WASHINGTON.– El Pentágono ha preparado nuevas opciones de ataque contra Irán por instrucciones del presidente estadounidense Donald Trump, en medio de las tensiones militares y del estancamiento de las negociaciones entre Washington y Teherán.
De acuerdo con una información publicada por The New York Times el 8 de octubre, el plan contempla una campaña militar intensa de aproximadamente tres días, dirigida contra arsenales de misiles y drones, instalaciones energéticas y centros de mando de la Guardia Revolucionaria Islámica. Los detalles fueron discutidos por altos funcionarios de seguridad nacional durante una reunión celebrada en Camp David.
El informe señala que Trump había rechazado anteriormente cinco propuestas de operaciones militares de gran envergadura contra Irán o los hutíes de Yemen. Sin embargo, el desarrollo de nuevos planes mantiene abierta la posibilidad de reanudar las hostilidades, aunque la elaboración de una estrategia militar no significa que se haya autorizado un nuevo ataque.
El escenario se complica por el refuerzo de las fuerzas estadounidenses en Oriente Medio. Según los reportes citados, Washington prevé concentrar una importante capacidad naval y aérea en la región, con la posible presencia simultánea de tres portaaviones y sus respectivos grupos de combate.
Dentro del entorno presidencial también existen diferencias sobre la conveniencia de lanzar otra ofensiva. Mientras algunos consideran que una operación breve podría aumentar la presión económica sobre Irán, otros cuestionan que nuevos bombardeos consigan modificar las decisiones estratégicas de Teherán.
En el frente diplomático, Trump afirmó el jueves 8 de octubre que Estados Unidos no atacaría Irán antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato, previstas para el 3 de noviembre. El mandatario sostuvo que ambos países mantienen conversaciones productivas, aunque persisten diferencias importantes sobre el programa nuclear iraní y las condiciones para alcanzar un acuerdo.
La situación deja a Washington entre dos caminos: mantener la presión militar como instrumento de negociación o recurrir nuevamente a la fuerza. Por ahora, los planes de ataque reportados evidencian que la opción militar sigue sobre la mesa, pero no confirman que Trump haya tomado una decisión definitiva sobre una nueva ofensiva.

