Nos estamos descuidando con el mal uso de los recursos generados por nosotros mismos y aquellos que nos brinda el medio ambiente, es decir, la naturaleza. La palabra clave para esta actitud, de una parte de la humanidad es, el “despilfarro”. Debemos reconocer que consumir no debe ser sinónimo de gasto.
El consumo es una actitud fundamentada en una evaluación de los requerimientos personales para satisfacer determinadas necesidades; en cambio, el gasto puede considerarse como una reacción dentro de un ambiente dominado por la competencia o por el efecto demostración.
El comportamiento del ser humano es una mezcla de vicio y virtudes. La aspiración de los conglomerados sociales, es que las virtudes se superpongan sobre los vicios. Que los brotes de gula, avaricia, la envidia y la soberbia, no se manifiesten como pautas de comportamiento de individuos o grupos. A pesar de que esos vicios no están arraigados en la mayoría de las poblaciones, históricamente, figuras con poder y grandes posesiones de recursos, han sido los promotores de las diferencias de clases, creando el abismo entre ricos y pobres.
La apetencia incontrolada del hombre, puede ser una de sus mayores debilidades, por lo que, “acumular”, no puede interpretarse como una propensión al ahorro. Es más bien una tendencia o inclinación con rasgos psicosociales.
Preocupados por dar al traste con esos males y otros más, 192 países miembros de las Naciones Unidas, establecieron los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Definiendo ocho objetivos de desarrollo internacional, acordaron alcanzar para el año 2015, acabar con la pobreza. Entre esos puntos figuran los siguientes: reducir la pobreza extrema, reducir las tasas de mortalidad infantil, luchar contra epidemias de enfermedades, como el VIH/SIDA, y fomentar una alianza mundial para el desarrollo.
Instituciones como la Organización Mundial del Comercio (OMC), la Unión Europea y la misma Naciones Unidas, han manifestado su preocupación por el no cumplimiento cabal de los 8 ODM¨s. El principal objetivo que afecta a esas instituciones es el ODM 1, que persigue erradicar la pobreza extrema y el hambre a nivel mundial, independientemente de que están consciente que ninguna ODM, se pueden enfrentar por separado, en el sentido de que todas están vinculadas una con otra.
Las metas del ODM 1, se circunscribieron a tres objetivos:
a) Reducir a la mitad la proporción de personas con ingresos inferiores a 1 dólar por día;
b) Lograr el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos, incluidos las mujeres y los jóvenes, y
c) Reducir a la mitad el porcentaje de personas que padecen hambre.
Por lo visto, en el Viejo Continente se le puso más énfasis al tema del hambre, procurando implementar medidas para paliar ese flagelo, por tal razón el 2017, el Parlamento europeo abordó el tema del hambre, fijando objetivos concretos sobre los excedentes alimentarios y reducir los desperdicios. Para concatenar con esas metas, en el 2018 los Estados miembros de la Unión Europea, enfocaron sus propósitos en el punto 12 de la Agenda 2030, que dispone “reducir a la mitad el desperdicio de alimentos por habitante correspondiente a los niveles de la venta al por menor y el consumidor y reducir la pérdida de alimentos a lo largo de las cadenas de producción y suministro”.
De acuerdo con las estadísticas del Gobierno español, en 2020 los hogares españoles tiraron a la basura 1.364 millones de kilos/litros de alimentos, a una media de 31 kilos/litros por persona. En ese mismo tenor el señor Jean-Baptiste Boubault, Country Manager de Phoenix España, afirma: «El 25% de lo que se desperdicia podría salvar la vida de 795 millones de personas que corren riesgo de muerte por desnutrición y sería suficiente para cubrir las necesidades de los más de 870 millones de personas que padecen hambre».
A los dominicanos nos toca revisar nuestros estilos de vida, utilizando mecanismos para corregir y aplicar de manera conceptual, cómo debemos establecer criterios para saber que consumir, de acuerdo con nuestras necesidades, ya que, en muchas ocasiones le damos preponderancia a gastos superfluos y no consumimos lo que realmente requerimos para mantenernos sanos física, mental y económicamente.
Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense



