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La clave del éxito y la felicidad

ORLANDO, FLORIDA.- Muchísimos son los manuales, tratados y libros escritos con la finalidad de dar a conocer las claves para el éxito en la vida. Muchos de estos textos se especializan en cómo alcanzar el éxito en ciertas áreas específicas de la vida del ser humano. Tratan de explicar los pasos para el éxito financiero, para prosperar el amor, en las relaciones humanas, en la vida espiritual, y así por el estilo. Algunos de estos escritos han alcanzado el nivel de “Best Sellers “por numerosas décadas, como es el caso del libro “Como ganar Amigos”, escrito por el estadounidense Dale Carnegie.

La verdad del caso es que, si seguimos todos los consejos de estos autores, además de los que nos llegan a través de amigos, familiares y relacionados, nos faltarían años de vida para aplicarlos y alcanzar el tan anhelado éxito. No digo que esos consejos no sean válidos, muchos los son, pero la vida se nos torna tan ocupada y compleja que ya no nos queda tiempo para leer y acumular estas sabias lecciones dadas por los pensadores. Creo personalmente que la clave para tener éxito en la vida debiera ser más simple y fácil de aplicar. En definitiva, todos tenemos derecho a alcanzar niveles apetecibles en la única vida que tenemos para vivir.

También pienso que debieran existir principios universales que cada persona sin excepción pueda aplicar para ser exitoso en cualquier área de la vida. Estos principios generales le dejarían a cada individuo la tarea de adaptarlos y aplicarlos a su contexto particular y al área en que aspira a ser exitoso. Así la cuestión se haría mucho más simple, práctica y no exigiría esfuerzos titánicos para llevarlos a cabo. Las personas no nacemos con las mismas condiciones, por tanto, es un poco difícil tratar de aplicar un mismo método o clave de éxito a diversas personas en diferentes circunstancias.

La primera tarea que debe realizar toda persona que procura alcanzar el éxito es tener un claro concepto acerca del mismo. Es decir, para tratar de lograr éxito, debemos definir claramente en qué consiste el éxito. Extrañamente no todos estamos de acuerdo en qué se considera una persona exitosa. Para una gran mayoría el éxito consiste en alcanzar una posición económica notable que los ubique por encima del promedio de las personas. En ese orden, mientras más dinero tiene una persona, más exitosa sería y a la inversa: mientras menos dinero se tiene, se consideraría menos exitoso.

Otros consideran exitoso al que alcanza la fama en cualquier área de que se trate y también hay quienes creen que el éxito depende de la paz interior o nivel de satisfacción y estabilidad que el individuo puede alcanzar. Comoquiera que se le mire, si enfocamos el éxito en base a las consideraciones anteriores, tenemos que deducir que la carrera hacia el éxito es por naturaleza injusta, pues no todos nacemos bajo las mismas condiciones y con las mismas posibilidades. Algunos nacen en hogares económicamente privilegiados, otros con un rostro y cuerpo listo para la gran pantalla, muchos con talentos especiales para los deportes y las artes. La mayoría no vinimos a este mundo con esas ventajas.

El éxito y la felicidad deben entonces depender de factores que pongan a todos los individuos en igualdad de condiciones y con semejantes posibilidades de alcanzarlos. Quizás todos podamos estar de acuerdo en considerar una correlación entre éxito y felicidad. Es decir, mientras más exitosa sea una persona, debiera ser más feliz. ¿no es cierto?

Todo esto nos lleva a pensar que el éxito necesariamente conlleva un ingrediente personal. Es decir, en cierta manera el éxito no dependería de lo que la persona recibe al momento de nacer ni de lo que los demás esperan de ella, sino de lo que puede lograr para su propia satisfacción a partir del punto cero, el momento de su nacimiento, de manera semejante a como ocurre en las carreras de campo y pista. Antes de comenzar a correr, a todos los participantes se les ubica en igualdad de condiciones. Al momento de correr tienen que dar lo que tienen dentro de sí; de poco le sirve lo que los demás le pueden contribuir. Por tanto, los demás no pueden establecer los parámetros de éxito, sino lo que el individuo llega a concebir en su interior como el estado ideal, es decir, el estado de su felicidad. Eso es el éxito.

En ese sentido el éxito, por ejemplo, no depende de la cantidad de dinero acumulado. Hago referencia aquí de dos ejemplos, para que nos entendamos mejor: Elon Musk es actualmente la persona más adinerada del planeta; mientras que José (Pepe) Mujica, por el contrario, vive una vida muy simple, rodeado de las cosas en una casa de campo con un Volkswagen muy antiguo y muy poco dinero ahorrado, a pesar de que fue un presidente muy exitoso en su nación, Uruguay.

Es de todos conocido que Musk duerme muy poco. Para lograr dormir unas pocas horas tiene que ser medicado. Esto lo hace ser una persona muy mal humarada y difícil de tratar entre su círculo de más allegados, incluyendo miembros de su familia. Se reporta que es muy áspero y maltrata e insulta a las personas que trabajan para él. Mujica, por el contrario, tiene fama de ser una persona muy llevadera y tratable. Aun a sus 89 años es invitado con frecuencia a dar conferencias en universidades donde los jóvenes estudiantes lo escuchan con gran atención. Basados en estos ejemplos podríamos aventurarnos a concluir que Pepe Mujica es una persona feliz, mientras que Elon Musk vive una vida cargada de problemas que quizás no lo dejen ser la persona feliz que desearía ser.

Volviendo a nuestra cuestión inicial, debemos entonces concluir que el éxito es un concepto integral, es decir, incluye diversas facetas del individuo. Es como un cóctel que incluye numerosos ingredientes: sus pertenencias, emociones, concepto de la vida, salud física y mental, su vida de interacción con los demás, su capacidad intelectual para afrontar con efectividad los desafíos que le presenta la vida, su grado de satisfacción con lo que hace y lo que logra y muchos otros factores.

El día que me gradué de la UCAMAIMA en el 1981, recuerdo como hoy la inmensa sensación de desaliento que sentí cuando el Rector Agripino Núñez Collado entregó en mis manos el papel que simbolizaba el diploma alcanzado. Era como si sintiera que todo mi esfuerzo no había valido la pena. No debí sentirme así, puesto que me había graduado con Magna Cum Laude en la que para ese entonces era la mejor universidad del país. Ese sentimiento era totalmente opuesto a la gran felicidad y satisfacción que experimenté durante todos los años de estudio. Sentí que no había llegado a ninguna parte, sino que simplemente había subido un escalón más de una larga escalera que no tenía final.

Esta experiencia personal me llevó a la conclusión de que la felicidad o el éxito no están en la meta lograda, sino más bien en el camino que se transita para llegar a esa meta. Debemos entender que, como se ha dicho muchas veces, la felicidad y el éxito, los cuales deben ir de la mano, no dependen de llegar a una meta, sino en vivir intensamente de día en día los pasos que damos en dirección de nuestro objetivo.

Disfruta cada minuto de tu diario caminar hacia lo que quieres lograr. En ese camino habrá altas y bajas, pero cada paso será un momento de éxito siempre y cuando sepas valorarlo y disfrutarlo.

Por Hugo R. Gil

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