Las criptomonedas, se presentaron como un hobby para algunos cibernautas y conocedores de la tecnología con espíritu aventurero. La creación de un nuevo tipo de “dinero”, que ofrece beneficios y también riesgos, debido a que, sus valores fluctúan sin control, por carecer de un valor nominal. Por lo tanto, desde antes de la pandemia del COVID-19, ya este invento hacia celajes como un intruso en los enclaves económicos de algunos países desarrollados.
Es a partir del año 2017 cuando se empieza a conocer, de cientos de criptomonedas que surgieron como ofertas de inversión en la Web; pero, de todas ella, las dos principales o con mayor impacto en los interesados, son: el Bitcoin y el Ethereum.

Al carecer de un valor nominal fijo, como todas las monedas normales en circulación, tales como: el dólar estadounidense, el euro, el peso, el yen, la libra esterlina, etc., el peligro se manifiesta en la volatilidad de su valor, puesto que, hay ocasiones que, el valor de una criptomoneda se mantiene en una inestabilidad que hasta los mismos promotores, sienten pánico por las abruptas reacciones, debido a las altas presiones que ejercen los especuladores que manejan el “blockchain”.
Durante el auge de la pandemia del Coronavirus, en el 2020, muchos cibernautas consideraron oportuno aprovechar ofertas como las criptomonedas, para invertir en un producto intangible con características de convertirse en una “realidad virtual”, proponiendo a los viajantes por las redes, pingües beneficios con tan solo realizar aportes módicos, preferiblemente en dólares estadounidenses.
Debido a las amenazas de la pandemia y la incertidumbre por la perdida de empleos, algunas personas se interesaron en invertir en criptomonedas, con el propósito de recuperar las oportunidades y estilos de vida que tenían antes de la llegada del COVID 19, motivados, desde luego, por las “ganancias virtuales” provenientes de los portavoces y representantes de los manejadores, conocidos como “mineros”.
Las carencias y opacidad de los registros contables de las transacciones realizadas con criptomonedas son factores que sientan las bases para que ese sistema no arroje transparencia en sus operaciones. Ante la falta de validación de las operaciones con criptomonedas, los organismos internacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI), han opinado en torno al uso indiscriminado que los manejadores le pueden dar al negocio de las divisas criptográficas.
Por el rol que asume el FMI en las economías de los países miembros, al observar los volúmenes de transacciones en criptomonedas, este organismo consideró que, es oportuno establecer medidas regulatorias para evitar que ese tipo de divisas contagie a las monedas regulares y legales del sistema monetario internacional.
El Fondo Monetario Internacional, entiende que: “Ante la volatilidad del mercado de criptomonedas existe la necesidad de regular y mejorar las políticas sobre el uso de estos activos digitales criptográficos”. Por su parte, el Foro de Investigación sobre Economías Crypto y Blockchain (CBER, por sus siglas en ingles), declaró que, “el 70 % de las transacciones con criptomonedas involucraron lavado de dinero”.
El contagio de las criptomonedas debe ser enfrentado con una actitud responsable de los bancos centrales de los países miembros del FMI, ya que estos organismos son los que pueden ofrecer confianza y aceptación, para honrar los compromisos que se realicen en las entidades de intermediación financiera. Las criptomonedas, por el momento, tienen mecanismos para contagiar, como un virus y, podrían hacerlo, al infiltrarse en las economías mundiales, sin cumplir con las exigencias regulatorias, a nivel mundial, para generar divisas con valor intrínseco.
Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense



