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Reflexionando sobre el Jet Set

Santiago ¿Provincia de turismo de salud?

Vida, huellas, muerte y la importancia de la paz

La tragedia ocurrida en la discoteca Jet Set, el 8 de abril del 2025, donde se derrumbó el techo, fallecieron personas y hubo heridos, fue considerada por el Ministerio Publico como un homicidio INVOLUNTARIO, por negligencia. Luego, modificaron la tipificación, llamándolo homicidio VOLUNTARIO por dolo eventual, es decir, cuando no se busca cometer un delito o causar daño, pero prevé que su acción puede provocarla y aun así decide actuar. De ahí que, han cambiado bajo qué cargo se juzgarán los propietarios.

El cambio de delito involuntario a voluntario, hace pensar que los organismos judiciales no han puesto sobre la mesa todas las cartas para ponderarlas con ecuanimidad; procede que también busquen la historia de la institución durante cincuenta años, su misión, objetivos de facilitar alegría, baile, música, celebraciones, un lugar donde la gente asistía, libre y voluntariamente, a recrearse.

No conocí la discoteca Jet Set; tampoco conozco sus propietarios. Por diferentes fuentes, me he enterado que se dedicaron a proporcionar diversión; eran amigos de muchos de sus clientes y colaboradores fallecidos. Tenían conocimientos de que el techo estaba en malas condiciones, pero jamás pensaron que se podía caer; de hecho, ese día, uno de los dueños estaba presente, logró sobrevivir. Todo parece indicar, que, por no detener ese escenario de alegría, se descuidaron; actuaron como las personas que, ante pequeños dolores corporales, postponen la visita al médico, se le acumulan los males e inesperadamente pierden la vida.

Los dueños del Jet Set están destrozados, muy tristes; concentrados en dar diversión, alegría, descuidaron la infraestructura física. El perfil que proyectan, su comportamiento, actitudes y acciones, es de personas sencillas, laboriosas, emprendedoras, decentes; de los que creen en Dios; disfrutaban su trabajo, se esmeraban en dar alegría; se dice que personas de escasos recursos, ahorraban para ir a divertirse; así estaban los clientes esa noche, gozando, bailando, cuando se desplomó el techo.

De esta tragedia, se despenden muchas lecciones; dentro de ellas, que se deben revisar las estructuras de los establecimientos y de inmediato corregir sus imperfecciones; que el Estado tenga un organismo responsable de supervisarlas y de sancionar si no cumplen lo requerido y así evitar ser corresponsable; que hacer justicia no es seleccionar culpables, conseguir recursos económicos, complacer personas y misión cumplida; deben ponderar , con objetividad, los hechos, el historial de la institución, su misión, los dueños, para evitar injusticias.

En lo sucedido, hay señales divinas que no deben ser evadidas. Dios observa; somete a pruebas. Los dueños ¿planificaron la caída del techo? ¿obligaron a asistir al Jet Set? Comprendo la tristeza de las familias afectadas; en sus reclamos ¿Que persiguen? Los fallecidos, no resucitarán. A veces más que los abogados, ayudan psicólogos, eclesiásticos. Hay muchas formas de juzgar e indemnizar; deben darle prioridad a la paz espiritual. Las ayudas voluntarias, privadas, humanitarias, que se dan o reciben en nombre de fallecidos o por daños, son más valiosas y fructíferas que las obligadas; recordar los seres queridos, actuando con generosidad y con la verdad, asegura la paz.

Ojalá tomen un espacio del lugar donde estaba el Jet Set y con la ayuda de instituciones religiosas, lo preparen para que se pueda ir a orar, meditar, pedirle a papá Dios, que los difuntos descansen en paz. Ese pequeño templo, sería un legado hermoso y significativo; vivir con el YO interior tranquilo, es el tesoro más valioso que podemos tener, recibir o dar; es un mecanismo indispensable para, sin temor, esgrimir la verdad, la justicia, la paz. Reflexionemos.

Por Venecia Joaquín

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