SANTO DOMINGO, RD.- A través de los tiempos, la humanidad se ha visto afectada por diferentes tipos de acciones contrarias a lo que se puede denominar fidelidad, siendo uno de los ejemplos más corrosivos los denominados enemigos internos ocultos, aquellos que, perteneciendo a una unidad, conspiran en contra de esta, o en casos más simples, personas de nuestro entorno violentan el sagrado principio de la lealtad.
Lo que registra la Sagrada Escritura como el principio de la existencia del hombre, donde relata el asesinato de Abel a cargo de las oprobiosas manos del enajenado Caín, es sin duda alguna la primera muestra de un enemigo interno oculto ejecutando su vil traición.
Cientos de miles, o tal vez más, acontecimientos con esos ribetes han acaecido durante el transcurrir de la existencia del ser humano como tal.
Pero lo que nos ocupa en esta ocasión es resaltar el grado de peligrosidad que posee quien adopta esa configuración mental porque, al ser beneficiario de membresía de un núcleo, por pequeño que sea, otorgándole la debida confianza, no se espera que actúe contrario a los principios establecidos.
Eso ocurre en el hogar, pasando por todos los estamentos sociales hasta llegar al superior gobierno. Traiciona el hijo a los padres, se traicionan las parejas, hermanos con hermanos, entre vecinos, el empleado al patrón, entre conocidos, el político a su partido, el cura a sus feligreses, el pastor a los siervos.
Es una triste realidad, tan desafortunada que arruga el alma, desacierta los sentidos, desestabiliza la conciencia; en fin, es frustratorio.
Los enemigos ocultos e internos son los más destructivos porque operan desde las sombras y anulan nuestras defensas naturales. Al no ser identificados a tiempo, sabotean nuestro crecimiento personal, emocional y espiritual sin que podamos activar un mecanismo de protección inmediato.
Para combatirlos de manera efectiva, es necesario clasificarlos según el terreno donde atacan:
Enemigos mentales: El miedo paralizante, la falta de autoconfianza, el apego al pasado, la culpa crónica y el autoengaño. Vivir con una voz interna que repite «no puedo» destruye metas antes de comenzar.
Enemigos emocionales: el rencor guardado, la envidia silenciosa y la amargura acumulada. Actúan como un veneno autoinducido que desgasta la salud mental.
Enemigos relacionales: Personas falsas que fingen amistad o lealtad solo para mantenerse cerca, pero que en realidad sabotean tus logros o se alimentan de tu energía.
Por Luis Aníbal Medrano Silverio

