SANTO DOMINGO, RD.- La gente no tiene idea del desmembramiento del PRM, porque hay un acuerdo con las empresas que auspician las investigaciones de las principales firmas encuestadoras, las cuales no divulgan estudios de opinión desde hace algún tiempo, pero las juramentaciones que se registran, en toda la geografía nacional, de perremeístas en la Fuerza del Pueblo es un hecho inocultable, con la agravante de carecer de doliente, porque el presidente Abinader muestra indiferencia total.
Cuando se producen renuncias masivas en una organización política se trata de una resta significativa, la cual toma ribetes de gravedad cuando simultáneamente esas personas se inscriben en la principal entidad política opositora, como en efecto lo es La Fuerza del Pueblo, conforme a los resultados de las elecciones de mayo de 2024 y a los números ofrecidos por distintas encuestas publicadas después de ese certamen comicial.
Nadie cuestiona el hecho que el Partido de la Liberación Dominicana es que tiene estructuras políticas a nivel nacional, pero la persecución judicial, desde el Ministerio Público, que llevó a la cárcel al entorno político, militar y familiar de Danilo Medina, mantuvo a ese partido a la defensiva y generó un terrible daño de imagen pública, descalificándolo como opción de poder para el 2024, principal causante de que millares se fueran en una primera etapa con la Fuerza del Pueblo y en una segunda fase con el oficialista Partido Revolucionario Moderno. Se contabilizó unos 40 alcaldes, decenas de regidores y varios diputados que pasaron al partido de gobierno.
Todos esos acontecimientos negativos se conjugaron para que Abel Martínez, que encabezó la boleta presidencial del PLD en 2024, apenas alcance un 10%. Es cierto que la cúpula de ese partido trabaja duro y las aspiraciones presidenciales internas garantizan cierta dinámica, sobre todo con el lanzamiento al ruedo de Gonzalo Castillo, que no deja de ser una figura graciosa y con carisma, pero esos datos solo contribuyen a impedir la muerte definitiva de los morados a corto plazo.
Ningún analista político, que se base en estadísticas y argumentos políticos irrefutables, ve al PLD como opción de poder para el 2028. Por lo menos en este momento. Y es que la percepción que tiene la mayoría de los dominicanos es que la contienda comicial presidencial del 28 sería disputada entre el PRM y la Fuerza del Pueblo. ¿Qué podría ocurrir para romper con esa percepción? La situación del PLD es desfavorable, porque inclusive su principal líder, Danilo Medina, está impedido constitucionalmente para ser candidato.
Y los rumores de alianza no le favorecen. La alianza que tenía que hacer el PLD era con la Fuerza del Pueblo para el 2024, que en un momento determinado pudo tener perspectivas de triunfo reales. Danilo solo tenía que imponer sus condiciones, porque a Leonel solo interesaba ser presidente de la República.
Sin embargo, los egos y viejas heridas impidieron la concertación.
Las circunstancias de hoy, empero, son muy diferentes y ese es un escenario que pertenece al pasado, superado, por lo que insistir con esa posibilidad es perder el tiempo.
Mientras tanto, el PLD está en un evidente dilema para el torneo electoral de 2024, pues tiene que escoger entre acudir con candidaturas propias o ir aliado. Si presenta su propia boleta presidencial el tercer lugar lo tiene asegurado, porque los dominicanos se inclinan mayoritariamente por las dos opciones principales, acaparando al grueso de los votantes. Las organizaciones que las encuestas otorgan tercer lugar en campaña llegan al día del sufragio muy disminuidas. Sobran los ejemplos.
La otra alternativa es alianza. ¿Con quién concertar? Pese a que ninguna autoridad del PLD ni del PRM ha hablado de la posibilidad de alianza entre esas entidades para el 2028 se especula con insistencia en torno a ese particular. Parece un simple rumor puesto a correr con cierto éxito.
Y en el hipotético caso de que se produzca esa alianza, podría anticiparse un eventual fracaso, que no impediría el desalojo del poder del partido gobernante. Es que en política 2 más 2 no es 4 necesariamente, como si se tratara de sumar objetos. Se puede asegurar: un alto porcentaje de peledeístas terminaría votando por la Fuerza del Pueblo si el PLD se une al PRM. Un pacto de ese tipo motiva necesariamente a recordar la Alianza Rosada entre el PRD y el PRSC en el 2006.
Además, la única probabilidad de concertación, aunque mínima, es si Carolina Mejía resulta ser la candidata presidencial del PRM, por los estrechos lapsos de amistad entre Hipólito Mejía y Danilo Medina, pero no es verdad que Medina podría garantizar un apoyo importante a la alcaldesa del Distrito, porque el PLD es un partido donde cada dirigente tiene sus propios intereses y perciben las diferencias de Danilo y Leonel como algo personal, no político.
Carolina Mejía tiene posibilidad de ser candidata presidencial del PRM, pero sería por un PRM desgastado por un ejercicio de poder sin obras que exhibir y matizado por la corrupción pública. Además, es mujer. Una candidatura femenina no deja de ser un experimento en un país machista, en el que ninguna fémina ha ocupado la jefatura del Estado.
Todavía hay quienes pretenden ofertar la idea de que un triunfo de Leonel Fernández es imposible por una supuesta tasa de rechazo. ¿Cuál rechazo? Muchos electores dominicanos, que tienen concepto de la oportunidad, rechazan a un candidato en la medida en que no tenga posibilidad de ganar, pero desde que las encuestas empiezan a otorgar porcentajes favorables inmediatamente cambian de parecer.
Este es un electorado que exhibe características especiales. Mientras en la mayoría de los países, donde se requiere 50% para ganar, siempre o casi siempre hay segunda vuelta, aquí es todo lo contrario.
Después que Leonel Fernández y Peña Gómez fueron a un balotaje en 1996 nunca más ha sido necesario la celebración de una segunda ronda. En el 2000, 2004, 2008, 2012, 2016, 2020 y 2024 hubo ganador en una vuelta. Y es por la misma razón que señalé más arriba: el dominicano no sufraga para quedar en tercer lugar.
Luce inminente, hasta el momento, que la competencia en el 2028 es entre el PRM y la Fuerza del Pueblo. Hay uno bajando y otro subiendo, no es sorpresa entonces que Leonel Fernández gane y que gane en primera vuelta. Puede ocurrir.
Pero no se puede obviar que quien maneja el presupuesto de la nación tiene mayor capacidad para maniobrar delitos electorales, en un país donde la gente pobre vende el voto. Todo depende en la medida en que Abinader se comprometa o no con el candidato o candidata de su partido.
Faltando algo más de un año Hipólito Mejía aventajaba con más de 20 puntos a Danilo Medina para las elecciones de 2012 y terminaron ambos en un empate técnico. El trayecto de aquí a mayo de 2028 es de dos años, por lo que se impone continuar con el trabajo agendado, sin la comisión de errores ni celebrar con anticipación.
Por Danilo Cruz Pichardo

