SANTO DOMINGO, RD.– Ha ocasionado revuelo en la opinión pública nacional la declaración de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en el sentido de que en la República Dominicana el hambre desapareció en la población. Naturalmente, se contradice al expresar que apenas un 2.5% no ingiere los nutrientes requeridos cada día.
La contradicción es mucho mayor cuando admite que el 41.3 de los dominicanos –lo que representa 4.7 millones de habitantes– sufre de inseguridad alimentaria.
Las estadísticas señalan que todavía el 4.4% de las viviendas dominicanas tienen pisos de tierra. Además, que el 9% de las casas tienen letrinas para que, quienes las habitan, realicen determinadas necesidades fisiológicas. Hay un dato alarmante, revelador de pobreza, consistente en que apenas el 17% de las viviendas reciben agua por tubería diariamente. Al grueso de la población no le llega el preciado líquido permanentemente, lo que obliga al uso de tinacos y otros envases para el almacenamiento.
Y debido a que el agua de la red pública no es apta para el consumo humano, el 84% de los dominicanos tiene que comprar los famosos botellones. El restante 16%, que ingiere el agua de tubería, se expone a enfermedades gastrointestinales.
Se ha pretendido, de igual manera, ofertar la idea de que la pobreza dominicana, en este 2026, bajó a un 15.4%. Posiblemente es una estadística maquillada, porque hay un retroceso en servicios de salud y energía eléctrica, los cuales son vitales para el nivel de vida de cualquier población.
La FAO debió de ser más precisa y decir con propiedad que el hambre se reduce a cero entre los funcionarios públicos dominicanos. Está el caso de José Ignacio Paliza, que exhibe un rostro rosado del bienestar y la sobrealimentación. Y ni decir de Magín Díaz.
Desde hace muchos años miembros de organismos de la ONU vienen ofreciendo declaraciones desafortunadas. Sin embargo, los que más contribuyen a desinformar a naciones enteras son miembros de las entidades que otorgan empréstitos, como los del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. Eso despierta legítimas suspicacias.
Los representantes de esos organismos vienen repitiendo que República tiene una economía sana. Se supone que una economía es sana cuando tiene una balanza de pagos favorable, que su deuda externa es bien manejable respecto a su PIB, que no tiene déficit fiscal ni tiene regularmente que estar tomando empréstitos para cubrir gastos corrientes, sobre todo una hipertrofiada nómina pública, dispendio, mientras la mayoría de la población enfrenta necesidades de servicios básicos.
Parece que, a esos representantes de esos organismos internacionales, les dan un paseo por la Lincoln, la Churchill, 27 de Febrero, entre otras avenidas y sus residenciales aledaños, que son la tacita de cristal de la ciudad. Pero no los llevan a los lejanos poblados del sur y algunos lugares del este del país, donde hay carencia y miseria.
No tengo pruebas, pero hay quienes han denunciado sobornos de gobiernos corruptos de la región para que estos señores ofrezcan estadísticas favorables, como si las poblaciones comen con números. Desde hace décadas se les escucha expresar que tal o cual gobernante ha sacado a millones de seres humanos de la pobreza.
Ese fenómeno se dio, específicamente, cuando Ernesto Zedillo fue presidente en México. Sin embargo, al entregar el poder ese antiguo jefe de Estado tuvo que quedarse viviendo fuera de su país, porque hasta deudas del sector privado las transfirió al Estado mexicano.
Decir que en República Dominicana hay hambre cero, es una forma de la FAO batear de fao o de foul out, que es la adaptación fonética más común y aceptada en el béisbol latino.
Por Danilo Cruz Pichardo

