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Evitemos ese currú

En la República Dominicana, es usual que llamemos a un modo de comportarse o actividad, a cualquier persona, cuando esa acción no se ajusta a las pautas normales exigidas por los usos y costumbre, la palabra “currú”, cuyo significado, se entiende como, realizar una o más veces actos que, al ejecutarse, molestan o producen malestar a los afectados, ya sea directa o indirectamente.

Al producirse dos hechos con una diferencia de apenas una semana, la gente siente preocupación, por los asaltos perpetrados a dos sucursales de dos instituciones bancarias del país. Consideran que sendas acciones podrían generar que, individuos con actitudes delincuenciales, se den a la tarea de emular a los asaltantes y, considerar que podrían, seguir con ese “currú”.

Ya había pasado un trecho relativamente largo en el tiempo, de conocerse la actividad delincuencial de robar bancos en el país. Por lo menos, los ladrones, hasta ahora, habían utilizado métodos más cibernéticos, con menos desplazamientos presencial, puesto que sus fechorías se concentraban en el robo de identidad, invasión delictuosa en los equipos de informática para sustraer información y utilizarlas para trasferir fondos sin autorización de sus verdaderos dueños, extorsionar a personas para no divulgar datos sensibles a la moral y la ética, etc.

Es decir, hasta ahora, esos delincuentes, no tenían que levantarse de la mesa, en cualquier habitación y, desde ahí, sacarles provecho a sus actividades ilícitas. Prácticamente, no tenían que exponerse, físicamente, para conseguir dinero mal habido, puesto que, consideran que su mejor escondite, es ser un hacker en las redes sociales.

Asaltar un banco usando herramientas peligrosas como son las armas blancas y las armas de fuego, estas últimas, a veces, de alto calibre, no creo que sea tarea de un hacker, puesto que el hacker, regularmente actúa solo. En este tramo de las actividades delincuenciales, dedicarse a robar bancos, conlleva a reunir un grupo de individuos compartiendo las mismas intenciones, diseñar un plan de asalto, así como también, el retiro del lugar y, evaluar la distribución, resguardo y uso del botín.

Además. Deberán pensar como burlar las pesquisas de los investigadores para evitar ser descubiertos y apresados. Son decisiones que los malhechores deben de tomar en cuenta, para poder utilizar ese modus vivendi, para utilizarlo como fuente de “ingresos normales”. El problema se presenta con las estadísticas, todavía no se conoce un caso de un asaltante o varios asaltantes de bancos, que hayan vivido del producto de esa actividad.

En la mente del dominicano, no aflora el instinto de delinquir, mas aun, cuando se utilizan métodos extremos, como son los asaltos a mano armada, en especial en lugares y locales como una sucursal bancaria que, regularmente, son visitadas por clientes ligados a las actividades de intermediación financiera que ofrecen esas entidades.

Las autoridades policiales y los miembros pertenecientes a organismos investigativos del Estado, deben de analizar los procedimientos utilizados en ambos eventos, debido a que son pocos los dominicanos, común y corriente, que saben manejar armas de fuego, menos aquellas denominadas, “armas largas”. Además, los participantes en esos atracos no mostraron cuidado ante las cámaras, a sabiendas que sus identidades, es posible que, no están en las bases de datos oficiales.

Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense

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