Desde antes de descubrir estos mares, los aborígenes taínos nombraban a los fenómenos atmosféricos con el vocablo “Huracán”, que significa “centro de viento”. Más de quinientos años han pasado y, todavía los habitantes de la región caribeña no se adaptan a los efectos de los huracanes, a pesar de que, ya se ha establecido una parte del año (junio a noviembre), como el periodo de los fenómenos naturales, conocido por los indios como huracanes.
A finales del Siglo XV, el mismo Cristóbal Colón, sufrió la furia desconocida de estos huracanes, en uno de sus viajes a la zona caribeña. En la tercera década del Siglo XX, los dominicanos supimos, amargamente, lo que era “el ojo del huracán”. Todavía hoy, hay habitantes de este país, que se muestran indiferentes cuando se anuncia una “tormenta tropical”, aun conociendo sus efectos desbastadores.
Tanto, los vocablos ciclón, como tifón y huracán, se refieren al mismo tipo de fenómeno. El término “ciclón”, fue acuñado por el científico anglo-hindú Henry Piddington, de una expresión griega que significa “circulo en movimiento”. El tifón se origina en el Mar de China. En el idioma mandarín se pronuncia Tai Feng, que significa, literalmente, “demasiado viento”.
En nuestro país, los dominicanos con un historial de las descargas de lluvias y fuertes vientos, que nos traen esos meteoros hídricos, no hemos aprendido la lección. Pero, es a partir del 1930 que, empezamos a valorar la furia de esos fenómenos como los consideraban los taínos.
Conociendo de las inexactitudes de los pronósticos atmosféricos, las instituciones gubernamentales y profesionales privados, expertos en la predicción, obviamos l los avisos y advertencia de los peligros que podrían venir. Muchos dominicanos, solo coordinamos el avituallamiento de alimentos, bebidas y una buena carga a los celulares, para enviar y recibir vídeos que, en ocasiones no reportan la realidad. En lo referente a tomar las precauciones para evitar las pérdidas de bienes y vidas humanas, todavía estamos indiferentes a la preservación de nuestra seguridad; no obstante, el llamado de las autoridades competentes en este tipo de defensa de la protección de la ciudadanía.
Once días antes de terminar la presente temporada de huracanes, una gran parte del pueblo, en la ciudad y en el interior del país, en especial, jóvenes entre 13 a 35 años, de sexos masculinos y femeninos, se dieron a la tarea de desconocer los llamados de salvaguardar pertenencias y vidas, dedicándose a bailes desenfrenados e ingerir bebidas alcohólicas, rompiendo con el llamado de mantenerse la población en la expectativa, por posibles inundaciones, derrumbes de puentes, techos y paredes de viviendas que, pudieran estar afectadas por la tormenta tropical que azoto a gran parte del territorio dominicano.
Emulando al poeta de la Patria, “hay un país en el mundo, colocado en el mismo trayecto de…” los huracanes, donde un pueblo todavía no se ha adaptado a la periodicidad de las tormentas tropicales, pues todavía están las calamidades del torrencial aguacero del 4 de noviembre del 2022. Esa lección y otras más, todavía no, nos han enseñado a respetarla y no temerle. A protegernos y no vandalizar su paso por nuestro territorio. Debemos lograr que, las temporadas ciclónicas nos convierta en solidarios, no en indiferentes al dolor de nuestros conciudadanos.
Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense



