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Mamdani rompe el pacto y prende fuego a la interna demócrata

Mamdani rompe el pacto y prende fuego a la interna demócrata

Mamdani rompe el pacto y prende fuego a la interna demócrata

NUEVA YORK.- El alcalde Zohran Mamdani no solo respaldó a Darializa Ávila Chevalier. Prendió fuego al pacto de no agresión que sostenía la frágil paz entre el ala socialista y el establishment demócrata de Nueva York.

La escena fue calculada: prime time en The Briefing with Jen Psaki, junto a una candidata de 32 años, afrolatina, excolaboradora suya, que ahora quiere el escaño de Adriano Espaillat. Mamdani la presentó como quien está «en la primera línea de la batalla por la asequibilidad» y peleando contra las «custodias indebidas de ICE». Traducción: Espaillat ya no representa esa lucha.

Aquí hay una traición política de libro. En 2025, cuando Mamdani enfrentaba a Andrew Cuomo en la primaria por la alcaldía, Espaillat primero apostó por Cuomo. Cuando la ola cambió, el congresista se subió al tren de Mamdani. El alcalde, agradecido, prometió respaldar su reelección. Eso reportó The New York Times.

Un año después, esa promesa está muerta. Mamdani no solo retiró el apoyo. Puso su máquina, su lista de donantes y su capital simbólico detrás de la mujer que quiere jubilar a Espaillat.

Espaillat responde con diplomacia forzada: «Mamdani tiene derecho a respaldar al candidato de su elección». Pero el subtexto es amargo. En política, la lealtad se cobra. Y Mamdani acaba de pasar la factura.

Ávila no es una candidata cualquiera. Afrolatina de clase trabajadora, con raíces en República Dominicana y Venezuela, Columbia, investigadora de brutalidad policial, profesora. Su discurso en X lo deja claro:

«invertimos en nuestras comunidades, no en las bombas en el extranjero».

Es Mamdani en versión congresional. Joven, confrontacional, con un pie en el activismo y otro en la academia.

Apunta directo al corazón del Distrito 13: inquilinos agobiados por la renta, inmigrantes con miedo a ICE, votantes hartos del «se hace lo que se puede» del Partido Demócrata.

Espaillat, de 71 años, ofrece otra cosa: acceso. Siete años en Washington, relaciones con el liderazgo, capacidad de mover fondos federales. Fue el primer dominicano en el Congreso. Para muchos en el Alto Manhattan, eso todavía pesa.

El apoyo a Ávila no es un caso aislado. Es parte de una ofensiva. Mamdani también respaldó a Claire Valdez contra Antonio Reynoso para el escaño de Nydia Velázquez, y a Brad Lander contra Dan Goldman.

El patrón es evidente: Mamdani no quiere cogobernar con el Partido Demócrata de Nueva York. Quiere depurarlo.

Reemplazar a los operadores de toda la vida con cuadros formados en su campaña. Crear una bancada propia en Washington que responda a City Hall, no a Chuck Schumer.

Es audaz y peligroso. Si Ávila, Valdez y Lander ganan, Mamdani se convierte en el jefe político indiscutible del estado. Si pierden, habrá construido enemigos poderosos en el Congreso que pueden asfixiar su agenda desde DC durante los próximos cuatro años.

Para la comunidad dominicana del Alto Manhattan y El Bronx, la primaria de junio es traumática. Espaillat no es solo un congresista. Es símbolo. Su llegada al Capitolio en 2017 fue celebrada como la conquista de un espacio negado por décadas.

Ávila le dice a esa misma comunidad que el símbolo ya no alcanza. Que la representación sin confrontación es complicidad. Que se puede ser dominicano, progresista y no deberle nada a la vieja guardia.

Mamdani apuesta a que una nueva generación de votantes latinos prefiere la ruptura a la tradición. Espaillat apuesta a que, a la hora de votar, el barrio elige al que conoce y le contesta el teléfono.

Al final, esto ya no va de Ávila contra Espaillat. Va de Mamdani contra todos. El alcalde convirtió las primarias de junio en un plebiscito sobre su proyecto: ¿fue su victoria una anomalía o el inicio de una realineación?

Si el «poder del pueblo» vuelve a tumbar a la máquina, como dice Ávila, el mensaje para el Partido Demócrata nacional será brutal: o se mueven a la izquierda, o la izquierda los mueve.

Si Espaillat resiste, Mamdani aprenderá el límite de su influencia. Y descubrirá que romper pactos tiene precio.
Junio no solo decide un escaño. Decide si la revolución de Mamdani se expande al Congreso o se estrella contra el primer muro de verdad.

POR JHONNY TRINIDAD

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