NUEVA YORK.- El mundo vive en un cartucho de dinamita con dos mechas encendidas, pretende que es “normal” y que, de algún modo, se apagarán solas, que nunca estallarán. En Ucrania quema una desde febrero del 2022, sigue confinada entre ese país y Rusia, pero está cambiando.
- Desde febrero de 2026, arde otra mecha en Irán.
La de Irán se expandió desde el principio y hoy abarca a muchas las naciones del Golfo Pérsico. La de Ucrania inicia una escalofriante amenaza de expansión. Rusia advierte a Inglaterra que, si continúa entregándole drones a Ucrania para que ataque poblaciones rusas, Moscú considerará a Londres un “combatiente” y responderá atacando territorio inglés.
Sería un enfrentamiento abierto entre potencias nucleares, porque podría arrastrar a todas las naciones europeas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Washington habla de armas nucleares en Irán, ambas mechas pueden estallar simultáneamente.
La idea que flota en el estamento militar estadounidense es estallar lo que llaman una “arma nuclear táctica”, lo cual significa un arma de poco poder destructivo. O que estalle en el aire para disminuir su potencial destructivo.
Usar armas nucleares en Irán contradiría todos los argumentos hasta ahora esgrimidos para justificar la guerra, cuyo “objetivo principal” siempre fue evitar que “Irán desarrolle armas nucleares”. “Evitar” que Irán desarrolle esas armas significa que no las tiene, usar una contra ella, confirmaría esa posición.
Si son premisas falsas, y atacan nuclearmente a Irán, Washington debe prepararse porque Teherán responderá con armas similares. Si repasamos la historia reciente, entenderíamos que las guerras de Ucrania e Irán no son conflictos aislados, no existen en el vacío, responden a un plan maestro.
Hablo de la famosa Agenda 2030, fecha para el “reseteo” de la humanidad. Nosotros sobrevivimos mientras quienes fijaron esa fecha avanzan hacia sus objetivos.
Ellos prendieron las dos mechas de la dinamita en la que vivimos; quizá decidieron cuál sería el momento indicado para que, finalmente, todo estallara en llamas. Vivimos entre dos mechas, y el estallido parece absolutamente ineludible.
Por J.C. Malone

