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Los políticos que pichan, aparan, batean y fildean en RD

Los políticos que pichan, aparan, batean y fildean en RD

Los políticos que pichan, aparan, batean y fildean en RD

“En el deporte yo sabía quién era mi adversario: siempre tenía una camisa de otro color. En la política no, en la política, quizás el peor adversario lleva la misma camisa de tu equipo.” Larry Seilhamer

SANTO DOMINGO, RD.- En la política dominicana, existe un tipo de figura que el pueblo ha bautizado con una metáfora beisbolera tan precisa como mordaz: los políticos que pichan, aparan, batean y fildean. Al igual que un utility player en el diamante que cubre cualquier posición según lo necesite el equipo, estos personajes no se limitan a un solo rol, se adaptan, cambian de bando oportunamente y hacen de todo con tal de permanecer en el juego del poder, las candidaturas, los puestos públicos o las prebendas que fluyen del Estado.

La situación es asqueante, no responden a ideologías firmes ni lealtades duraderas; su único principio es el oportunismo puro, asqueroso y peor que una prostituta con el periodo y que se limpia el trasero para tratar de alfabetizarlo. Sus lealtades faltarle las hemos visto en el PLD. la FP y el PRM, y el zigzag característico de putas camaleónicas de saltar de un partido con posibilidades.

Este fenómeno no es nuevo, pero en las últimas décadas se ha convertido en una constante que erosiona la credibilidad de todo sistema. Durante los gobiernos de PLD, miles de militantes y dirigentes menores (y algunos no tan menores) se mantuvieron fieles mientras el barco navegaba viento en popa; pero cuando Danilo Medina dejó el poder y el partido se fracturó con la salida de Leonel Fernández hacia la Fuerza del Pueblo en 2019, comenzo una estampida.

Muchos que juraban lealtad eterna al PLD terminaron juramentándose en la FP, y otros, al ver la victoria aplastante de Luis Abinader y el PRM en 2020, optaron por un tercer salto: del PLD o FP directo al oficialismo perremeísta. El patrón se repite cada ciclo. Y es tan sencillamente, no hay calidad moral.

Cuando un partido pierde fuerza o queda fuera de las posibilidades reales de triunfo, sus miembros más pragmáticos (o menos ideológicos) empiezan a buscar la boleta en la estructura ganadora o en lo que promete mejores cuotas de poder, como sucede ahora con los nuevos incumbentes que Leonel Fernández capta para la Fuerza del Pueblo, verdaderas bailarinas con bikini y todo.

El resultado es una clase política donde la “chaqueta” se cambia con más frecuencia que la camisa. Hay quienes en menos de 15 años han militado en tres, cuatro o cinco organizaciones politicas: PRD en sus tiempos de gloria, PLD durante los gobiernos de Fernández y Medina, FP tras la división leonelista y ahora PRM como el partido de gobierno.

Diputados, senadores, alcaldes y ex funcionarios que ayer criticaban con vehemencia al presidente de turno hoy posan en fotos junto a él, juramentados en su toldo y defendiendo las mismas políticas que antes condenaban. El oportunismo no discrimina colores: afecta a todos los bandos, aunque en momentos de hegemonía como el actual (con el PRM consolidado tras las elecciones de 2024 y con miras a 2028) se nota más el flujo hacia el oficialismo.

Lo grave no solo el cinismo individual, sino el daño colectivo. Esta práctica desalienta a los jóvenes, que ven en la política no un espacio de servicio o debate de ideas, sino un mercado de favores donde la lealtad se vende al mejor postor.

Desgasta la confianza en las instituciones, fortalece el abstencionismo y convierte las elecciones en un espectáculo de tránsfugas más que de propuestas. Mientras líderes históricos como Peña Gómez, Balaguer o Bosch construyeron partidos sobre principios claros — la socialdemocracia, el reformismo o el anti-continuismo–, hoy muchos dirigentes parecen guiados solo por la encuesta del momento o por la promesa de un ministerio, una dirección o una curul segura.

A medida que se acerca el próximo ciclo electoral, el fenómeno oportunista no cede; al contrario, se acelera. Dirigentes que se marcharon del PLD a la FP regresan o coquetean con el PRM, otros que llegaron al gobierno con Abinader ya empiezan a marcar distancia sutil para no quemarse si surge una alternativa fuerte. El oportunismo político dominicano es, en esencia un reflejo de la cultura donde el “Yo primero” prevalece sobre el sobre el Bien Común, donde la supervivencia personal se antepone a la coherencia ideológica.

Mientras no se castigue social y electoralmente este comportamiento — con votos castigando a esas vedettes — seguirá siendo el deporte nacional de muchos que pichan, aparan, batean y fildean según sople el viento. El diamante político dominicano necesita urgentemente de árbitros más estrictos: la conciencia ciudadana y el voto selectivo, porque solo así estos utility players de pacotilla perderán su puesto en el lineup, y quienes no lo sepan entender a quienes me dirijo, bien bobos son.

Por Roberto Rimoli

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