El gobierno de Estados Unidos decidió eliminar a Cuba de la lista de países que patrocinan el terrorismo, una medida que ha sido objeto de debate y controversia. Esta decisión se produce en el contexto de un intento de mejorar las relaciones diplomáticas entre ambos países, que han estado marcadas por tensiones históricas.
La inclusión de Cuba en esta lista había sido un tema complicado, ya que el gobierno cubano ha sido acusado de apoyar a grupos insurgentes en otros países, aunque muchos argumentan que esta designación era más política que basada en hechos concretos.
La eliminación de Cuba de la lista podría abrir la puerta a un acercamiento más significativo entre Estados Unidos y Cuba, incluyendo potenciales avances en áreas como el comercio, la inversión y el turismo. Sin embargo, las reacciones a esta decisión son mixtas, con algunos celebrando el cambio y otros expresando preocupaciones sobre la situación de los derechos humanos en la isla.
Este movimiento también podría influir en la política interna de Estados Unidos y las relaciones con otros países de la región.



