SANTO DOMINGO ESTE, RD.- La crisis económica pospandémica está teniendo un impacto demoledor en la calidad de vida de los dominicanos. El poder adquisitivo de bienes y servicios se ha deteriorado.
- La galopante inflación tiene a la clase media y a los pobres en estado de desesperación, con el agravante de que el pronóstico para el futuro inmediato no es esperanzador.
El endeudamiento externo para tratar de cubrir el déficit presupuestario, activar la economía y abordar la solución de los problemas sociales más urgentes, parece haber llegado a niveles insostenibles. Más del 70% del producto interno bruto debe ser destinado al pago del servicio de la deuda.
- La ejecución de una reforma fiscal para incrementar la presión tributaria, no es una opción válida en este momento; pues solo agravaría aun más la espiral inflacionaria.
En el caso de los combustibles la situación ha pasado de castaño a oscuro. Se pronostica que el precio del barril de petróleo a mediado del año, podría superar los 100 dólares. Imagínense ustedes, un galón de gasolina costando RD$ 325.00, con el efecto inflacionario que eso implica.
La llamada alianza Publico-Privada, mediante la controvertida figura del «Fideicomiso Público», no ha estado exenta de cuestionamientos perturbadores. La experiencia que ha tenido el país en el pasado con la ejecución de contratos similares ha sido nefasta.
Si a todo lo señalado precedentemente le agregamos que el pronóstico que tiene la economía de EEUU para el año 2022, es de una profunda recesión, sólo nos resta exclamar: que Dios nos encuentre confesados.
Que el Todopoderoso bendiga a la República Dominicana.
Por Freddy Roa



