En la República Dominicana asistimos a un fenómeno curioso. La irrupción de autoproclamados «expertos electorales» , cada vez que se aproxima un ciclo comicial.
Realmente se trata de analistas improvisados y supuestos estrategas que nunca han formado parte del «cuarto de guerra» de una campaña electoral.
Estos » expertos» regularmente carecen de formación política, desconocen el ecosistema normativo electoral, no tienen experiencia operativa, ni dominio técnico del proceso.
El sistema electoral dominicano no es simple.; está regido por un conjunto de normas como : la constitución de la república, la ley 20 – 23 del régimen electoral, la ley 33 – 18 de partidos,, movimientos y agrupaciones políticas, los reglamentos y las resoluciones de la Junta Central Electoral y la jurisprudencia del Tribunal Superior Electoral. Comprender su fundamento exige estudio sistemático, no intuición mediática.
Un verdadero conocedor del tema, debe manejar con solvencia, aspecto como: método D’ Hondt en la distribución de escaños, la lógica del método preferencial, ingeniería de las alianzas tácticas y estratégicas, los efectos de la fragmentación partidaria y muchos imponderables más. La matemática electoral no admite improvisación.
Pero la experticia no se limita al plano teórico. También implica una amplia experiencia en las operaciones de campo; como:
1. Relaciones estratégicas con los órganos públicos que se encargan de la organización, supervisión y el montaje de los comicios.
2. Tener conocimiento pleno de la geografía y la cartografía electoral; así como, del funcionamiento de los recintos de votación, colegios electorales, mapas de calor, comportamiento histórico de los electores, defensoría del voto, gestión de conflictos, en fin, manejar todas las variables que permiten comprender la dimensión operativa de unas elecciones democráticas y competitivas.
La democracia necesita de la opinión pública; pero esta debe hacerse con rigor.
La diferencia entre un analista circunstancial y un experto electoral, no está en la visibilidad mediática; sino, en la capacidad demostrable para interpretar la ley, modelar escenarios, diseñar estrategias y ejecutar con precisión y eficacia las mismas.
Ante la complejidad creciente de las campañas electorales, tal vez esté llegando el momento de asumir que la experiencia no se proclama; se acredita.
Que Dios bendiga a la República Dominicana,
Por Freddy Roa



