Cuando en un sistema judicial la impartición de sentencias se hace amañada, rompiendo todas las reglas y los cánones legales, el imputado no tiene garantías para recibir, de manera justa, la absolución de los cargos que pesan sobre él. Habrá que sortear muchos obstáculos para poder manifestar, sin ningún temor a equivocarse, que los procedimientos legales, se ajustaron al espíritu de la Ley.
Todo juicio, sin importar la especie que se ventile en el caso, persigue aclarar la verdad de los hechos. Por lo tanto, en un tribunal, la composición de los actores principales, esta compuesta por un juez, un fiscal un abogado defensor y un abogado acusador, este último, si hubiere lugar.
En esta Semana Santa, por necesidad y obligación histórica-religiosa, la humanidad consagrada al cristianismo, debe recordar el juicio a que fuer sometido Jesús de Nazaret. En aquel tiempo el pueblo judío estaba intervenido por el imperio romano, con un gobernador representando los intereses de Roma. En principio, surgió una controversia de jurisdicción para ajusticiar al acusado, debido a que, los acusadores entendían que la violación del imputado era un asunto de Estado, ya que, el acusado se manifestaba como Rey de los Judíos. En cambio, los romanos, consideraban el caso como religioso y, por tanto, debía ser enjuiciado por las autoridades judías pertenecientes al Sanedrín.
El Sanedrín era una Corte competente en asuntos religiosos, penales y civiles. Administraba justicia interpretando y aplicando la Torah, la ley sagrada judía. El sumo sacerdote de la ocasión, también tenía la presidencia de ese tribunal. Los miembros del Sanedrín gozaban de privilegios excepcionales con relación a los demás ciudadanos judíos.
No obstante, a pesar de que algunas corrientes jurídicas consideran al Sanedrín como uno de los sistemas judiciales más perfectos de la historia, ese organismo, al momento de dilucidar una acusación, la cúpula gobernante designaba las funciones de acusadores y defensores y del juez. En este aspecto, se podría argumentar que no había “independencia entre los designados para evacuar una resolución imparcial, pues el poder de decisión final, era del sumo sacerdote.
En vista de que en aquella ocasión, el acusado era un ciudadano con características muy peculiares, decidió ser su propio abogado defensor, pues conocía la conspiración que se urdía en su contra, ya que el propio jefe del Sanedrín, presidido por el sumo sacerdote, nombrado Caifás, dirigía los interrogatorios.
Dentro del interrogatorio la pregunta mas importante la hizo Caifás, cuando le cuestionó, en el sentido de que, Jesús, proclamaba la “blasfemia” de que Él era el Hijo de Dios, enviado para la redención de la humanidad y, el Hijo del Hombre, le respondió: “Tú lo dices”.
Observando Caifás que Jesús de Nazaret, contestaba las preguntas sin obtemperar al sentido de las mismas, entendía que no tenia razones para condenar al acusado, por lo que, decide transferirlo al dominio de Pilatos, gobernador militar, ya que su deseo era eliminar a Jesús, mediante la sentencia de la pena capital, pero las leyes judías no lo permitían. Para lograr su propósito se apoya en el populismo político religioso, cuyos manifestantes, exigían la muerte del reo, en cambio, exigían la libertad de un preso que se había destacado por dedicarse en actividades sediciosas.
Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense



