La tensión entre Irán y Estados Unidos volvió a escalar este domingo después de que Teherán advirtiera que responderá de forma “más rápida, intensa y dolorosa” ante cualquier nueva acción militar contra sus intereses. El mensaje surge tras varios incidentes y ataques registrados en torno al estratégico estrecho de Ormuz y contra embarcaciones vinculadas al conflicto.
El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, aseguró que su país abandonará la lógica de responder de manera proporcional a las operaciones estadounidenses. Según su advertencia, cualquier nueva agresión podría provocar una represalia de mayor intensidad y con consecuencias económicas y militares más severas.
El intercambio de amenazas ocurre en uno de los puntos marítimos más sensibles del planeta. El estrecho de Ormuz es una ruta fundamental para el transporte internacional de petróleo, por lo que cualquier interrupción prolongada genera preocupación en los mercados energéticos y entre los países que dependen del suministro procedente de la región.
Mientras Irán denuncia las acciones de Washington como agresiones ilegales, Estados Unidos sostiene que sus operaciones buscan aumentar la presión sobre Teherán y responder a los ataques contra sus fuerzas y embarcaciones. Durante el fin de semana, ambas partes informaron sobre nuevas acciones militares en distintas zonas próximas al golfo Pérsico y el mar de Omán.
La crisis también comienza a aumentar la presión sobre la economía iraní. Las autoridades de Teherán han reconocido la necesidad de mejorar la administración de las importaciones y proteger el abastecimiento interno ante las dificultades que genera la escalada militar y las restricciones sobre las rutas comerciales.
Desde el mando militar iraní también se advirtió que las represalias podrían extenderse si continúan los ataques. En respuesta, el Comando Central de Estados Unidos aseguró que incrementará el costo de cualquier operación dirigida contra sus fuerzas, dejando claro que ninguno de los dos bandos parece dispuesto a reducir la confrontación.
Aunque desde Washington el presidente Donald Trump y otros miembros de su administración han intentado restar dramatismo al conflicto, los ataques, las amenazas y las restricciones en Ormuz mantienen a Medio Oriente bajo una creciente tensión. El temor ahora se concentra en que una nueva represalia provoque una escalada mayor con impacto directo sobre la seguridad regional y el mercado mundial del petróleo.

