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El costo de oportunidad y la especulación

Las alternativas en materia de inversión, sin importar su origen (corriente o de capital), siempre estarán ligadas a las fuerzas de oferta y demanda, en el sentido de que, cuando se presenta el dilema de seleccionar la ruta más amigable con los intereses de los sectores participantes en las curvas donde coinciden el establecimiento de precio, cantidad y condiciones de pago, es lo que conocemos por el vocablo “negocio”.

Desde el punto de vista económico, el costo de oportunidad se define como el valor que pierdes al momento de elegir entre una alternativa y otra con características similares, aunque en su esencia no son iguales. Las desigualdades se establecen, por el cambio de un lugar a otro de los bienes, en caso de ser inmuebles, las condiciones medio ambientales, las diferencias orográficas y la extensión o superficie.

En cambio, el costo de oportunidad, desde el punto de vista financiero establece dos alternativas al momento de decidir, por realizar una inversión, que son, adquirir conforme a los precios del mercado o prolongar la compra con la expectativa de obtener mejores precios y beneficiarte con el ahorro que se produjera.

Al comparar ambas definiciones, se puede entender que, el costo de oportunidad es, como la diferencia entre el valor de la opción que se ha decidido y el valor de la opción o varias opciones que ha dejado a un lado.

A menudo se presenta este dilema a los responsables de desarrollar determinados proyectos. En muchas ocasiones obedecen a las actitudes especulativas de una de las fuerzas que coinciden en el establecimiento del precio en un escenario determinado. Tanto el comprador como el vendedor se enfrentan en un “duelo de propuestas económicas y financieras”, aquel que domine mejor los mecanismos del costo de oportunidad, tiene mas probabilidades de salir ganancioso.

Cuando un mercado se desarrolla en el negocio de bienes limitados como son los inmuebles, específicamente, terrenos no edificados que, presumiblemente, sean baldíos, la especulación se disfraza con el manto de “siempre han sido propiedad familiar”, como ha sucedido en lugares donde esos terrenos tienen vocaciones turísticas.

Para controlar este tipo de argucias de aquellos que especulan exigiendo un precio por encima de valor real de un inmueble, es conveniente hacerle saber que la especulación tiene origen y tiene final; es decir, que esa puja no puede mantenerse por un tiempo prolongado, puesto que la ley de oferta y demanda es implacable cuando se aplica el costo de oportunidad.

Dentro de los activos permanentes o fijos, en el renglón de inmuebles, relacionado con las propiedades inmobiliarias, el terreno es el único que no es saneado por la depreciación; al contrario, coquetea con el fenómeno de la inflación, adquiriendo plusvalía. Una plusvalía que no debe acompañar los intereses de los especuladores, puesto que, podría dar inicio a una burbuja inmobiliaria, que, si llegare a explotar, causaría daños en todo el espectro de la economía del sector donde se produzca.

Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense

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