A pesar de que los dominicanos hemos sido acusados de explotadores y esclavistas, nuestro pueblo siempre fue solidario con las penurias y las necesidades acaecidas por fenómenos naturales que han afectado a los habitantes de la República de Haití. Sin embargo, las clases dominantes, desde los tiempos de la colonia, nunca han gobernado para resolver los acuciantes problemas de la Nación haitiana, sino en su provecho propio.
Haití es el único país Latinoamericano que entronizó un emperador criollo como sistema de gobierno, pues México y Brasil, en sus épocas, los tuvieron, pero eran importados de las Metrópolis europeas. Esa actitud señorial de la oligarquía haitiana, influencio en plasmar una visión distorsionada de las garantías políticas, económicas y sociales, por lo tanto, nunca fueron aplicadas a favor del pueblo; no obstante, haber sido la colonia más prospera del Nuevo Mundo.
No existe país en América con tan marcada desigualdad social, como es el pueblo haitiano. Un grupo reducido muy rico y prepotente, controla a una comunidad paupérrima, carente de los más elementales derechos ciudadanos, como son: la salud, la educación, el trabajo, la vivienda, la seguridad. Como país vecino, la República Dominicana, por esos motivos, ha tenido que soportar una migración masiva, sin control, de habitantes, en su mayoría, carentes de identidad.
Durante décadas los mandatarios dominicanos han manifestado, en diferentes escenarios nacionales e internacionales que, la República Dominicana no puede enfrentar los problemas del pueblo haitiano, mucho menos resolver las necesidades más perentorias de los habitantes de Haití, puesto que, la capacidad del Gobierno dominicano y sus instituciones, apenas pueden atender las de sus conciudadanos.
Lo contrario sucede con las autoridades haitianas, que, por dejadez, han arrastrado a su pueblo a la más absoluta miseria. Esas autoridades en componenda con la rica oligarquía, solo persiguen consolidar las grandes fortunas acumuladas por siglos. Esa actitud ha permitido el deterioro de las instituciones, llegando al extremo de disolver los organismos responsables de cuidar por la aplicación de las leyes y el mantenimiento del orden.
En los últimos lustros, los dominicanos hemos visto como la situación del vecino país de Haití, se ha ido corroyendo. Esto así, debido a la sustitución del orden por el caos; el reemplazo de las fuerzas regulares, por grupos armados apandillados, operando por la libre, realizando violaciones, secuestros y asesinatos sin control alguno, lo que hace suponer que esos actos vandálicos, estén aupados por las clases dominantes, beneficiadas por la situación imperante en ese país.
La ausencia de autoridad es notoria en Haití y, se manifestó de hecho, cuando una persona representando al Gobierno haitiano, tuvo la desfachatez de comparar el caos que se vive en ese país, con la situación legal, institucional, de orden y respecto que gozamos los habitantes de la República Dominicana.
Genera preocupación observar los acontecimientos acaecidos en los últimos meses en Haití. La noticia del asesinato de un presidente, es perturbadora; los asaltos a vehículos de transporte de mercancías, son alarmantes; los enfrentamientos entre bandas rivales por el control de determinados puntos mafiosos, generan un ambiente de inseguridad; el secuestro de un grupo de misioneros estadounidenses, colocan a ese país al revés. Esto significa que se ha invertido el orden regular de una Nación, de un país, de un pueblo.
Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense



