puede “narigonearlo” y tenerlo a su servicio en la Corte Suprema.

Sin embargo, vale también recordar que Kavanaugh no ha sido tan contestatario como sí lo han sido Neil Gorsuch y Amy Coney Barrett, los otros dos jueces que él propuso para la Corte Suprema y a los que ha insultado cuando afirmó que ambos eran “una vergüenza para sus familias”, porque se pusieron del lado de la mayoría al votar en su contra.

Estos hechos del pasado reciente, sirven para evidenciar la torpeza del presidente Trump cuando tomó la decisión de presentarse en la sección de la Corte Suprema y presionar con su presencia -única en los 237 años de historia- que tiene el más alto tribunal de Estados Unidos.

Quise traer estos datos al escenario actual, para poder evaluar el riesgo que corre el presidente Trump, cuando desafía con su presencia intimidante a los jueces del tribunal superior de este país. Ellos son los que habrán de decidir sobre las numerosas demandas que cuestionan la constitucionalidad de las acciones del Primer Mandatario.

Yo, que me confieso un humanista redomado, siempre creo que el homo sapiens es pro positivo y al abandonar su etapa nómada para asentarse y experimentar la vida sedentaria, agudizó el instinto grupal como norma de sobrevivencia y apostó al sentido colectivo, a la familia, al equipo, a la nación.

Y estoy muy seguro de que esos jueces que hoy componen la Suprema Corte, van a privilegiar su estatus de “vigilantes del orden moral y la equidad de la justicia”, más allá de su papel individual, reconociendo que son el último muro de contención para evitar que el tren se descarrile, víctima de la falta de tacto de un conductor tan irreflexivo como soberbio.

Es que en realidad, los jueces sienten que están por encima del bien y del mal; y yo pienso que aún con ese sesgo, ellos se colocan más arriba del promedio de los humanos al momento de interpretar las leyes y administrar justicia. También creo que hay una pequeña minoría que son venales y capaces de vender sentencias, pero, tal y como decía mi abuelo, ya citado antes, el asunto se explica con otra expresión del refranero popular: “ni el carnicero mata todos los días”.

Ya finalizando esta perorata de Semana Santa, quiero llamar su atención para otear en la chistera del sentido común y encontrar la conexión, si es que la hay, entre esta visita de Trump a la Corte Suprema -con su intención y sus evidentes resultados- y las interrogantes que se desprenden de su accionar en Medio Oriente, a fin de establecer quiénes han sido los ganadores de la especie de lotería gratuita en que nos han obligado a probar suerte.

• ¿Estados Unidos que cada vez está más fraccionado en su interior y más reducido en su influencia en el mundo exterior?

• ¿Los iraníes y su obsoleto régimen teocrático, que una y otra vez se acercan más al caos y a la pérdida de sus derechos ciudadanos?

• ¿los gazatíes que ya no pueden aportar más víctimas porque casi no hay vivos?

• ¿Los israelitas que multiplican sus enemigos de forma exponencial y una espada de Damocles pende siempre sobre su futuro?

• ¿Los chinos que simplemente aumentan su influencia mundial porque siendo la gran fábrica del mundo, pueden traspasar el aumento de precio del petróleo al precio que pagamos los que compramos sus productos?

• ¿Los europeos que tendrán que rascarse con sus propias uñas en el futuro?

• ¿Los demás países productores de petróleo, que viven entre dos fuegos?

• ¿O tal vez los rusos que hoy venden su petróleo a mejores precios y en mayor cantidad?

• ¿O quizás los latinoamericanos, que siendo el traspatio del imperio, también estamos cogidos entre dos o tres fuegos diferentes?

En realidad, son dos escenarios muy distintos pero, hay una clara conexión entre los dos momentos y las consecuencias que de ambos se desprenden. El elemento en común es sin dudas, la mente humana que pretende resolverlo todo con simples amenazas. ¿Cuál será el desenlace final en ambos casos?… ¡Vaya usted a saber!

¡Vivimos, seguiremos disparando!

POR ROLANDO ROBLES

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