SANTO DOMINGO, RD.- El día de ayer en una conversación con un amigo, este me recordaba la forma en que mirábamos en los aeropuertos a los viajeros que portaban pasaportes de Colombia, es que para nosotros todos los colombianos eran narcotraficantes en potencia, pues era la imagen que se vendía en las agencias internacionales de noticias.
Corrían las décadas de los 70 y 80 del siglo pasado, dónde reinaban Pablo Escobar con su «plata o plomo», Carlos Lether y su isla llena de coca frente a las costas de la Florida, y en la cocina más grande de cocaína de la historia en las selvas colombiana llamado «Tranquilandia», se fabricaban toneladas de clorhidrato de cocaína para exportación.
También a esa época pertenece el intento de Escobar por participar en la política, llegó al parlamento por el voto popular, y aun cuando no pudieron poner a uno de los suyos en la presidencia, el Cartel de Cali dio financiamiento a Ernesto Samper para llegar a la presidencia, quien se mantiene defendiendo a esos criminales a nivel internacional como su aliado sempiterno.
De esta historia podemos colegir que en la República Dominicana se ha producido el mismo fenómeno, el de Colombia fue una tragedia que costó de vidas, mientras el nuestro, por ahora, ha sido una comedia, pero va camino a una tragedia que nos va a afectar a todos como dominicanos, mientras los políticos se callan la boca cuál si fueran sus cómplices.
Muy pronto seremos discriminados en los aeropuertos al ser identificados como dominicanos, y es que nuestra fama ya se está construyendo, RD es una isla llena de narcotraficantes, el fenómeno de la violencia incontrolada se manifiesta en barrios que ya son tierra de nadie, con el peligro del desarrollo imparable de redes de narcos en nuestras ciudades enfrentadas por territorio, que de a poco de extiende por todo el país.
Aunque queramos callarlo, mirar para otro lado, negarlo con la cabeza y decir no nuestro ser, nos hemos convertido en un país paraíso de la droga y el narcotráfico, por algo la semana pasada el jefe de la DEA en Puerto Rico, Pedro Janer, llamó a la RD como un almacén de drogas para enviarlas a Puerto Rico, eso somos, un gran almacén de drogas narcóticas.
Decimos que no, pero somos una zona franca del lavado de activos, todos lo saben, pero se callan pues los beneficios se reparten especialmente para los más ricos, si no lo creen pregúntense, como nos preguntamos algunos, si aquí existen tantos jugadores para mantener esas miles de bancas de apuestas, la mayoría de ellas sin fiscalización alguna, esa es la vía idónea para lavar dinero sucio.
Recién ahora, y empujados por el gobierno de los EE. UU., comienzan las «autoridades» a cuestionar la gran cantidad de dinero sucio que entra a la banca nacional, es ahora cuando se dan cuenta de que algunos innominados y descamisados, han ingresado cientos miles de dólares sin que nadie les haya preguntado nada.
Vamos a admitirlo, todo esto ha ocurrido con el apoyo de los políticos (no sé de dónde sacan el término «clase política»), cada uno con sus narcos favoritos, y por esto se dedican a hablar de «costo de la vida», «semiconductores» y «volveremos al poder»; antes que fijar posición frente a este cáncer que destruye nuestra sociedad desde dentro.
En este escenario, es casi imposible detener lo que nos viene encima, somos los narcotraficantes más conocidos del Caribe, será mejor ir comprando esas funditas que ocultan los pasaportes cuando viajamos fuera del país, el escudo nos delata y señala como dominicanos y recibiremos el trato que nos merecemos.
Menos mal que ese escudo en su centro dice: «Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» Juan 8:36. Esta verdad es un ejercicio de nuestra libertad.
Por Humberto Salazar
Fuente—> x.com/drhsalazar



