SANTO DOMINGO ESTE, DN.- La República Dominicana a lo largo del tiempo ha celebrado sus fiestas en determinadas fechas y lugares. Resulta temerario que, al parecer, hoy día no importa el protocolo ni la relevancia de las tradiciones, cuando los que tenemos disciplina sabemos que nunca se deben pasar por alto.
El 16 de agosto no solo se realiza un acto común de entrega de un pergamino o banda, es una fecha patria donde la República logra nuevamente su soberanía. Es importante tener extremo cuidado. Este tipo de «desliz» puede adquirir mayor relevancia que el acto mismo:
- ¿Dónde serán los próximos actos, en Puerto Príncipe?;
- ¿Irán en bermudas y chancletas?;
- ¿Es el fin del Estado dominicano?
Al parecer no encuentran nada que hacer; no encuentran que inventar y existiendo tantas cosas negativas que cambiar. Los «ultraliberales» no nacionalistas quieren dejar una marca en la historia. Lo antinacional no es historia nacional, es otro tipo de historia.
Los mandatarios más revolucionarios como Javier Milei en Argentina y Nayib Bukele en El Salvador respetaron los protocolos con ligeras modificaciones. En nuestro caso, un inusual protagonismo rompen con la tradición nacional. El Congreso es la representación del pueblo. Todos los países de Latinoamérica establecen el Congreso como sede de la toma de posesión.
En nuestro país los antiguos artículos 54 y 57 de nuestra Constitución establecían que el presidente y el vicepresidente de la República, antes de entrar en funciones, debían tomar posesión ante la Asamblea Nacional. Así como el actual artículo 127 de la Constitución del 2010, que «antes de entrar en funciones, prestarán ante la Asamblea Nacional».
La Ley 20-23, en su artículo 302 sobre la «Proclama», dice que deberá hacerse en la Asamblea Nacional. El artículo 4 del Reglamento para la Regularización de la Asamblea Nacional establece que la sede será el salón de la Asamblea Nacional ubicado en el Palacio del Congreso Nacional, sito en el Centro de los Héroes de Constanza, Maimón y Estero Hondo, en Santo Domingo de Guzmán, capital de la República Dominicana. También el Reglamento del Senado establece muy bien su ubicación en su artículo 5 sobre «Sede» haciendo referencia al lugar.
El artículo 120 de nuestra Constitución sobre las atribuciones de la Asamblea Nacional y corresponde «Proclamar a la o al Presidente y Vicepresidente de la República, recibirles su juramento…». Nos llama la atención que entonces para la modificación debió emplearse un decreto y justificación válida.
Hay una voluntad de cambio reinado por la miseria moral y de la desfachatez cultural. El día de Duarte se celebró el día del Licey. El día de la Independencia se quiso hacer desde un remoto pueblo próximo a Haití. Creemos sin temor a equivocarnos que Cesar Mella y otros psiquiatras deberían prestar atención a estos hechos contra la sociedad dominicana, tal vez, haya alguna patología o rebeldía contra la patria.
Las personas están regidas por normas y no hay civilización sin jerarquías, sin ceremonial y sin orden. Ni siquiera el generalísimo Rafael L. Trujillo tuvo la osadía de modificar los protocolos. La toma de posesión de todos los mandatarios oficiales se habían celebrado en el Congreso Nacional, donde se logra la democratización del acto.
Por Dayvi López Vargas



