Los hispanoparlantes debemos de sentirnos orgullosos al comunicarnos en el idioma español, por la variedad de interpretación que expresan sus fonemas y grafemas. La amplitud de interpretación de los grafemas, permiten que un fonema puede tener uno, dos o tres grafemas, como sucede con las palabras: “hay”, “ahí” y “ay”. Es posible que exista parecido en el sonido; aunque, en la forma de escribirlos, la diferencia es abismal.
Gracias al descubrimiento de América y otros puntos geográficos del planeta Tierra, el idioma castellano (como también se conoce), la lengua española, se implantó como vehículo de comunicación entre los descubridores y los pueblos descubiertos. Con la toponimia, el idioma español se enriqueció, pues, en cada pueblo descubierto, designaban nuevos nombres y absorbían los asignados por los aborígenes de esos lugares. Con esta manera de comunicarse, el léxico fue ampliándose, generando una metodología más amplia en la interpretación y el sentido de lo que se desea exponer y entender a la vez.
Desde el periodo prerromano, tres siglos antes de Cristo, los habitantes de la península Ibérica recibieron los influjos de otras lenguas, en especial, las romances, que dividieron la historia del idioma español en tres periodos: español medieval, español medio y español moderno. Además del influjo de esas lenguas, la lengua española, ha adaptado a su léxico, expresiones del latín, del griego, del árabe, del inglés y de los aborígenes de América, de África y de Asia.
En toda la historia gramatical de los pueblos y sus expresiones idiomática, no ha habido un proyecto consagrado a la literatura, como el “Don Quijote”, de Miguel de Cervantes y Saavedra, cuyo texto ha tenido el privilegio de haber sido traducido a la mayoría de los idiomas del mundo.
Para una mejor comprensión de las palabras, su significado y uso como metodología para elaborar mensajes, misivas y estructurar documentos, el idioma utiliza las denominadas categorías gramaticales, cuyas funciones, principales son, construir las oraciones, como unidad interpretativa de la palabra escrita o pronunciada, que conforman una estructura de comunicación.
Gramaticalmente, las expresiones se apoyan en los elementos utilizados para construir, frases y oraciones, ya sean estas habladas o escritas. Por lo tanto, el idioma español ha asimilado el uso de los sustantivos, adjetivos, verbos, adverbios, artículos, conjunciones y preposiciones.
En adición al uso correcto de los verbos y su conjugación, especialmente los irregulares, cuyas raíces desaparecen, según se coloquen en el presente o el pretérito; también, es conveniente conocer el uso correcto de los adverbios, debido a que en cualquier construcción gramatical, podemos usarlos de manera inapropiada.
Saber utilizar los adverbios de duda, de afirmación, de negación, en una expresión oral o escrita; así como, manifestar en cualquier declaración, el modo, el lugar y, el tiempo, es una forma de cuantificar, si la contraparte interpretó el mensaje poco o mucho.
Cuando titulamos: “Cuidado con los adverbios”, queremos llamar la atención, en el sentido, de que, en algunas ocasiones, en vez de aclarar una situación, emana confusión y duda, como el asalto sucedido en una sucursal bancaria, en el interior del país; luego de la ocurrencia, lo prudente seria ajustarse a los resultados de las investigaciones y, no dar declaraciones extemporáneas, ya que, un hecho de esa naturaleza, quizás, tal vez, los afectados, estuvieran lo bastante cerca del peligro, para declarar, que los asaltantes robaron “poco”.
Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense



