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Soledad López es Poncia, el alma de la casa de Bernarda

Soledad López es Poncia, el alma de la casa de Bernarda

Soledad López es Poncia, el alma de la casa de Bernarda

NUEVA YORK.- El fin de semana pasado, fuimos a ver la obra PONCIA, escrita por Luis Luque, en el teatro Thalia y protagonizada por la archi premiada actriz, Soledad López y nos pareció una exquisita representación, dirigida por Ángel Gil Orrios, director artístico del Teatro Thalia, primerísimo teatro en español en el condado de Queens.

En este monólogo, Soledad López nos transporta al mundo de la “dominanta”, Bernarda Alba, de Lorca, esta vez, enfocado en la versión de la fiel sirvienta, Poncia, escrita por Luis Luque, para presentar la historia desde el punto de vista de quien fuera, en aquel entonces, el ama de llaves, niñera, confidente y sirviente de la matriarca, Bernarda, una mujer roble quien siguiendo las reglas de la época, obsesionada por el honor y la reputación pública, encerró a sus 5 hijas, por otros largos 7 años, en su ya semi-deteriorada casa, después de la muerte de su segundo marido.

Poncia, mujer muy observadora, notó inmediatamente el cambio en el comportamiento de las hijas de Bernarda por la llegada al lugar de Pepe “el romano”, quien vino a cortejar a su primogénita, como marcaba la ley, cosa que autoriza la madre, de casar a la primera hija de la familia antes que ninguna otra. Esta irrevocable decisión provoca en las demás hijas, todas atraídas por Pepe, una mezcla de pasión, odio y rencor, de donde sale triunfante Adela, la menor, quien se entrega al amor en brazos del prometido de su hermana mayor, pero que poco le importó, porque el objetivo de ser suya, se había cumplido, lo que hace que Adela, al final de la obra, se ahorque ante las órdenes de su madre de que “el romano” se casaría con Angustia y cuando ella muriera, lo cual pasaría pronto, por ser considerada una mujer débil, él podría elegir a cualquiera de las otras hermanas como su próxima cónyuge y las demás podrían elegir marido.

Esta versión de obra Poncia que fuimos a ver, inicia con el final de la obra La casa de Bernarda Alba, cuando vemos a la criada, ante el cadáver colgante de Adela, hablando de lo acontecido y lamentando que la más joven haya decidido acabar con su vida de esa manera. La caracterización de Soledad López en este monólogo es genuina y bien lograda, para hacernos disfrutar de una historia que en este tiempo parece inverosímil, pero que era la usanza y Soledad, son una impresionante actuación, llena de vida y recuerdos a todos los personajes de la historia, paseándose por todos los rincones de la casa.

Este es un monólogo demandante y desgastador donde se pasa de personaje a personaje, por lo que considero que la maestría de una actriz como Soledad López pudo hacernos ver a cada una perfecta e independiente, aunque la audiencia no conociera la historia previa de Bernarda, donde Poncia era solo una criada.

La magia transformadora de la historia es ayudada por la escenografía que destaca un lienzo al frente, donde se proyectan las ventanas de la casa eternamente cerrada. Ese efecto de encierro produce en el público la ilusión de estar ahí dentro siendo testigos de las historias de siete mujeres, cada una con una forma muy particularmente diferente de las otras/

Poncia, en un momento especial, recuerda su vida, su marido y sus tres hijos, aunque no sabemos cómo ha hecho su papel de madre y esposa con buenos resultados si vivía encerrada también en esa casa, donde solo salían al patio trasero para tomar el sol, donde las jóvenes se acercaban al pozo de agua en centro del patio para comentar sus problemas, conducto por el cual Lorca, en el otro extremo, escuchaba las anécdotas e incidencias de los aconteceres, los cuales aprovechó para luego desarrollar la historia de los hechos que pasaron a puertas y ventanas estrictamente cerradas.

Soledad López, es una figura líder del teatro en nuestra área, y en esta representación nos inspira a seguir los detalles del enredo con su nítida actuación, donde confieso haber visto y vivido, a través de su impecable actuación, la belleza de Adela; la vejez de la perturbada María Josefa, la madre de Bernarda; la dureza y autoritarismo de la propia Bernarda; la deformidad de Angustia, la tragedia interna de Martirio y los otros problemas de Magdalena y Amelia, y en el fondo, el rencor que Poncia le tenía a Bernarda, a quien quería escupirle la cara por todas las razones que consideraba que, por ella, los demás eran infelices. El montaje con los símbolos, temas e imágenes se encargó de darnos las mejores perspectivas de cada personalidad envuelta en este drama/tragedia y fuimos testigos desde la primera fila, de la transfiguración de la actriz, al convertirse en el otro personaje, contándonos todas estas historias en una hora y 15 minutos, con el extraordinario trabajo actoral ininterrumpido de la López.

El juego de luces, manejados por el también reconocido director técnico y de sonido, Fabricio Saquicela, hizo destacar la frialdad y soledad que habitaba en la vieja casona decorada con pocas piezas de la época, la rudeza de una Bernarda inquieta por el qué dirán y la frustración de Poncia, quien amaba a las hijas de Bernarda como si hubieran sido propias de ella. Poner a Poncia como la figura principal de la historia, es una estrategia genial para conocerla mejor y comprobar que ella fue también alma de esa casa y poder ver a Bernarda, desde el sentimiento y parecer de Poncia.

En resumen, la magnífica actuación de Soledad López, los detalles de una dirección bien lograda y la ambientación creada, hacen de esta obra de teatro una excelente representación que bien presenta el trabajo de los escritores españoles, Lorca y Luque, para disfrutarla y revivir las costumbres de una época difícil en nuestra historia humana. El sombrero nos lo quitamos ante la profesionalidad de la primerísima actriz, Soledad López, recomendando que la vayan a ver este último fin de semana, del 4 al 7 de junio, en el Teatro Thalia, localizado en el 41-17 de la Avenida Greenpoint, Sunnyside, en Queens. Para reservaciones, 718-729-3880.

Recuerden llegar temprano siempre a las salas teatrales para cumplir con el horario de cada teatro.

Por Lissette Montolío

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